El temor al wimp factor (25.09.12)

25 09 2012

Muchas veces se ha oído el rumor que el presidente número 41 de los Estados Unidos de América, George Herbert Walker Bush (conocido por todos como Bush padre), intervino en la primera guerra del Golfo por un factor que proviene del inglés llamado wimp factor. El caso es que con la Operación Desert Shield, que empezó el 7 de agosto de 1990 tras la invasión iraquí en Kuwait cinco días antes, se consiguió repeler las fuerzas de Sadam Hussein y con la ayuda aliada y de la ONU, se pudo ganar la guerra La ONU empezó con la resolución 660 del 2 de agosto. La más significativa sin duda fue la resolución 678 por la cual se autorizaba la guerra del Golfo para hacer cumplir anteriores resoluciones, en la que Cuba y Yemen estando como miembros no permanentes en el Consejo de Seguridad votaron en contra y la República Popular China se abstuvo.

Tanto el wimp factor y como la abstención china nos llevan a un propósito muy actual que todo el mundo habrá ya adivinado pese a mi digresión histórica: el tema de disputa al rojo vivo sino-nipón por las islas Diaoyu-Senkaku, que ha generado olas de violencia en ambos países, sobre todo en China donde el diario británico The Guardian ha revelado fotos de los disturbios anti-japoneses en las grandes ciudades chinas, como en Pekín y Shanghai y la gran intervención policial necesaria para reprimir ataques contra establecimientos nipones, algunos incluso teniendo que cerrar. La educación nacionalista inculcada con prejuicios por ambas países de sus respectivos vecinos es una de las razones sociales de las revueltas.

Asia oriental está plagado de disputas isleñas, extendiéndose desde el mar de Okhotsk (aún existe resentimiento por la invasión soviética sobre la isla Sajalín y las Kuriles; hoy en día Japón reclama cuatro islas de estas últimas que decían no estar sujetas al tratado de San Francisco de 1951; según el diario The Financial Times, siguen de jure en guerra, nunca hubo tratado de paz) hasta el mar de la China Meridional (con una lista extensa tanto de islas como de países contendientes que las reclaman). Estos últimos objetos de disputa son, para nombrar sólo unos pocos, las conocidas Spratly (un verdadero quebradero de cabeza diplomático y puzzle desintegrado en forma de islas, reclamadas por cinco países), las Paracel y los ya no tan conocidas arrecifes Scarborough. GlobalSecurity.org revela que, en el mes de julio, negociadores de la ASEAN fueron incapaces de tomar una postura común en el asunto. Sin sorpresas tras años de desacuerdos, lo cual demuestra la falta de cooperación diplomática en la zona. Ni siquiera los recientes intentos de Estados Unidos de América, presenciados personalmente por la secretaria de Estado estadounidense Hillary Clinton, de intentar apaciguar la situación con su visita a la zona, han funcionado.

Problema: la actividad sísmica que ayuda a la formación de islas por la presencia de placas tectónicas (la pacífica, euroasiática, filipina e indoaustraliana) y la climatología que favorece la creación de atolones y derivados se ponen en un tablero geopolítico inestable y en plena evolución como es Asia. Los dragones asiáticos se lanzan llamaradas en forma de feroces reclamaciones diplomáticas y se amenazan con sus puntiagudas garras mandando patrulleras (el gabinete japonés aprobó a principios del año legislación para mandarlas a territorios disputados, según la revista Foreign Policy) o en el reciente caso de la República Popular China (no confundir con República de China, alias Taiwan, que también reclama las islas) con la advertencia de la puesta en servicio de un nuevo portaaviones ucraniano remodelado, según el diario francés Le Monde.

Un interés tan alto por islas tan pequeñas se basa, primero, en las Zonas Económicas Exclusivas que permiten la explotación económica de hasta 200 millas naúticas alrededor de un territorio y en segundo lugar, la existencia de altos contenidos en hidrocarburos inexplorados en esta parte del mundo. El cuerpo legal que lo rodea es la Convención de las Naciones Unidas sobre la ley del mar de 1982, que ha sido siempre desde su creación fastidiosamente analizado por países en casos de pleitos marítimos.

Pero también se basan en el primer, gran concepto importante de este artículo: el wimp factor. Según The Economist, el tira y afloja de la RPC y Japón no es más que una prueba de resistencia por ambas partes, por miedo a que el que afloja el primero, caerá más veces y todo ello en un sofocante clima de desconfianza. Otros países como Filipinas, Vietnam, la ya mencionada República de China, Corea y Malasia se encuentran en los mismos, si se me permite, fregaos. Ni Japón, ni la RPC, ni los otros países desean ceder en un época que no sólo es nueva en términos de crecimiento económico y político en Asia sino también decisiva en su influencia y ascenso en las relaciones internacionales. Como en toda carrera, nadie quiere ser el wimp que sale perdiendo.

Cecilio Oviedo

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