Asia cambia de capital

22 06 2012

source: freedomnewsgroup.com

Durante el último siglo, algunos países inmersos en un proceso de modernización administrativa y urbanística decidieron cambiar su capital. El primero de ellos fue Turquía, que tras su guerra de independencia en 1923 decidió remplazar Estambul, vulnerable por su posición estratégica, por una pequeña ciudad de menos de 15.000 habitantes localizada en el centro de la nueva república, Ankara. Cuarenta años más tarde, el Brasil del presidente Kubitschek decide poner fin a la rivalidad entre Río de Janeiro y São Paulo trasladando la capital a Brasilia, una ciudad creada a partir de la nada en un intento de recuperar económicamente la deprimida Amazonia. Algo más dramático ocurría dos décadas más tarde en Pakistán. Karachi, la capital del país desde la partición de la India en el 46, estaba inmersa en un conflicto étnico originado por la afluencia de emigrantes musulmanes de la India y no era considerada una ciudad lo suficientemente estable para seguir siendo la sede del gobierno. Fue entonces, cuando se decidió construir una nueva capital, Islamabad, que significa “ciudad del Islam”, el que sería el símbolo del nuevo Estado islámico.

Este fenómeno urbanístico que en el pasado respondía a situaciones muy concretas y lugares dispares, parece ahora concentrarse en el Extremo Oriente. La superpoblación de muchas de las capitales, los problemas heredados de la administración colonial europea y posteriormente japonesa y las tensiones políticas y sociales se encuentran entre las principales causas actuales del traslado de capital.

El primer caso tuvo lugar en Malasia, en 1999. La capital, Kuala Lumpur tenía una de las densidades de población mayores del continente y las infraestructuras eran cada vez más insuficientes para sus casi 7 millones de habitantes. El primer ministro Mahathir Mohamad intentó cambiar la capital, pero la imposibilidad de cambiar la residencia del rey y el parlamento, hizo que el traslado se convirtiese en un cambio de sede del ejecutivo. De este modo, el palacio del primer ministro y todos los ministerios se construyeron en una minúscula población a 40 kilómetros de Kuala Lumpur, conocida como Putrajaya. La ciudad, uno de los proyectos urbanístico más costosos de todo el Sudeste Asiático, sufrió varios retrasos debido a la crisis financiera del 97, pero fue oficialmente declarada la capital ejecutiva del país en 2001. Desde entonces la ciudad ha aumentado exponencialmente su población, llegando a los 60.000 habitantes en apenas 10 años, la mayoría de ellos funcionarios. Sin embargo, la cercanía de la nueva capital a Kuala Lumpur, la permanencia de la actividad económica en la antigua capital y la reticencia de las legaciones diplomáticas a cambiar de residencia, han hecho del traslado un factor menor en la demografía malaya.

El siguiente caso ocurrió más recientemente en Birmania. Desde el 62 el país está dirigido por una junta militar dirigida por el General Ne Win que ha convertido uno de los países más prósperos de la región en el más pobre de todo el Sudeste Asiático. El 8 de agosto de 1988 tuvo lugar un  levantamiento popular en Rangún, la antigua capital, en el que el pueblo reclamaba unas elecciones libres y el fin del régimen del general. Las protestas fueron duramente aplastadas saldándose con más de 10.000 muertos y decenas de miles de refugiados que tuvieron que huir a Tailandia. A partir de la revuelta los generales tomaron conciencia del peligro que su propio pueblo podía suponer para su supervivencia. Fue entonces cuando se planteó la posibilidad de establecer una nueva capital, alejada de las masas de población, diseñada para la seguridad y con vocación de eternidad monumental, al más puro estilo hitleriano. Nacía así en 2005 Naypyidaw, literalmente “la Ciudad de los Reyes”.

Este delirio megalómano del general Than Shwe, el sucesor de Ne Win, cuenta con numerosos búnkeres antiaéreos, grandes avenidas con ocho carriles (más concebidas para tanques que para automóviles o para las tradicionales carretas) y elaborados sistemas defensivos, fruto de la tradicional obsesión de los generales con una invasión estadounidense y del miedo a que se repita algo similar a lo ocurrido en el 88. Además, se ha buscado en cierto modo un aislamiento preventivo de la ciudad. No existe ninguna conexión aérea internacional con la ciudad, no se dispone de cobertura móvil y ni siquiera hay líneas de teléfono individuales; todas son comunitarias y han de pasar por el control gubernamental.

Pero la ciudad no sólo ha sido concebida para la defensa; también lo ha sido para la exhibición. Se han construido enormes pagodas como las centenarias que pueden encontrarse en el resto del país, se han colocado tres estatuas gigantescas de los antiguos reyes birmanos, se han repartido grandes carteles con consignas sobre los éxitos de Than Shwe e incluso se ha construido un campo de golf de 18 hoyos en mitad de la selva para uso y disfrute exclusivo de los generales.

En esta ocasión el problema de Naypyidaw no ha sido la falta de población. En apenas unos años ha alcanzado el millón de habitantes, si bien es verdad que muchos de ellos se han desplazado forzosamente. El mayor desafío ha venido de la comunidad internacional, que se ha negado a trasladar sus embajadas, pese a que la ciudad dispone de un distrito internacional, especialmente pensado para ellas. Sin embargo, el paso del tiempo y el éxito relativo de la nueva capital ha empezado a cambiar la opinión internacional.

Estos proyectos han servido de ejemplo para países vecinos que sufren de problemas similares. Esto es lo que ocurre actualmente con Indonesia. Durante la época colonial, ya el propio gobierno holandés intentó trasladar la capital desde Yakarta a Bandung para alejar el poder político de los grandes núcleos de población, pero la Segunda Guerra Mundial lo hizo imposible. Años más tarde, durante la presidencia de Sukarno, volvió a plantearse el cambio, pero no fue hasta 2010, cuando el presidente Yudhoyono lo sacó a debate a causa de los problemas medioambientales y de superpoblación de Yakarta. Las posibilidades están completamente abiertas; el cambio de capital puede ser parcial como el de Putrajaya o completa como el de Naypyidaw. Sea como fuere, de llegar a producirse el cambio, tres son las ciudades candidatas: Jonggol, a pocos kilómetros de de Yakarta, una opción bastante realista desde hace tiempo y una de las que más sencillo haría el traslado; Palangka Raya, localizada en la isla de Borneo, protegida del alto riego de volcanes y terremotos que tiene la isla de Java, y Banjarmasin, igualmente de ubicada en Borneo, pero con un mayor nivel de infraestructuras y más próximas al centro del país y al mar de Java. La decisión final queda en manos del gobierno.

El último de los traslados planeados puede ocurrir en Corea del Sur. La ciudad de Seúl, además de los problemas de población que tiene Yakarta, se encuentra muy cerca de la frontera con Corea del Norte y expuesta a todo tipo de ataques del regimen comunista. Por ello el presidente Roh Moo-hyun, un hombre de provincias al que no le gustaba que Seúl absorbiese todo el poder y el talento del país, decidió construir en 2002 Sejong, una nueva ciudad en la provincia de Chungcheong, en el centro del país, que albergaría 9 ministerios y 4 agencias gubernamentales. Sin embargo, cinco años más tarde, con la victoria del opositor de Roh el plan se canceló para convertir la ciudad en un centro científico, universitario y económico en el que se establecerían las grandes empresas nacionales. La provincia entera reaccionó en contra de la cancelación del proyecto original, ya entonces en construcción y el presidente lo dejó en manos del Parlamento, donde sigue dabatiéndose la propuesta. A pesar de ello, el futuro de la propuesta parece incierto en la actualidad, más aún si tenemos en cuenta cualquier perspectiva de unificación coreana.

En nuestra vieja Europa nos vanagloriamos de la grandeza de nuestra capitales, pero en los países del futuro la grandeza de esta capitales las ha sobrepasado e intenta escapar y desparramarse por resto del país. Todos estos proyectos no sólo responden a las nuevas realidades de Asia, sino a las del nuevo paisaje global, con ciudades y parajes saturados y explotados a la vez. A lo largo de este siglo, al tiempo que los gobernantes reescriban su política demográfica, me temo que los profesores de Geografía deberán reescribir sus listas de países y capitales.

David Barrancos Larráyoz

Referencias:

- Asia Times:


http://www.atimes.com/atimes/Korea/LF25Dg01.html

- The Jakarta Post:


http://www.thejakartapost.com/news/2010/08/05/palangkaraya-jonggol-or-jayapura-pick-your-capital.html

- Korea Times:


http://www.koreatimes.co.kr/www/news/opinon/2010/02/137_59627.html

- Carto Magazine:


http://www.carto-presse.com/wp-content/uploads/2011/11/0302_DeplacementCapitale_V2web.jpg

-El Mundo:


http://www.elmundo.es/suplementos/cronica/2008/652/1208037603.html

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