Claroscuros electorales (10.10.12)

10 10 2012
Source: lajornadajalisco.com.mx

Source: lajornadajalisco.com.mx

El pasado 7 de octubre era una fecha marcada en el calendario político de Venezuela y del resto de Latinoamérica por razones obvias. Las expectativas respecto a quién tomaría el mando del país desde el Palacio de Miraflores fluyeron en ríos de tinta, marcados, principalmente, por las ideologías o meros deseos de sus autores.

Sin embargo hay que atenerse a la realidad; y esta es que Hugo Chávez ha vuelto-de nuevo- a ser reelegido. Las estadísticas oficiales, emitidas por la CNE dieron por ganadora a la corriente continuista, tras una de las campañas electorales más apasionantes a nivel mundial de los últimos años. En torno a las 9:30 p.m. hora local de Venezuela se dio por ganador a Chávez, por un margen de un millón de votos, y un 10% aproximadamente dentro del escrutinio.

La noticia, que recorrió el mundo a una velocidad pasmosa, se tradujo en muy diferentes reacciones, de la alegría y cierta sorpresa por parte de los chavistas (que se tuvieron por perdedores en más de una ocasión a lo largo del proceso electoral) a la consternación y tristeza de los opositores, que veían en Henrique Capriles y en su proyecto el futuro y progreso de Venezuela. Las reacciones oficialistas y opositoras dieron fe de la voluntad común de buscar cierta unificación nacional (en una sociedad extremadamente polarizada como la venezolana; polarización avivada hasta extremos ridículos por las elecciones) al; por un lado, aceptar Henrique Capriles casi de inmediato su derrota- lo que le está acarreando más de una crítica por parte de sus seguidores, que entienden hubo ciertas irregularidades en el proceso electoral, cuando no un fraude en toda regla- ofreciéndose al Comandante para sacar adelante a Venezuela; y del mismo Hugo Chávez, abandonando el discurso común respecto a su adversario (tildándole de burgués, fascista o- término muy empleado en los últimos meses- majunche) teniendo no más que elogios hacia el, horas antes, vilipendiado rival.

Las votaciones, que desde muy temprano en la mañana congregaron largas filas de votantes ansiosos, se desarrollaron con cierta lentitud al comienzo, arremolinando grandes cantidades de gente en torno a los colegios electorales, mostrando, una vez más, las carencias administrativas del país.

Llaman la atención ciertos eventos dentro del proceso electoral.

Por un lado es extraña, cuando no esperpéntica, la actitud estoica de Capriles respecto a los resultados electorales; la rápida asunción de la derrota; por un margen relativamente corto, hizo creer a los opositores que algo raro estaba sucediendo. Su actitud, explicada por el mismo Capriles como la aceptación de una derrota limpia, fue muy rápida (aún no se había llegado ni al 70% del escrutinio) y exenta de reservas.

Existen una serie de circunstancias que deberían haber sido tomadas en consideración a la hora de valorar los resultados electorales, cuando no las propias elecciones en sí, que fueron obviados por los líderes de la oposición, no para invalidar las elecciones mismas, sino para asegurar los resultados y la pulcritud de los mismos:

  • Por un lado, existe un quiebro entre Venezuela y la Comunidad Internacional en cuanto a la garantía de un proceso electoral cristalino. La ruptura con el sistema Interamericano de Derechos Humanos y la falta de observadores internacionales no ha hecho sino deslucir, a nivel tanto nacional como internacional, la fiesta de la democracia del pasado domingo; lo cual, si bien no constituye una prueba acerca de un posible fraude o proceso irregular nos da bastantes indicios del mismo.
  • Los propios resultados son, cuanto menos, sorprendentes. El chavismo ganó en estados tradicionalmente opositores (como en el caso de Miranda, Carabobo, o el más sorprendente, Falcón) traduciéndose, en cuentas completas, en 20 estados chavistas frente a 4 opositores. Esto no es en sí mismo un indicio de irregularidades, dado en margen del 10% para el vencedor; pero traducido en millones de votos es, cuanto menos sospechoso que, ganando por un margen relativamente reducido demográficamente hablando, se traduzca en una superioridad de 5 a 1 en planos geográficos; las cuentas cuadran, pero a martillazos.
  • Por otro lado los “Exit Polls”. En Venezuela no se permite realizar encuestas electorales durante los períodos de reflexión, pero muchas encuestas a pie de urnas daban ganador al candidato opositor. Si bien este tipo de encuesta no es del todo fiable, suele marcar la dirección del voto. La mayor parte de estas encuestas daban, para uno u otro candidato, una diferencia de entre un punto y punto y medio, alejado de los 10 puntos finales.
  • La acción exterior. El voto emigrante es relativamente reducido en términos cuantitativos, pero es de vital importancia cualitativa. No es extraño pensar que este tipo de voto tendrá, en la mayoría de los casos, un carácter de corte opositor. El cierre del Consulado Venezolano en Miami; el de circunscripción consular más densamente poblada, fue recientemente cerrado, impidiendo a muchos votantes acercarse a votar, a menos que lo hiciesen en el consulado más -relativamente- cercano; el sobresaturado consulado de Nueva Orleans.
  • Las redes sociales echaban humo a lo largo de todo el día con “noticias” acerca de la corrupción inherente al proceso electoral; desde la supuesta existencia de aviones que transportaban “simpatizantes” de un estado a otro para obtener mayorías en estados tradicionalmente opositores, a la también “supuesta” pérdida o destrucción de urnas (que recogen los recibos del voto electrónico, fácilmente corruptible), las denuncias de contabilidad “a mano alzada”, etc… No en vano, durante todo el pasado domingo el hashtag #fraudevenezuela era Trending Topic en Twitter.
  • Por último, es muy llamativa la temporalidad de los resultados. Creo que no me equivoco al decir que, aparte del resultado, sorprendió lo pronto que este se obtuvo. Si bien gran parte de las urnas son digitales, el proceso de cotejo de los resultados suele ser una tarea ardua y laboriosa, por lo que el hecho de que antes de las 10 de la noche se obtuviesen los resultados finales es incomprensible ante la ineficiencia administrativa generalizada en Venezuela; en el caso de que se demuestre que se trata de unas elecciones justas, hay que elogiar la extremada diligencia y efectividad del, otrora denostado, CNE.

Aunque el “huracán electoral” haya pasado, considero que ha sido rematadamente irresponsable el acercamiento –desde la distancia- que los medios de comunicación global han realizado respecto a las elecciones venezolanas de este año. Un evento de vital importancia y magnitud para la región como es el dilema entre la continuidad o el cambio de régimen en Miraflores, ha sido visto desde una óptica demasiado “aséptica” y breve.  La realidad (pese a las denuncias de fraude) atiende al continuismo, pero ha sido palpable desde el primer momento de las elecciones que la sociedad venezolana ha empezado a despertar, y que si bien estas elecciones pretendían dilucidar cual es la voluntad del pueblo venezolano, lo único que nos dicen es que, si bien Chávez va a continuar en el poder, el debate entre continuismo y cambio seguirá estando a la orden del día, con mayor igualdad que nunca.

José Enrique Conde

 

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