Los Balcanes, trayectoria de la ilegalidad internacional

2 09 2014

Fuente: AFP

La cuna de la nación serbia está en Kosovo, todavía quedan muchos monasterios de la iglesia ortodoxa serbia de la época, y con “todavía” me refiero a que aun siendo patrimonio de la humanidad, han sido y siguen siendo saqueados por los albaneses sin que las tropas internacionales respondan, máxime cuando la resolución 1244 del Consejo de Seguridad de la ONU prevé la protección de la minoría serbia. De esta manera se constata que no existe auténtica paz en este “país”, y para comprender el origen de la deriva nacionalista en los Balcanes, aclaremos el concepto de nacionalidad, que sigue existiendo en los Estados procedentes de la antigua Yugoslavia. Este concepto difiere en mucho de lo que en occidente se entiende por tal, basado en el nacimiento. Por ejemplo, uno es francés si nace en Francia o si permanece un nº de años en el país con las condiciones establecidas, sin embargo, para Yugoslavia uno es considerado croata si es hijo de croatas, y lo mismo para las otras nacionalidades. También una persona puede llamarse serbia si sus costumbres lo son, da igual que viva en Serbia o Croacia. Para un europeo puede parecer un sinsentido, pero en los Balcanes, uno es lo que es en función de sus rasgos socioculturales.

Tras la 2ª guerra mundial, el general Tito supo aprovechar bien el ímpetu patriótico de los pueblos de Yugoslavia, hartos de la dominación extranjera. A los comunistas se le unieron muchas personas deseosas de tener un país libre y respetado. Al finalizar la guerra, Tito no tuvo gran oposición para hacerse con el poder. Este personaje se caracterizó entre otras cosas por no doblegarse ante Stalin en sus exigencias de seguir el comunismo soviético. Stalin no toleraba insumisión alguna, por lo que ordenó la eliminación de Tito, así pues es famosa la carta que Tito envía a Stalin en la cual dice así: “Camarada Stalin, has mandado siete hombres para liquidarme. Si yo mando a uno, no tendré que mandar al segundo”. Otra de las razones de la popularidad de Tito fue la reforma agraria, confirmó la propiedad privada de las tierras hasta un máximo de 10 hectáreas por familia, deshaciendo los latifundios, de forma y manera que desde el inicio prácticamente, Yugoslavia funcionó con un modelo económico bipolar.

Respecto a la cuestión militar, más del 70% de los oficiales del ejército yugoslavo era de nacionalidad serbia, hecho que producirá el alineamiento del ejército federal yugoslavo con las posturas y aspiraciones en las guerras de la década de los 90. El hecho de que Yugoslavia estuviese compuesta de distintas nacionalidades, hizo revivir los fantasmas del pasado cuando la bonanza económica tocó a su fin, y esto es algo que suele ocurrir cuando la crisis amenaza con llegar a un país, es decir, que los nacionalistas comienzan a reivindicar sus posturas ante el fracaso del Estado en su conjunto. Muchos dirigentes comunistas entonces se dedicaron a desviar a sus fondos privados el dinero que había obtenido el país a través de diversos créditos, con lo cual cuando fue momento de la devolución, devino el colapso al no poder hacer frente a los pagos, lo que conllevó a que cada pueblo acusase al contrario de los errores cometidos.

Sin embargo, no solo hemos de circunscribir el desencadenamiento del conflicto a causas meramente económicas, porque también se produjeron actos de desobediencia civil, y es bien conocido lo que el musulmán Alija Izetbegovic, futuro presidente de Bosnia Herzegovina, autor de la “Declaración Islámica” de 1970 que le costó 5 años de prisión, en ella escribió entre otras cosas: “… la creación de una comunidad islámica única, desde Marruecos hasta Indonesia”. Antes de la guerra existía un pacto de no formación de partidos nacionalistas precisamente por lo que pudiera pasar, y el primero en saltarse la norma y formar el partido musulmán, fue Izetbegovic.

La cuestión de los asesinatos masivos es fundamental para entender la intervención en Kosovo, los serbios eran culpables de asesinar civiles inocentes, como también lo eran los croatas, los bosnios, los macedonios y el Ejército de Liberación de Kosovo (ELK). Pero la cuestión a tratar desde el punto de vista geopolítico, es si la intervención extranjera ha resultado más beneficiosa o no, y es que finalmente puede corroborarse que ha sido peor el remedio que la enfermedad, y en apoyo de esta postura hemos de tener en cuenta lo que dice el informe de Inteligencia del Ministerio de Asuntos Exteriores de Alemania el 12 de enero de 1999, al Tribunal Administrativo de Trier (Referencia Az: 514-516. 80/32 426): “Incluso en Kosovo no es verificable una explícita persecución política unida a la identidad étnica albanesa. El este de Kosovo todavía no está implicado en un conflicto armado. La vida pública en ciudades como Pristina, Urosevac, Gnjilan, etc., durante todo el período del conflicto, ha proseguido de manera relativamente normal […]. Las acciones de las Fuerzas de Seguridad no fueron dirigidas contra los albano-kosovares como grupo étnicamente definido, sino contra el opositor militar y sus partidarios reales o presuntos”.

Esto hace plantearse que la celeridad en la injerencia extranjera a Yugoslavia no hizo sino empeorar una situación que ya de por sí era bélica, pues añadir gasolina al fuego no puede tener resultados positivos. La diferente óptica expuesta aquí por Alemania deja entrever como mínimo, que las matanzas  en dicha región no eran tales como se presentaban en otros medios, y por ello la falta de unanimidad de opiniones en este conflicto requiere cuanto menos una mayor prudencia en cuanto a la actuación, máxime si recordamos que el Derecho Internacional recoge entre sus principios el de no injerencia y respeto a la soberanía de un Estado.

Si ya desde el punto de vista geopolítico, deja mucho que desear la actuación internacional en la región de los Balcanes; si nos fijamos ahora en el proceso jurídico de la desmembración de Kosovo, es patente la irregularidad en el procedimiento, no sólo de parte de la comunidad internacional, porque cataloga a Kosovo de “excepción”, sino también desde un punto de vista interno, porque quienes asumieron el control del país estuvieron condenados por la autoridad competente serbia antes de la desmembración, y en no pocas veces se les acusó de pertenencia al antiguo ELK.

La cuestión que levanta ampollas es la interpretación que algunos han hecho en su propio beneficio del principio de autodeterminación de los pueblos que la Carta de NU recoge, y la verdad es que Kosovo no ha sido un pueblo colonial de Serbia, sino parte integrante de la misma, por ello el principio de autodeterminación externa no puede aplicarse al mismo, sino en todo caso la llamada autodeterminación interna, dirigida a que la población no se vea discriminada por su raza, credo o color, pero esto es algo muy distinto al hecho de pretender constituir un Estado ad hoc o mejor dicho, un Estado fallido.

Naciones Unidas designó a Martti Ahtisaari, antiguo Presidente finlandés, como enviado especial para Kosovo, y tras 14 meses de negociaciones remitió un informe en el que recomendaba una independencia para Kosovo, supervisada por la comunidad internacional, pero justificaba su posición en argumentos más políticos que jurídicos, pues afirmaba que la independencia era el único camino viable pero a su vez (y esto es lo que no se comprende), señalaba: “Kosovo es un caso especial que requiere una solución especial y que no crea precedente para otros conflictos sin resolver” [Consejo de Seguridad: S/2007/168, 26 marzo 2007].

El problema es que para llegar a esa independencia, la única manera es la declaración unilateral, extremo que contradice la resolución 1244 del Consejo de Seguridad, de manera que somos testigos de la antítesis entre política y derecho. Esta declaración unilateral fue ratificada en 2010 por la Asamblea General de NU, lo que constituye un precedente muy peligroso para otras regiones del entorno, pues según esta institución, dicha declaración no contradice la legalidad internacional, aunque ésa postura puede entenderse visto el avanzado estado de separación entre Kosovo y Serbia, pues sentenciar en sentido contrario habría supuesto reconocer el error cometido de permitir la declaración unilateral, y volver atrás resultaba impensable.

La máxima responsable del Instituto Estatal de Relaciones Internacionales de Rusia, experta en el asunto de Kosovo, Yelena Ponomariova, relata sobre las causas de la desmembración de la Yugoslavia socialista y posteriores encarnaciones que no solo estamos ante motivos históricos, sino también geopolíticos, pues se quería romper la unidad de los países euroasiáticos para cercar a Rusia. Por otro lado, lo que posteriormente fue el ejército de liberación de Kosovo (ELK), se formó de antiguos albano-kosovares que ya desde la década de los 70 eran quienes más animadversión manifestaban contra el General Tito, sentimiento que se fue fraguando hasta encontrar su momento oportuno en la década de los 90 para reivindicar su propio Estado, además estos integrantes del ELK, durante el gobierno de Tito se vieron obligados a situarse en otros países del entorno yugoslavo, volviendo de nuevo a los Balcanes a la muerte de éste. Decir también que el actual Estado kosovar, ha resultado ser un Estado fallido donde el 75% de la población joven está en paro, lo cual manifiesta que indudablemente los movimientos nacionalistas que pretenden encaminarse a formar un país propio, acaban en quiebra e incapaces de seguir adelante por sus propios medios.

Es más, la resolución del Consejo de Seguridad 1244 sobre Kosovo, prohibía que este Estado formase un ejército propio, algo que este país desobedeció recientemente al constituir un cuerpo de fuerzas armadas de 5.000 efectivos, con 3.000 reservistas. Esto demuestra que los compromisos tomados por Kosovo inicialmente solo fueron parte de una estrategia de gestación de un Estado para defender sus propios intereses de forma ilícita, sin que por el momento hayan ejecutado sanción alguna la comunidad internacional. Este desenlace deja a la luz la mala gestión internacional sobre esta región por parte de la ONU, que ejerció la administración del territorio de Kosovo hasta la proclamación unilateral de su independencia.

Jesús Daniel Bernadic Sánchez

 

Bibliografía

Breve historia de Yugoslavia. H.C. Darby; R.W. Seton-Watson; P. Auty; R.G.D. Laffan y S. Clissold. Colección Austral.

El Derecho Internacional en la encrucijada. Gutiérrez Espada, Cesáreo y Cervell Hortal, Mª José. Editorial Trotta. 2008.

Miradas sobre Europa. Milenko Bernadic. Ensayo.

Los secretos del Club Bilderberg. Estulin, Daniel. Editorial Planeta.

http://actualidad.rt.com/ultima_hora/view/121739-kosovo-crea-ejercito-pese-resolucion-onu

http://sp.ria.ru/international/20140305/159456014.html

http://www.lavanguardia.com/20140305/54402800006/kosovo-crea-su-ejercito-propio-con-5-000-hombres-y-estrena-seleccion-de-futbol.html





Londres, o la razón de la sinrazón (25.5.13)

25 05 2013

Fuente: noticias.terra.com.mx

Entre el ataque sufrido por un militar el pasado miércoles en Londres, perpetrado por nigerianos islamistas, y los cometidos por Mohamed Merah en Francia hace un año, existen bastantes similitudes, hasta el punto de poder reconocer en ambos el mismo patrón de comportamiento. Aunque el atentado de Londres fuera bastante más básico, en cierto modo ha conseguido mejor su objetivo. La comparativa entre los dos nos permitirá comprender qué perseguían estos asesinos, aparentemente simples dementes, y cuáles pueden ser sus consecuencias.

Hay que tener en cuenta que el terrorismo islámico suní no es un movimiento homogéneo o uniforme, excepto en el aspecto “doctrinal”. El nombre “Al Qaeda” (القعيدة), que significa literalmente “la base”, es tremendamente elocuente: más que una organización operativa y ejecutiva (aunque también cumple esa función), es una base ideológica y en cierto grado financiera y formativa de la que se nutren los diversos grupos terroristas que defienden la ideología suní[1], desde los poderosos Al-Shabaab o Boko Haram hasta las pequeñas células de Filipinas o Indonesia. También captan a individuos aislados que, sin unirse a ningún grupo, se radicalizan y se preparan para llevar a cabo ataques pequeños pero llenos de significado.

Esta operativa de lobos solitarios es especialmente útil en Europa, donde la actividad de células enteras difícilmente pasa inadvertida. Estos individuos no tienen por qué tener contacto con Al Qaida o sus misioneros o afiliados. De hecho, es raro que algún miembro de Al Qaida contacte directamente con estos individuos en proceso de radicalización. El adoctrinamiento Se hace en mezquitas, madrasas y, especialmente, a través de internet. A partir de ahí, la mayoría de los radicalizados no harán más que dejarse barba y no volver a beber alcohol, pero unos pocos deciden dar el paso y se convierten en terroristas.

No es necesario que los radicalizados se entrenen en campos de Al Qaeda. Merah lo hizo en Afganistán (y ya había recibido formación militar en el ejército francés), pero para atacar a sus objetivos no es imprescindible. Estos objetivos son aislados y desprotegidos, pero altamente simbólicos. Así como Merah mató a judíos y miembros del Ejército francés en situaciones imprevistas, en las cuales no podían defenderse, los terroristas de Londres han matado a un militar. Su ataque, mucho menos profesional que los de Merah, puede parecer y probablemente sea espontáneo, pero en modo alguno ha sido improvisado. Su mensaje, tanto el hecho en sí como la posterior “rueda de prensa” ante las cámaras de los transeúntes, era parte de un plan muy meditado.

Los asesinos de Londres han triunfado en aquello en que Merah fracasó. Estos ataques solitarios tienen una doble finalidad: fomentar la yihad ofreciendo un modelo a los radicales no activos, y transmitir un mensaje a Occidente. Los ataques de Merah podían ser inspiradores, pero eran demasiado profesionales y requerían un equipamiento en armas y defensas personales al que pocos pueden aspirar, siendo por tanto más difíciles de emular. Por el contrario, atropellar y degollar a un militar es algo que cualquier persona que haya alcanzado cierto grado de salvajismo puede hacer. La segunda parte, con todo, es mucho más importante: los terroristas no huyeron como Merah, sino que se quedaron en el lugar de los hechos, no atacaron a los transeúntes y hasta pidieron perdón a las mujeres por lo que habían visto. Al no atacar a los civiles tiñeron su atrocidad de resistencia política legítima dirigida únicamente contra una “casta” y no contra el pueblo en general, y adoptaron una retórica justificativa y victimista que algunos ciudadanos occidentales pueden hasta aceptar, haciendo ver que los culpables son el Ejército y el Gobierno británico por “oprimir” a los musulmanes, y no los locos que casi decapitan a un hombre en plena calle.

Hechos como éste demuestran que el terrorismo islámico no plantea batalla a Occidente en el terreno social o militar, sino en el campo ideológico, donde sabe que será más fuerte cuanto más débiles o acomplejados sean los valores occidentales. La clave de la política antiterrorista no es por tanto la prevención en el plano de la mera ejecución de los atentados, porque es imposible (nadie puede evitar que un demente asalte en un momento imprevisible a un militar y lo degüelle) y porque no resuelve el problema. Sólo un contra-mensaje que refuerce la identidad y valores occidentales, sin complejos y sin apriorismos ideológicos, puede ser eficaz para imposibilitar estas actuaciones, al negarles un campo sobre el que cultivar la sangre de los inocentes.

Francisco Rivas


[1] Los islamistas chiíes suelen ser más homogéneos y centralizados, en parte porque su propia fe, con la doctrina de la emulación como base central, lo favorece, y en parte porque en general dependen mucho más del patrocinio de Irán.





« Monsieur l’Euro, tirez le premier »

21 02 2013

Currency war 2

Similar to what a French officer told his English counterpart at the battle of Fontenoy in 1745, the Eurozone is being engaged in a similar discourse in a very heated and ever-increasing protectionist global trend by other nations, involving consideration of new possible restrictive commercial mesures (despite WTO regulations) and also including what concerns this article, “currency wars” (also called competitive devaluation).

Among the many possible economic policies that a country may apply in its national interest, we find a well adapted and suitable currency exchange policy necessary. One of the main variables to consider is the intensity of commercial transactions with other countries, for example. It is purely a monetary policy instrument. During a recession, the central bank has the power of devaluating the country’s currency in favour of raising exports. This is done by increasing monetary supply in the system, which is strictly controlled by the central bank. As logical as this might sound, reality can be a harsh mistress and therefore it is more complicated than that. At the same time, both classical and Keynesian economic theoretical frameworks are way too restrictive to be applied urbi et orbi, so to speak. This means that these economic theories are mostly applied in a caeteris paribus environment and reality is seldom (if ever) so.

At our day and age, we find ourselves in a situation where it seems very tempting to play with currencies in favour of a country’s export industry. But be warned. During the last hundred years, there have been many episodes which should refrain from fulfilling Aristotle’s cyclical history theory, that is, to not repeat other protectionist or aggressive competitive currency devaluation. Basically, this distorts the stability of the market. One of the main goals of the International Monetary Fund is to guarantee the security of financial transactions around the world. Mademoiselle Christine Lagarde, IMF Managing Director, stated in the latest G20 summit in Moscow (according to the IMF press release) to refrain from these dangerous and unilateral decisions that can lead to “global imbalances” and that have an immediate effect on the overall negative impact of the already fragile and fractured world economy. It is important to emphasize here the term unilateral since international cooperation is right now an essential tool in order to reach global stability, in terms of commerce and financial transactions.

Nobody wants to repeat the traumatic post-WWI European experience again, which led to a vicious circle of economic depression due to major nationalist pressures to implement protectionist economic policies and which affected major powers all over the world (despite the relatively low level of global transactions compared to nowadays). Instability creates risky environments, which hinder investment and affect transaction of goods and services. All of this ultimately provokes a nasty impact on all major economic variables such as production, labour supply, salary,… In fine, economic development suffers. Due to the present worldwide economic crisis, fear can make countries take drastic and desperate measures, such as the ones mentioned before.

Jean-Marie Colombani expressed his concern in the Spanish newspaper El País by mentioning that even Monsieur François Hollande, President of the French Republic, advised the European Central Bank (ECB) to use its exchange rate currency. Reuters reports that Mario Draghi, President of the ECB, reminded that the institution’s major priority lays in price stability, but also stated the importance that exchange rates have over the latter (inflation). This comes at a time where the Euro has experienced a “15-month high against the dollar”, which may suggest considerate increase in confidence in the Euro. All-in-all, he dismissed the phenomenon of currency wars but nonetheless he made it clear that surveillance over Euro exchange rates with other currencies was necessary in order to not undermine the much-needed internal growth inside the Eurozone.

Cecilio Oviedo





Italy at vote: who will lead the “Bel Paese” out of the Crisis? (30.1.13)

30 01 2013

Fuente: noticierostelevisa.esmas.com

Just over a month and all entitled Italians in the World will have the right to vote for their Prime Minister and future leader. I say ‘will have the right to’ because absenteeism is a big issue, especially amongst the youth, after the ruins of the Berlusconi government. The lack of trust in the political institution is at its peak, and already having an acceptable amount of people voting-regardless of the result, if this can even be said-  will be an achievement. Clearly, though, who will be elected is more important than who votes. The people run the state. Yes, of course. Hardly in any democracy, surely not in Italy. So who will be the one? If the last victories of the BungaBunga man were not in doubt, today it is virtually impossible to identify a favourite in the fight to the top.

Left, Centre, Right are the three divisions, but the divisions within these three groups are infinite. The Left, under the wing of the ‘Partito Democratico’, lead by Pier Luigi Bersani, aims to finally win elections and then establish a solid government. Yes, because when Romano Prodi brought the Left to power in 2006 he lasted one year before surrendering, once again, to the Sex parties of Silvio. The ‘PD’ has just had its first round of elections, that saw Bersani confirm his leading role at the expense of the rising new name in Italian politics: Matteo Renzi, already Mayor of Florence. Even though Renzi represents a change in an apparently unchangeable political hierarchy, being only 35 years old and not a traditional Left-wing thinker, Bersani’s victory was clear, demonstrating once more how it is hard to reform Italian politics, with always the same faces around. Nonetheless, Bersani seems a valid candidate, leading a party that is beginning to find some sort of internal stability. Renzi, having lost, is still firmly supporting Bersani as candidate for Prime Minister, having rejected the tempting offers from the omnipresent Berlusconi and the idea of running on his own. Facing a Left that seems capable of winning is a confused Centre and an unpredictable Right.

Mario Monti is still the Prime Minister, leading the technical government established a year ago to sort out Silvio’s mess. Most Italians admit his cultural and technical knowledge, but the tax raising he claims necessary to save the country is becoming unbearable for an increasing amount of families. It is understandably not his fault, but Monti has become the emblem of the harsh taxes in Italy, and seems the one that will pay for it. Nonetheless, the country is showing a timid sign of economic recovering and this might favour an election of Monti as true Prime Minister. Officially he runs independently as I write, but it is out of doubt an alliance with the Centre party, ‘Unione di Centro’- the new version of the ‘Democrazia Cristiana’, that ruled Italy from the 1950s to the arrival of Berlusconi- lead by Pier Ferdinando Casini, another everlasting presence in Italian politics. This will define more clearly where Monti stands, probably guaranteeing him a precious amount of votes, but possibly also the loss of some favour from others. It seems to me that despite his intellectual level and undoubted capacities, the tax raising will weigh more on people’s minds, putting Monti in a secondary position in the elections.

Elections that, despite everything, see Silvio Berlusconi back on the scene. It does sound incredible, but the old man is still here, despite trials, parties and critics of all sorts. It was clear that his ‘Popolo delle Libertà’ had no chance of winning without its leader back in his place. And, incredibly enough, Berlusconi decided to fulfil his destiny once again. It’s impossible not to notice he’s back. In Television every day at every hour, friends with everyone again after a year of conflicts, Silvio is allied with the extremist ‘Lega Nord’ once again to try and win elections. And, surprisingly or not, he might manage. A nation that voted Berlusconi as Prime Minister for three times in a row is capable of anything. Yes, even electing him again. Hopefully for Italy, Europe, the World and the sake Mankind’s Rationality, this will be his ‘Waterloo’. Having failed and exiled himself out of the political scene for more than a year, he returns, hopefully and probably to lose once and for all. However, his popularity is high no matter what he does and his powers amongst the media remain enormous, making Silvio always a potential victor.

The situation of the country is harsh, with people on their knees, and these elections will make a difference for the future of Italy. Will it be BungaBunga for another mandate? Or will the Left finally stand up and take over? Or will Monti’s intellectual superiority convince people taxes are necessary? The hope is that whoever wins- leaving out Berlusconi- will be able to finally mark the history of modern Italy and resurrect the economy of a slowly dying nation. That has, nonetheless, unlimited potential for a luminous future.

Vieri Capretta





Towards a EUropean co-operation

27 01 2013

Source: EC/ECHO/SIMON HORNER

Source: EC/ECHO/SIMON HORNER

A European co-operation policy, more a need than a wish

 

Today we are in a challenging world. Traditional concepts such as politics, international relations, law and co-operation are not valid anymore. Our circumstances make us think globally as the threats are globally as well. The main objective of this paper is to show the reader how co-operation is treated in a European framework and to analyse the  real chances of a common European action.

Traditionally, development is usually seen as an instrument of economic growth (which is a key component of development but not development itself). Today has to be treated as a different matter. In the international arena development, safety and growth are interrelated and they have to be treated globally and together. In fact, the document Solana [1]”European security strategy” states that security is a precondition for development, but it is equally true that no development is impossible without safety. Thus, development and safety are equally important and indispensable to each other.

As we have seen, to talk about development we usually understand it primarily in economic terms but we need to consider other components like the political one. Therefore, although we tend to develop economically, we must also consider political development, rights, food, etc. For example, the case of China is very significant to appreciate this double character because, despite being a state that grows extremely in the economic field, its politic development seems to be paralised for decades.

To understand the EU position towards development[2] the Solana paper is a fundamental source. It explores the possibility of becoming a major player in international society without the need to be a military giant. It was approved on December 12, 2003, in Brussels, also receiving the designation of European Security Strategy (ESS) with the subtitle “A secure Europe in a better world.” The paper tries to analyse how Europe sees itself, how it perceives the world from the European Union, what will be the threats and risks to which it will be necessary to address and how to address them. Analysing the title we see:

“A Secure Europe …”  responds to the idea that this is an actor who will try to defend their own interests, both inside and outside the Union; “…In a better world” to allow a secure Europe there must be a better world and, therefore, the Union will try to help make this world possible not so much as an exercise in altruism or international solidarity but insofar as understands that security and development of the other becomes the very security-because it stop threats and risks.

The Solana document is to be understood as a reference document as there has been no other subsequent document. The text begins by recognising the reality that no country alone is capable of dealing with the threats that plague the world, which means a call to the international cooperation that is not nothing but the very essence of the Union – that considered in the document as a “global player”-. Moreover, it strikes repeatedly in the document on the idea that security is a precondition for development, although this claim could well formulated in reverse for the reasons repeatedly exposed. It is therefore difficult to understand why the emphasis is only on one side of the same coin, in safety.

Towards a European co-operation policy?

After the release of the Solana document begun an increasing discrepancy between legal definition in the treaties, political rhetoric[3] and reality. Nonetheless, it is important to underline some progress that determine the basis after the Lisbon Treaty, as it will commented afterwards, and the near future. First, the ability to negotiate has been proven by enlarging the EU to the western former communist countries and improving cooperation with southern countries[4]. Furthermore, southerns countries see the EU as an important ally in all senses. This may be obvious, but in terms of strategical position of the EU is a key point: to be seen as a unique actor more than a group of countries. This situation puts the EU in good position in order to be an efficient player towards developing countries. After saying this, the reality shows that the political intentions and even the mentioned advantages are restricted by a legal frameworks which make a coordinated action truly difficult.

The Lisbon Treaty tries to eliminate legal obstacles clarifying decission-making procedures. In this sense the title III, chapter I of the Treaty on the Functioning of the European Union (TFEU) ennounces the priority of the developing policies for the EU. Nonetheless, some dispositions remember the lacking of a real common policy. For exemple in article 209.2 TFEU, after considering the cooperation policy as an area subject to the ordinary legislative procedure[5], the unilateral role of the member states is remembered, when negotiating and celebrating international pacts. Therefore we can argue that the EU developing policy will remain as an important aspect of the EU’s external relations, but member states have a decisive role.

However, the Lisbon Treaty is not only a declaration of intentions. As a result, several efforts have been done remarkably the creation of the Development and Cooperation-Europe Aid Directorate-General (DG)[6]. This office is not only positive because of its purpose but specially because this way cohesion between member states has been improved. The DG is responsible for designing EU development policies and delivering aid through programmes and projects across the world[7]. The idea of having a “one stop shop” is not only important, but decisive to elaborate a common development co-operation policy. This enables intra and extra-comunitarian actors to have a single organism to deal with.

Beginning with the intra communitarian actors, the EU-Aid DG offers the possibility of having a single contact point towards other institutions and offices. This is specially relevant regarding the Commission, as promoter and coordinator of EU policies, and the European External Action Service (EEAS). The creation of the DG is also very important to approve the policies: as a part of the EU Commission this DG is responsible of putting a proposal of act or policy on the Council’s table.

These changes are welcome and their results are beginning. Since the first progress report on Policy Coherence for Development[8] (PCD) the Commission has focused its efforts on five crucial points of the millenium objectives: trade and finance, climate change, food security, migration and security. The actual Policy Coherence for Development Work Programme  was created in 2010 and the last report of the Commission date year 2011[9]. Every two years the Commission reports on the policies held by EU-organisms and by member states entities if enabled by national law.

How does all these mechanisms affect Member States and their national development policy? The Spanish case is very ilustrative. The national government has included in actual master plan of development policies some mechanisms promoted by Lisbon and seen as a good practise by the Commission[10]. The master plan includes the integration of the EU-Aid DG analysis and respect the priority areas defined by this organism. It also asures the monitoring of the DG in the activities of the national organism and the inclusion of the transversal principles described in the last Development Work Programme (2010).

Conclusions: “Traveller there is no path, the path is made by walking[11]

The development must be understood beyond the economic sphere, as a fundamental way to achieve sustainable growth globally. This means that EU depends on their environment, their neighbourhood to achieve growth. However, we are currently in a framework in which all previous models are not meaningful because we no longer speak of poor and rich states but whole regions affected by poverty and other threats like pandemics; development needs are no longer easily identifiable with a territory or population. Such an internationalisation of threats requires a supranational approach and the EU is aware of that as shown in Document Solana or the improvements of the Lisbon Treaty. The tendency is without any doubt positive, each year national competences in development policies are being transferred to the EU, which is the most indicate to make efficient and effective interventions.

This evolution has illuminated co-operation policies, having today priority.  This evolution is extremely important because it avoids an instrumentalization of the co-operation policy in relation to the CFSP. Slowly, the decission-makers are realising that development is a essential condition for pace and stability[12]. The path is hard but, is there any other possibility in our times?

 David Jódar Huesca

Bibliography:

 

  • Mold, Andrew. EU Development Policy in a Changing World. 1st ed. Amsterdam: Amsterdam University Press, 2007. 29-66. Print.


[1] (2003, December). A secure Europe in a better wold – European security strategy. Retrieved November 6, 2012, from http://consilium.europa.eu Web site: http://www.consilium.europa.eu/uedocs/cmsUpload/78367.pdf

[2] And as a result towards security.

[3] As shown before in the explanation of the Solana document.

[4] Nonetheless, it may be considered that the interest in southern countries is due to the necessity of energy, raw materials, primary materials, minerals, etc. In other words: the EU needs the South in order to become a global power.

[5] This disposition without the following clause could have been a very positive aspect.

[6] This DG was stablished on January 3rd 2011 with the main objetive of simplifying communication between different actors and of programming and implementing aid.

[9] This means that both, program and report is going to be published during year 2013.

[11] Antonio Machado

[12] In all senses





¿Es posible una geopolítica para España? (III)

25 11 2012

La vigencia de Mella

Vázquez de Mella fue recibido por sus adversarios políticos contemporáneos con burla y condescendencia: «Y si me decís que es soñar, que es sueño ideológico buscar la realización de estos ideales, os diré que ese sueño lo están realizando todas las naciones de la tierra. El pangermanismo significa ese dominio de razas sobre el territorio que habitan sus naturales; el panhelenismo significa la tendencia a querer dominar las islas del Mar Egeo y todas aquellas que llevan el sello helénico; aquellos estados Balcánicos que son nada más que naciones incipientes, tratan de completar su nacionalidad sobre porciones de Turquía; lo tiene Finlandia y todos los países que se extienden a lo largo del Báltico, donde, a pesar de los vendavales moscovitas, no se ha podido extinguir el germen y la flora de las nacionalidades indígenas; lo tiene Inglaterra, rama germánica que se asienta y domina por su territorio sobre los países célticos. Todos buscan su autonomía geográfica; todos aspiran a que se complete el dominio del territorio nacional. ¿Y será aquí, como dicen, sueño romántico, vago idealismo, cosa quimérica, lo que pretendo yo?»

Los “dogmas nacionales” no fueron un brindis al sol, una idea peregrina que se quedara en el tintero. Pocos años antes los había consignado Carlos VII, perdedor de la tercera guerra carlista, en su testamento político: «Gibraltar español, unión con Portugal, Marruecos para España, confederación con nuestras antiguas colonias, es decir, integridad, honor y grandeza; he aquí el legado que, por medios justos, yo aspiraba a dejar a mi patria.» La restauración del Imperio español, cuyos restos perdieron ―sin mucho interés― los gobiernos de Alfonso XII, estaba en el mismo centro del programa político de Carlos VII. Y no era una consigna oportunista lanzada por alguien que ya nada tenía que perder, pues aquel nuevo Don Carlos que durante varios años comandó ejércitos, acuñó moneda, y reinó efectivamente sobre una porción del norte de España, ya ofreció en 1875, en plena guerra, una “tregua patriótica” a su primo y adversario cuando las rebeliones en Cuba amenazaban ―preludio de 1898― con involucrar a los Estados Unidos en una guerra contra España: «se trata de la integridad de la patria y todos sus hijos deben defenderla, que cuando la patria peligra desaparecen los partidos; sólo quedan españoles.»

Los gobiernos de la España actual poco o nada tienen que ver con Carlos VII y Vázquez de Mella. Pero la geopolítica, como muchos otros países han sabido comprender, debe trascender regímenes, ideologías, partidos y “proyectos”. Las proposiciones de Mella serían hoy recibidas con las mismas objeciones que encontraron en su día: «sueño romántico, vago idealismo, cosa quimérica». ¿Pero no será esta actitud disfraz para el miedo a tomar la iniciativa? ¿O quizá no convenga a unos “intereses de España” que sólo son los de unos pocos? Incluso habrá quien grite ¡imperialismo! y rasgue sus vestiduras, sin comprender que la presencia española en América nunca tuvo el carácter de explotación colonial que tuvieron los posteriores imperialismos europeos: el mestizaje, fenómeno único de la América hispana, da fe de la absoluta singularidad de su vocación misionera. Pero aquí no se trata de escrutar el pasado para justificarlo o condenarlo, ni supone la federación de Mella un apego a las formas “virreinales”. Se trata de abrir nuevas vías adecuadas a las circunstancias de cada momento para una mayor cooperación política entre los países que integran la Hispanidad, de dar formas apropiadas a una necesidad latente de aproximación que sentimos todos los hispanos, pero que no acertamos a materializar por recelos pseudo-históricos o porque, todavía apegados a la funesta ideología nacionalista, no concebimos fórmulas políticas de unión que no supongan la dominación imperialista de una nación sobre otra.

Las directrices que según Mella deben guiar la geopolítica española no son quiméricas ni anacrónicas, y la coyuntura actual puede proporcionar terreno fértil. Es verdad que ya no vivimos en la época del pangermanismo y el irredentismo de finales del siglo XIX, pero sí en la de la globalización. La crisis del Estado-nación autosuficiente y exclusivista parece estar consumada. Los gobiernos recientes de España han querido sumarse al impulso europeo de integración, pero esto no implica que se deba renunciar a perseguir la integración en otras direcciones, engarzando con estas perennes líneas directrices de nuestra geopolítica que dirigen nuestra mirada hacia países con los que compartimos todavía mayor afinidad que con los de nuestro entorno europeo. Un mísero océano de por medio  ―o dos―  no fue obstáculo hace quinientos años: hoy debería serlo aún menos.

¿Es posible, pues, una geopolítica para España? Inequívocamente, sí. ¿Es factible llevarla a cabo? También. Pero para hacerlo no basta con cambiar nuestra política exterior. Debemos aprender a afrontarla de otra manera. Alguna vez se ha comparado la presidencia de los Estados Unidos de Norteamérica con la labor del timonel de un portaaviones: el corto plazo de un mandato, incluso de dos, puede a lo sumo aspirar a cambiar muy ligeramente hacia un lado u otro el rumbo que el buque ya lleva impreso. Si España sigue desatendiendo las directrices que deberían inspirar su geopolítica, de acuerdo con su geografía y su historia, y persiste en cambiar su política exterior a capricho del “proyecto” que persiga cada gobierno, o según soplen los vientos de las grandes potencias u organizaciones mundiales, se encontrará ―continuando el símil― capitaneando un pequeño velero que, con un leve toque de timón y una fácil maniobra de botavara, puede trasluchar y cambiar su rumbo en ciento ochenta grados, tantas veces como quiera. Pero mientras navega describiendo un serpenteo inconstante que no lleva a ningún puerto, el portaaviones sigue impasible su travesía. Y si algún día, por azar, el caprichoso manejo del velero lo lleva a interponerse en el rumbo del coloso… no hay duda de cuál de los dos prevalecerá.

FIN

E.P.C





¿Es posible una geopolítica para España? (II)

15 11 2012

Fuente: es.wikipedia.org

Quizá quien mejor penetrara las directrices geopolíticas de España a través de la Historia (pues ya en su época no presidían la política del Gobierno) fuera Juan Vázquez de Mella, diputado carlista y orador de renombre en las Cortes de la Restauración alfonsina, con sus llamados “dogmas nacionales”: el dominio del estrecho de Gibraltar, la federación con Portugal y la confederación tácita con los Estados americanos.

Las columnas de Hércules

Gibraltar, para Mella, es la clave. Dice en 1915:

«Y ved que el estrecho de Gibraltar es el punto central del planeta, que allí está escrito todo nuestro Derecho internacional; parece que Dios, previendo la ceguedad de nuestros estadistas y políticos parlamentarios, se lo ha querido poner delante de los ojos para que supiesen bien cuál era nuestra política internacional. Es el punto central del planeta: une cuatro continentes; une y relaciona el Continente africano con el Continente europeo; es el centro por donde pasa la gran corriente asiática y donde viene a comunicarse con las naciones mediterráneas toda la gran corriente americana; es más grande y más importante que el Skagerrakh y el Cattegat, que el gran Belt y el pequeño Belt, que al fin no dan paso más que a un mar interior, helado la mitad del tiempo; es más importante que el Canal de la Mancha, que no impide la navegación por el Atlántico y el Mar del Norte; es muy superior a Suez, que no es más que una filtración del Mediterráneo, que un barco atravesado con su cargamento puede cerrar, y que los Dardanelos, que, si se abrieran a la comunicación, no llevarían más que a un mar interior; y no tiene comparación con el Canal de Panamá, que corta un Continente.» [1]

Pero no se trata sólo de la soberanía sobre el Peñón, ni del territorio adicional ―más allá de lo concedido en el Tratado de Utrecht― que ha ido fagocitando Inglaterra en los siglos posteriores. Se trata también del riesgo que ha supuesto Gibraltar como base británica de contrabando y espionaje (apoyando numerosos pronunciamientos militares a lo largo de los siglos XIX y XX, incluido el de Riego, que desvió hacia Madrid un ejército dispuesto a zarpar hacia América para contener a los independentistas) y como centro de proliferación de armas nucleares [2]. Pero se trata, sobre todo, del Estrecho. La península ibérica es el extremo del continente europeo que envuelve y cierra su mar interior, custodiando su acceso: sin Gibraltar queda estratégicamente privada de esta función natural.

Portugal

La federación con Portugal guarda una estrecha relación con Gibraltar: «[Inglaterra] tiene que ser grande dominando el mar, y para dominar el mar necesita dominar el Mediterráneo, que sigue siendo el mar de la civilización, y para dominar el mar de la civilización necesita dominar el estrecho, y para dominar el estrecho necesita dominar la península ibérica, y para dominar la península ibérica necesita dividirla, y para dividirla necesita sojuzgar a Portugal y sojuzgarnos a nosotros en Gibraltar. Y eso ha hecho.» Portugal surge en la Reconquista como un condado enfeudado primero a Asturias y luego a León, independizándose como Reino en el siglo XII. Siguiendo la dinámica de federación dinástica de los demás reinos cristianos, la corona de Portugal llega a recaer pacíficamente en el rey de Castilla en dos ocasiones: con Juan I en 1383 y Felipe II en 1581. Las rebeliones que pondrán fin a ambos períodos de unión, inaugurando respectivamente las dinastías de Avís y de Braganza, recibirán el apoyo de Inglaterra. La separación entre España y Portugal, en palabras del historiador lisboeta Oliveira Martins, no parece responder a motivos culturales o geográficos: «¿Qué fronteras serán las nuestras que cortan perpendicularmente los ríos y las cordilleras?», sino a intereses políticos ajenos: «¿No será la Historia de la Restauración la nueva Historia de un país que, destruida la obra del Imperio ultramarino, surge en el siglo XVII, como en el nuestro aparece Bélgica para las necesidades del equilibrio europeo? ¿No vivimos desde 1641 bajo el protectorado de Inglaterra?»

De todas formas, el binomio España-Portugal ya es en sí mismo una distorsión lingüística de la realidad, confundiendo el todo con las partes. Porque el nombre de España, heredado de la Hispania romana que abarcaba toda la Península (y posteriormente también las provincias Balearica y Mauritania Tingitana), sólo vino a asociarse exclusivamente con los reinos de las coronas de Castilla y Aragón después de los centralismos de los siglos XVIII y XIX, cuando los días de unión ibérica eran ya un recuerdo remoto. Lo que hoy se conoce como España, ese Reino de España que con esta homogeneizadora denominación oficial de nuevo cuño inaugura un Estado que antes no era sino la colección de múltiples reinos bajo un mismo Rey, se ha apropiado injustamente de un nombre que correspondía a todos los integrantes de la Monarquía hispánica ―las Españas―, antes de que ésta se divorciara de Portugal en el siglo XVII y se disolviera en Estados-nación en el XIX. Por ello, la unión que propugnó Vázquez de Mella ―la única posible sin hacer injusticia a las partes― se había de llevar a cabo como un hermanamiento en pie de igualdad: «la conquista, jamás; la absorción, nunca; una federación», para que así se pudieran repetir las palabras de Saavedra Fajardo a los portugueses en 1640: «No deben desdeñarse los portugueses de que se junte aquella Corona con la de Castilla, pues de ella salió como Condado y vuelve a ella como Reino; y no a incorporarse y mezclarse con ella, sino a florecer a su lado sin que se pueda decir que tiene Rey extranjero, sino propio, pues no por conquista, sino por sucesión poseía el Reino y lo gobernaba con sus mismas leyes, estilos y lenguajes, no como castellanos sino como portugueses».

La federación para Vázquez de Mella no es el Estado federal de la doctrina constitucionalista que, siguiendo el modelo clásico de los Estados Unidos de Norteamérica, se “constituye” a golpe de pluma mediante una Constitución escrita que materializa simbólicamente la premisa ilustrada de que las sociedades no se forman mediante largos procesos históricos, sino que surgen de la nada a través de un contrato social que, legitimado exclusivamente por la voluntad de los vivientes, viene a regir la vida según un proyecto racional. Escribe el filósofo Rafael Gambra: «El Estado, en cambio, es, al menos de la Revolución a esta parte, esa estructuración “a priori” que propugnó el espíritu de la Ilustración. La Patria es siempre la misma o no varía sino por una lenta evolución; el Estado, en cambio, puede variar radicalmente de la noche a la mañana.» [3] Al contrario, Vázquez de Mella aprecia la auténtica federación histórica en el progresivo aglutinamiento multisecular de los diversos cuerpos sociales ―familia, municipio, gremio― en los que se integran los hombres concretos (a diferencia del hipotético hombre abstracto ―aquel Hombre y Ciudadano nacido en 1789― en torno al cual se construyen las constituciones modernas), federándose espontáneamente en entidades superiores para suplir las necesidades que no alcanzan las inferiores, éstas conservando en cierta medida su autonomía primigenia y aquéllas actuando subsidiariamente. El contrato social es una ficción filosófico-jurídica que sirve como premisa para explicar los sistemas constitucionales, mientras que la federación histórica es una consecuencia ineludible de la naturaleza sociable del hombre, avalada por la realidad y documentada en los anales de la Historia.

Esto se evidencia con especial claridad en la formación política de España, unión personal de varios reinos en un mismo monarca que debía jurar los fueros y respetar la estructura constitucional de cada uno de ellos. La unidad no era uniformidad, y la diversidad cultural no era obstáculo para la concordia política. Por otro lado, las doctrinas ilustradas puestas en práctica en la Revolución francesa equiparan a la nación ―realidad cultural asociada al lugar de nacimiento, sin connotaciones políticas― con el Estado, con la comunidad política. Los Estados plurinacionales (como el Imperio austríaco) o las naciones pluriestatales (como la italiana, antes de la unificación), ya no podían tener sentido. La aplicación de esta novedosa doctrina no resultaba excesivamente conflictiva en un Reino de Francia homogeneizado por la larga experiencia del centralismo absolutista, pero su exportación a otros países (y la Revolución tenía pretensiones de universalidad) no podía resultar tan armoniosa. Para la Monarquía hispánica fue, sencillamente, el suicidio.

América

Hoy, la Hispanidad como realidad cultural es un hecho innegable. Todos los que pertenecemos a ella sentimos unos vínculos más o menos estrechos con los demás. Incluso el que más fervientemente reniegue de ellos no puede dejar de toparse con el idioma compartido, que con cada palabra articulada nos recuerda nuestro ineludible pasado común. No faltan insignes autores ―tanto ibéricos como americanos, filipinos e incluso borgoñones― que hayan dejado constancia de un sentimiento de orfandad, mucho después de las respectivas separaciones del tronco común. Pero el sentimiento, siempre volátil, no basta para dar razón de unos lazos de naturaleza política. Tampoco la más tangible semejanza cultural es suficiente, pues los lazos, digamos, nacionales, pueden florecer en su ámbito propio sin necesitar ser correspondidos por idénticos vínculos políticos (véase, por ejemplo, el Renacimiento italiano: esta pujanza artística distintivamente italiana ―pese a las particularidades locales y ulterior exportación y desarrollo original en otras partes de Europa― tiene lugar en una península políticamente fragmentadísima. Y el arte renacentista no es vehículo de un anhelo de unificación política, como lo sería el romántico durante el Risorgimento, sino todo lo contrario: es más bien la expresión del espíritu competitivo de los pequeños Estados italianos). La ideología nacionalista, por supuesto, no considera separables los vínculos culturales de los políticos, y de ahí los problemas que encuentra cuando pretende llevarse a la práctica: las fronteras culturales nunca están tan definidas como necesitan estarlo las políticas (un ejemplo paradigmático son los Balcanes después del Imperio austrohúngaro).

Los lazos políticos, por tanto, se fundan en otra cosa. Es la historia, si nos ceñimos a observar la realidad y dejamos a un lado fantasiosos mitos fundacionales, esa tradición acumulada que como hemos dicho equivale a decir patria, la que otorga estabilidad a los vínculos políticos y les da una razón de ser, más allá del puro voluntarismo o la fuerza militar que, como mucho (y no siempre), pueden crearlos pero no sostenerlos. Y cuando esta razón de ser histórica no existe, se fabrica. Porque, en palabras de Francisco Elías de Tejada, «los pueblos no son naciones, son tradiciones». [4]

Las independencias americanas rompen bruscamente (en dos décadas se deshacen tres siglos) sus lazos con la Corona haciendo bandera del nacionalismo, de la pretensión de que el hecho de ser nación da derecho a constituirse como Estado. Pero como no podía ser de otra forma en unos reinos hispánicos vertebrados durante siglos por la idea federativa, la delimitación de quién constituía una nación fue menos que perfecta. Las fronteras precolombinas no podían ser recuperadas, como pretendían algunas posturas indigenistas. Dice el mexicano Luis González de Alba: «No hubo un México prehispánico, salvo en nuestro lenguaje actual: para entendernos, así le decimos a este territorio antes de Hernán Cortés. Pero no había una nación, un pueblo, una lengua, un México. Los tlaxcaltecas y otomíes no eran meshicas, sino enemigos de éstos, mucho menos eran mexicanos, nombre que fue necesario crear, con el de México, y nos condenó a ser un país centralizado no sólo en lo político y económico, sino hasta en la historia, al darnos como herencia cultural indígena a la más reciente y menos importante de las culturas mesoamericanas.» [5] Algunas proclamas independentistas de la época hablan de la “nación americana” como una sola, algo que evidentemente tampoco se realizó. Al final se impuso la particular interpretación de Bolívar del principio uti possidetis iuris: rindiendo un paradójico homenaje a la Corona, los límites de los nuevos Estados serían los de los virreinatos y capitanías generales tal como existían en 1810. Pero el mismo Bolívar no dudó en ignorar este criterio cuando le resultaba políticamente conveniente. La fuerza y el voluntarismo de los caudillos fueron, detrás de justificaciones de variada índole, la ultima ratio regum. En palabras de José Antonio Ullate: «Sólo el decurso de las guerras y de los manejos políticos conducirá a la plasmación de Estados sin nación que, celosamente, se volcarán desde el primer instante en la creación artificial de naciones a medida de sus Estados.» [6] Las subsiguientes guerras fratricidas entre los nuevos Estados y la inestabilidad de sus gobiernos dan fe de las consecuencias que ha tenido para la Hispanidad el abandono de la concepción federativa ―que Vázquez de Mella quería recuperar― y su sustitución por la ideología nacionalista.

Continuará.

E.P.C

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[1] Discurso en el Teatro de la Zarzuela, el 31 de mayo de 1915. Los demás fragmentos de Mella citados pertenecen también a este discurso.

[2] Cfr. Coronel José María Manrique, Gibraltar como factor de riesgo e inestabilidad.

[3] Rafael Gambra Ciudad, La Primera Guerra Civil de España (1821-1823): Historia y Meditación de una Lucha Olvidada.

[4] Francisco Elías de Tejada y Spínola, Historia de la literatura política en las Españas. Tomo 1, Madrid, 1991, págs. 24 y siguientes.

[5] Luis González de Alba, Mentiras de la Independencia, Revista Nexos, Lima. 1/9/2009

[6] José Antonio Ullate Fabo, Españoles que no pudieron serlo: la verdadera historia de la independencia de América, editorial Libroslibres, 2009. Este párrafo se basa íntegramente en lo expuesto por este libro.








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