El factor kurdo en el conflicto sirio (31.7.12)

31 07 2012

Fuente: topnews.in

Hace unos diez días, el Presidente de la región autónoma del Kurdistán iraquí, Mahmoud Barzani, admitió públicamente que hay campos de entrenamiento en su territorio para que los kurdos sirios reciban adiestramiento en territorio seguro y, una vez finalizado éste, vuelvan al Kurdistán sirio para “defender su territorio”. Estas declaraciones han pasado desapercibidas dados los recientes acontecimientos en la guerra siria, mucho más trascendentes, pero no debemos obviar lo que significa. La existencia de campos de adiestramiento específicamente para kurdos tiene dos lecturas, las cuales ofrecemos aquí brevemente.

En primer lugar, el introducir el elemento kurdo refuerza uno de los aspectos del conflicto, el étnico, que hasta ahora estaba siendo relativamente irrelevante en comparación con el factor religioso (comentado en, entre otros, el estudio Replanteando la Retórica Siria) y el geopolítico (por lo que significa la alianza Siria-Irán). No quiere esto decir que las tensiones kurdos – árabes fueran intrascendentes, pero estaban hasta cierto punto soterradas. Ahora, la aparición de este factor añade un nuevo elemento de inestabilidad que dificulta la ya prácticamente imposible pacificación de Siria, y muy probablemente la condena a convertirse en un nuevo Líbano, con incontables milicias de infinitos intereses distintos peleando por aprovecharse de lo que quede tras la caída del Baaz. Mientras el conflicto se limitara a la lucha de oprimidos contra el tirano, como se intentó presentar en un principio, la reconstrucción podía ser fácil; al introducir el elemento religioso en una sociedad tan heterogénea como la siria, la convivencia se hizo prácticamente imposible; y ahora, al añadirle el factor étnico, pensar que de este conflicto pueda salir una Siria unificada y estable es algo casi quimérico.

En segundo lugar, tenemos que pensar lo que significa para los kurdos esta situación. El “Kurdistán histórico” está repartido entre Turquía, Iraq, Irán y Siria, y en todas estas naciones hay territorios de mayoría kurda con un mayor o menor grado de autonomía. La que disfruta de mayor independencia respecto de su poder central es el Kurdistán iraquí, beneficiado por una Constitución federal impulsada (impuesta) por los EEUU y que otorgó un amplio marco de competencias a la región autónoma del Kurdistán[1]. Además, Turquía ha invertido ingentes cantidades de capital en la zona, en un esfuerzo por pacificarla y fomentar la emigración de sus kurdos al Kurdistán iraquí[2]. Todo esto ha propiciado el resurgir, nunca apagado, pero con increíble fuerza, del nacionalismo kurdo, que no ha tenido reparos en mostrarse agresivo incluso frente al Gobierno central de Bagdad (mediante, por ejemplo, desfiles de peshmergas, la policía autonómica kurda, en el territorio disputado de Kirkuk). La compleja situación de Siria hace que los kurdos pretendan pescar en río revuelto y en algunos medios nacionalistas[3] proclaman la “liberación” del Kurdistán sirio y su incorporación al Kurdistán histórico, del cual, de momento, sólo se ha liberado el iraquí.

Estas declaraciones no sólo son provocadoras para Bagdad: también lo son para Ankara y Teherán, y muestran una excesiva confianza en las propias capacidades de los kurdos y una ceguera política alarmante: los kurdos no deberían olvidar que su buena estrella actual se debe principalmente a la tolerancia, no tanto de Bagdad, sino de turcos e iraníes, quienes sí tienen capacidad real para perjudicarles muy seriamente. Por el momento, los kurdos son un arma arrojadiza que cada nación que los “padece” usa contra las otras, pero ninguna de las cuatro (Iraq, Irán, Turquía y Siria) quiere ver el nacimiento del Kurdistán histórico. Esto es precisamente lo que desde Erbil se proclama y se instiga en Siria, y puede suponer para los kurdos más una maldición que una bendición: la maldición de hablar demasiado.

Francisco Rivas


[1] Los kurdos han sido los aliados tradicionales de EEUU en la zona, especialmente en Iraq, donde se alzaron contra el Baaz a raíz de la Operación Tormenta del Desierto. El alzamiento fracasó y Saddam Hussein castigó a las poblaciones kurdas gravemente. Cuando Hussein fue, tras su caída en 2003, juzgado, el Tribunal estaba compuesto por jueces kurdos, algo que evidentemente causó y causa resentimiento entre los árabes y evitó que Hussein tuviera un juicio imparcial.

[2] A pesar de las relaciones relativamente tensas, como pudimos analizar en La Ofensiva Turca en Iraq: mitos y verdades (25.10.11)

[3] El Kurdish Globe, iraquí, llegaba en su edición de 23 de julio de 2012 incluso a dar un decálogo para regir la actuación política en el “liberado” Kurdistán “suroeste” (sirio).

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