Las migas del Imperio (11/9/2012)

11 09 2012

Fuente: devale.blogspot.com

En las últimas semanas estamos asistiendo como cientos de personas de origen subsahariano intentan entrar en territorio europeo asentándose en los islotes que emergen del Mediterráneo en frente de la costa marroquí.

En primer lugar llama la atención cómo las personas cambian de estrategia con tal de escapar de su realidad en sus países de orígenes aún arriesgando su vida nadando hasta los islotes. El mencionado riesgo se transforma en drama cuando tras alcanzar los islotes, el ejército o la Guardia Civil entrega los inmigrantes a la gendarmería marroquí que, a su vez, los sueltan literalmente en la frontera con Algeria. ¿Pero por qué son entregadas estas personas a las autoridades marroquís? ¿Por qué hay distinción entre alcanzar las costas peninsulares o las Canarias y los islotes? Pues bien, la respuesta a estas incógnitas se encuentra en la condición jurídica de los peñascos, o más bien en su falta de la misma. Estos peñascos son verdaderos vestigios de lo que anteriormente fueron atalayas del imperio español. El ejército español hasta hace 50 años mantenía guarniciones en esos islotes para tener una visión cercana de las costas marroquís, función que encuentra su origen entorno a al año 1500 de nuestra época. Tras la reconquista de la Península Ibérica los monarcas españoles consideraron a bien mantener un puesto fronterizo literalmente en casa del enemigo, por ello encontraron en estos islotes la situación perfecta para este cometido. Verdaderamente, nunca han tenido otra función que la mencionada, por ello no se ha otorgado ningún estatus jurídico a estos islotes. A efectos prácticos y desde un punto de vista del Derecho Internacional Público, estos islotes son de soberanía española por ocupación. No obstante no se encuadran dentro de la organización estatal española, es decir, no pertenecen a ninguna provincia ni dependen de ninguna administración. Son tierra de nadie, de soberanía española pero sin pertenecer a España.

Este limbo jurídico hace que las personas que alcanzan los islotes no se encuentren con los servicios de atención humanitaria que se encontrarían al alcanzar la península, sino que se encuentran con el ejército que, si bien también les atienden, los entregan a las autoridades marroquís. Esta situación pone en tela de juicio la capacidad española para atender correctamente a las personas que llegan a su soberanía, aunque desde un punto de vista administrativo no están llegando a ninguna parte. Verdaderamente, el drama reside en que las personas confían (muchas veces mediante engaño) en  alcanzar el edén europeo y se encuentran que no han llegado a Europa, sino a literalmente a una roca.

David Jódar Huesca

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