Recursos minerales: la maldición congoleña (15.02.12)

15 02 2012

Lago Kivu. Fuente: NASA

Es bien conocida la riqueza natural de ciertos Estados africanos, pero no está tan extendida la repercusión que tiene esta riqueza natural sobre los mismos. El presente artículo pretende abordar de forma casi introductoria la problemática que suscitan los recursos minerales en el Congo, país centroafricano con vastas minas de diamantes, coltán, casiterita y wolframita.

Los yacimientos más importantes del Estado centroafricano se sitúan en la zona de Kivu, una región montañosa que rodea el lago con el mismo nombre. Es allí donde se extrae la amplia mayoría de los mencionados materiales. El coltán es esencial para cualquier aparato electrónico, la casiterita es un material que tratándolo aporta propiedades similares al coltán, si bien su precio es notablemente inferior, de ahí su importancia. Finalmente, la wolframita aporta el tungsteno, que supone el material principal para los filamentos de las bombillas. De la utilidad de los diamantes sobran las palabras.

Ahora bien, como puede comprobarse, los materiales mencionados son esenciales para la producción de artículos de uso cotidiano, sobre todo para los países más desarrollados, por lo que a priori podría caerse en la tentación de pensar que traen riqueza al Congo. Lejos de traer riqueza, los minerales han traído su desgracia. Grupos rebeldes de Ruanda, congoleños y ugandeses asolan la zona de Kivu esclavizando a los habitantes para extraer los preciados materiales. El Gobierno (por llamarlo de forma eufemística) congoleño decidió en el 2003, tras la guerra, militarizar la zona. Otro paso nefasto. Los militares[1] que acudieron a las regiones eran corruptos y estaban mal pagados, por lo que cabe entender lo tentador que resulta alargar la mano y coger los diamantes que se albergan en las minas. Por ello, los habitantes sufrieron más esclavitud con la diferencia de que en ese momento ya no trabajaban para un señor de la guerra, sino para una supuesta autoridad legítima, por lo que su escapatoria resulta imposible.

Recientemente, el Gobierno decidió desmilitarizar la región, pues sus militares eran de la misma naturaleza que los señores de la guerra. Evidentemente, los grupos rebeldes volvieron a tomar la zona. Por lo tanto, ¿se trata de un círculo vicioso de esclavitud?

Hay empresas que intentan evitar que estos minerales conflictivos sean utilizados en sus cadenas de producción a través de una coalición internacional, la EICC. Esto lejos de evitar el problema lo único que provoca es que se agudice el ingenio y que estos materiales pasen antes por algún país vecina y posteriormente sean igualmente revendidos. La solución tiene que ser evidentemente de otra índole. Cabe señalar que la ONU tiene como finalidades en su tratado constitutivo la administración de territorios en conflicto. Este tipo de control internacional ha sido utilizado numerosas veces, incluso en el caso del Ruhr[2], que era sin duda una región con una problemática semejante. ¿A qué se espera para actuar?

David Jódar Huesca

Link noticia: http://internacional.elpais.com/internacional/2012/02/14/actualidad/1329224647_395323.html


[1] Muchos de ellos son antiguos combatientes guerrilleros que tras la guerra se incorporaron al ejército congoleño. Multitud de ellos tienen una orden de busca y captura de la Corte Penal Internacional.

[2] En este caso se obligó a la Alemania derrotada a aceptar que el Ruhr pasara a ser controlado por una comisión internacional de los aliados vencedores. Finalmente esta comisión se disolvió al entrar en vigor la Comunidad Europea del Carbón y del Acero (CECA), germen de la Unión Europea.





Diamantes de sangre

30 03 2011

Diamantes. Preciosos. Lujosos. A girl’s best friend. Brillantes y… Sangrientos. Desde los albores de la humanidad han sido símbolo de perfección y belleza, de lujo y opulencia. Sin embargo en muchas ocasiones están manchados y es imposible borrar su impronta. Hablamos de los diamantes conflictivos, los diamantes de sangre.

Según los datos de Río Tinto Group (la empresa minera más grande del mundo) del año pasado se produjeron unos 570 millones de quilates de diamantes. De esa cantidad aproximadamente el 80% (unas 27 toneladas) fue destinado al uso industrial (se trata de el llamado bort, diamantes impuros y normalmente opacos); cuya utilidad está probada y son necesarios para la vida diaria, desde escalpelos médicos a sierras mecánicas, así como elementos de lásers y productos de abrasión, que hacen nuestra vida más fácil. En cuanto al otro 20% de la producción mundial de diamantes, los diamantes preciosos, los más puros y brillantes, son utilizados únicamente por ornato. El negocio de los diamantes preciosos mueve más de 100 billones (americanos) de dólares al año; sí, 100.000 millones españoles. La producción se encuentra en las manos de media docena de compañías (con la preeminencia de la sudafricana DeBeers) que controlan prácticamente todo el proceso, desde su obtención a su posterior venta a minoristas. Puede que estos datos nos hagan pensar que la obtención y venta de diamantes es un negocio rentable (que lo es), y que apenas existe competencia entre las pocas empresas que se reparten el negocio (que también), pero la vida de los diamantes esconden episodios oscuros y terribles, que sólo podemos entrever si entendemos “cómo funciona el negocio”.

En un principio los diamantes son extraídos en minas; normalmente a cielo abierto, siendo extremadamente agresivas con el Medio Ambiente; que se encuentran entre el Sur y Centro de África (las más grandes se encuentran en Botswana, Zimbabwe, la República del Congo. La República Democrática del Congo y Suráfrica), así como en Canadá, Rusia, Brasil y Australia. Tras ser extraídos por empresas afines o colaboradoras de DeBeers y sus asociados, son distribuidos por la DTC (Diamond Trade Company) a empresas asociadas llamadas sightholders que los llevan a sus centros de corte y pulimentado. Este trabajo es extremadamente difícil, y pese a que los centro de corte clásico son Antwerpen, Londres, Nueva York y Tel Aviv, ahora mismo el 92% del corte mundial se da en Surat, India. Tras ser cortados según el uso que se le va a dar (con mucho cuidado, pues la más mínima imperfección puede acabar con el trabajo de semanas, amén del valor de diamante en sí) son llevados a los centros de venta, o Bourses, donde se venden a minoristas. La mayor Bourse del mundo a día de hoy se encuentra en Antwerpen y mueve cerca del 80% de la producción mundial de diamantes cortados.

Bien, sabido esto podemos entrar al tema que nos concierne. Los Diamantes de Sangre.

Según la Resolución 55/56 de la Asamblea General de las Naciones Unidas (UN/RES/55/56 de 29 de enero de 2001) los diamantes conflictivos son “diamantes en bruto que son usados por grupos rebeldes para financiar sus actividades militares, incluyendo sus intentos para debilitar o derrocar gobiernos legítimo”. La ONU en esta ocasión no se mojó demasiado con esta Resolución, intentando únicamente alcanzar consenso respecto a un problema que, hace 10 años, era de terrible actualidad. Pese a ello, esta resolución se limitó a definir y a condenar, no a tomar medidas efectivas para acabar con esa lacra, que en aquel momento nos mostraba la cruenta realidad de las guerras civiles de Sierra Leona y Costa de Marfil.

Los diamantes de sangre son utilizados por los grupos rebeldes y de liberación nacional para financiar sus actividades; son moneda de cambio habitual en una África donde el trueque y las guerras intestinas son el pan (si se puede aplicar esta expresión al continente negro) de cada día. Podría parecer una barbaridad que en África existan tantas guerras civiles y ataques a minorías, así como golpes de Estado e intentos de derrocar gobiernos, pero hay que mirar con objetividad lo que, desde la descolonización europea es la tónica del continente. África es caótica y anárquica, posee una cantidad nada envidiable de recursos naturales sin explotar y el suficiente factor humano para levantarse de la miseria en la que se ve inmersa. Sin embargo los gobiernos africanos son, con contadas excepciones, débiles y extremadamente corruptos, así como poco amigos de los derechos humanos. El continente ha sido objeto continuo de saqueos par parte de los países occidentales (madera, marfil, petróleo, diamantes, el ahora conocido coltán…) sin la justa contraprestación de inversiones en ayuda humanitaria e infraestructuras, por lo que es normal que el pueblo se levante en armas. Junto a este factor reside otro que, pese a ser uno de los argumentos más empleados para explicar la inestabilidad dominante e, en mi opinión no del todo cierto (en su concepción popular): las diferencias étnicas. Si bien es cierto que existen diferencias étnicas notables, el odio al vecino es una creación puramente europea. Las separaciones fronterizas actuales fueron una creación de la descolonización europea, y el fuerte apego a símbolos diferenciadores ha sido impulsado mediante la demagogia barata de sus gobernantes. Detrás de ese odio al vecino no existe más que la lucha por el poder de jefes tribales, que ansían llevarse la porción de tarta que creen merecer. Es por eso que surgen tantísimos grupos revolucionarios en el continente que suelen incluir palabras como “Liberación”, “Libertad”, “Unidad” o “Nacional” en sus insignias y banderas; palabras que, por su uso indebido por estos grupos han perdido completamente su anterior significado.

Según Bruce Bueno de Mesquita (en su libro The Predictioneer’s Game), las posibilidades de una guerra civil en un país africano son de 1/5 cada 7 años. Esto hace que, estadísticamente, todos los países africanos se encuentran en guerra civil cada 35 años por lo menos; conflictos que suelen durar más de 10 años.

Pero, ¿que tiene que ver los diamantes (sangrientos) en todo esto? Bien, es simple. Los grupos rebeldes buscan controlar zonas de sus países que les permitan alcanzar el poder, y uno de los recursos más baratos de obtener y que mayores dividendos les dan son los diamantes. Éstos pueden ser extraídos en las riberas de los ríos que atraviesan las montañas kimberlíticas (volcánicas) y el control de la zona le permite obtener mano de obra barata.

¿Barata? Bueno, no; gratis. Las personas que trabajan en las minas controladas por los movimientos revolucionarios trabajan en un nuevo régimen de exclavitud, donde el hecho de negarse a trabajar puede hacer que acabes mutilado de por vida (como Human Rights Watch ha denunciado en los últimos años, la práctica habitual de estos grupos consiste en cortar las manos y/o las orejas y/o matar a los que se nieguen a trabajar; cuando no matarlos junto con toda su familia). Pero cómo pueden lo diamantes proveer tanto poder económico parece extraño. Nada más lejos de la realidad. África es el destino favorito de los traficantes de armas, que ven en los diamantes (son pequeños, fácilmente ocultables y extremadamente valiosos en todo el mundo) la divisa ideal para sus negocios. Como Yuri Orlov (el personaje de Nicholas Cage en “Lord of War”) “Por un diamante pequeño te ofrezco una caja de 50 AK47’s”. Diamantes, armas, guerra. Aquí es donde estas piedras preciosas se manchan. Junto con el hambre y la pobreza las guerras intestinas son lo único que une África.

El problema de los diamantes de sangre llegó a tal punto hace unos años que se llegó a calcular su inmersión en el mercado legal (es decir, en manos de los sightholders) en torno al 40%, amén de las continuas revueltas y guerras que por la CNN se podían ver. Probablemente el conflicto que mayores consecuencias (más de 500.000 muertes y más de 5 millones de afectados) fue la guerra civil de Angola. Se calcula que aproximadamente 3’78 billones de dólares salieron del país en forma de diamantes conflictivos para financiar los más de 30 grupos revolucionarios que acosaban al gobierno “legítimo” de la antigua colonia portuguesa. Se sabe con certeza que grupos como el PMLA (Popular Movement for the Liberation of Angola) o el UNITA (Uniao Nacional para a Independencia Total de Angola), así como el expresidente liberiano Charles G. Taylor (ahora en trámites de ser juzgado en la Haya por esta razón y su apoyo a los insurgentes de Rwanda) emplearon diamantes para financiar las matanzas que allí se cometieron. Pero hay más ejemplos: La República del Congo, su hermana la República Democrática del mismo río, Zimbabwe, Sierra Leona…(Véanse las resoluciones 1173 y 1176 del Consejo General de la ONU).

Es por esa razón, y por la consternación popular, que en 2003 se reunieron en Kimberley (la primera explotación minera de DeBeers) los países productores así como representantes de la industria y de ONGs para conformar el llamado Kimberley Process (KP).

El KP nació por iniciativa de la ONU (en sus resoluciones 1178, de 1998; como consecuencia de el quebrantamiento de los Acordos de Paz así como del Protocolo de Lusaka por parte de UNITA en Angola. Entre las mismas los países de la ONU se comprometían a “prevenir los contactos oficiales con UNITA en las áreas de Angola no controladas por el Gobierno” (S/RES/1994/1441) y prohibía “toda importación directa o indirecta de diamantes con Angola sin certificado de origen”.

Surge entonces una pregunta, ¿Que certificado? Para eso nació el Kimberley Process en 2003, mediante la Resolución de la ONU A/RES/55/56. En términos generales, el KP consiste en un sistema de mínimos para obligar a sus miembros; 49 miembros representando a 79 países (la UE cuenta como un solo miembro); que se comprometen a cumplir los términos de la certificación de diamantes.

Sin embargo encuentro un par de errores en su concepción. El primero es que, aunque no se diga explícitamente, se refiere únicamente a diamantes considerados “preciosos”, y no a los industriales, que aunque menos visibles, están más presentes en nuestra vida cotidiana. El segundo y, a mi parecer más grave, es que los certificados los emiten los propios miembros; no existe ninguna clase de “policía” que controle directamente las minas, por lo que, lamentando el alto grado de corrupción en los países africanos, es extremadamente fácil “colar” diamantes conflictivos entre los limpios, ¡y con el beneplácito de tu gobierno!

Los datos KP de los últimos años nos dicen que a día de hoy tan solo el 1% de los diamantes en el mercado son conflictivos, sin embargo estos datos son aportados por los propios países exportadores de diamantes, por lo que, para mí, no son demasiado de fiar. Lo ideal sería que se hiciesen dos cosas; la primera sería cambiar urgentemente el hecho de que el control se lleve a cabo por los gobiernos en lugar de por observadores imparciales, además de controlar los diamantes desde su extracción, no desde su importación, que es donde radica el problema de por qué los diamantes de sangre llegan a todo el mundo. Por último, debería procederse a aplicar el KP a absolutamente todos los diamantes (tanto industriales como preciosos).

Pese a los datos tan optimistas proporcionados por KP hay que tener en cuenta que es muy probable que no sean ciertos del todo; así, por ejemplo, frente al 1% de KP acerca de la cantidad global de diamantes de sangre en el mercado, Amnistía Internacional afirma que la cantidad real es, cuanto menos, superior al 7%, y Human Rights Watch dice que es imposible ni tan siquiera calcularlo. Ha habido ciertas mejoras, pero aún queda mucho trabajo, muchos diamantes y muchos conflictos. En África es muy común la expresión Posso posso (que viene a significar piano piano), se debería abandonar esta filosofía en aras del cambio, pero África seguirá siendo conflictiva, los diamantes caros, los gobiernos corruptos, y la legalidad de los diamantes siempre estará en entredicho.

José Enrique Conde








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