¿Guerra entre Irán e Israel? Análisis de escenarios

25 11 2011

Fuente: realidadbcs.com

En los últimos días el programa nuclear iraní ha ocupado de nuevo muchos titulares a raíz del último informe de la OIEA. Tal informe ha alarmado de manera especial, como era de prever, a los israelíes, hasta el punto de que algunos miembros del Gobierno han afirmado estar estudiando la posibilidad de la guerra. Antes de llegar al conflicto, es tarea de los dirigentes y los militares hacer un análisis de escenarios que tenga en cuenta el objetivo a conseguir, el enemigo a abatir y los medios de que se dispone, y, si se decide actuar, el mejor resultado posible (escenario rosa) y el peor resultado posible (escenario negro) en relación con todo lo anterior. En este estudio intentaremos hacer exactamente eso, y aunque inevitablemente no será tan completo como el que deban elaborar los judíos, quizá pueda explicar las claves que rodean a la posible ofensiva.

En cuanto al objetivo, éste es bien claro: destruir o, cuanto menos, retrasar considerablemente el programa nuclear iraní para que la República Islámica no consiga la bomba atómica. Ahora bien, fácil de identificar no significa fácil de ejecutar. Las instalaciones principales del programa están situadas en Natanz y Qom, pero hay muchas más dispersas por todo el país. Según información del Center for Strategic and International Studies, hay centros de enriquecimiento de uranio en Lashkar A´bad, Teherán y Natanz; reactores en Teherán, Isfahan y Arak; y centros de procesamiento de uranio en Isfahan, Gachin y Ardekan, amén de muchas otras instalaciones. La gran mayoría están, por supuesto, bajo tierra. Teniendo en cuenta, además, la orografía de Irán, sus instalaciones no son objetivos fáciles de alcanzar y mucho menos eliminar.

En cuanto al enemigo, es crucial tener claro que Israel no se enfrenta solamente a la República Islámica, sino a todo el arco chií, esto es: Irán, Siria, Hizbolá y, eventual aunque poco probablemente, Iraq. Es cierto que Siria está muy débil y no podría intervenir en una guerra a favor de Irán por culpa de la rebelión (cada vez más cercana a una guerra civil) que sufre, pero eso no tiene por qué ser necesariamente una buena noticia: Hamas[1] y, sobre todo, Hizbolá, han actuado siguiendo órdenes de Irán que le han llegado desde Siria, y el hecho de que los alauíes no estén en condiciones de ejercer ese control puede desatar una furia por parte de Hizbolá antes más contenida y calculada. Lo que es seguro es que, si Israel ataca Irán, se encontrará con una violenta respuesta desde el Litani y probablemente Gaza, y tendrá al enemigo en casa o por lo menos a las puertas[2], cosa que no le sucede a la República Islámica, separada por muchos kilómetros de un adversario cuya capacidad para maniobrar en su suelo va a ser muy limitada. La amenaza de Hizbolá no es venial: se trata de, posiblemente, la más experimentada y mejor equipada fuerza de combate de Oriente Medio tras el ejército hebreo y el iraní, y han aprendido mucho de la guerra de 2006, en que Israel apenas fue capaz de derrotarles.

En cuanto a los medios, lo primero a evaluar es si Israel estará solo en la operación o contará con ayuda de terceros países. Estos terceros países son: otros Estados Árabes o del Golfo, la UE y los EEUU. En cuanto a las naciones árabes, es quimérico suponer su apoyo, siquiera en forma de no protesta: es cierto que muchos no ven con buenos ojos el armamento que Irán está desarrollando, pero tampoco estarían conformes con un ataque unilateral occidental. La doctrina militar judía defiende que toda nación con armas nucleares en Oriente Medio es una amenaza para la paz de la zona, pero se estima que, aunque no lo reconozcan, ellos tienen unas 300 cabezas nucleares[3], algo que los musulmanes saben y no aprueban. Respecto a la UE, es difícil suponer que vayan a aprobar algo tan irreversible como un ataque sobre suelo iraní, especialmente dadas las terribles consecuencias que pueda tener para las tropas europeas destacadas en el UNIFIL. Por último, la ayuda de EEUU también es dudosa: la Administración Obama ha intentado congraciarse con los países musulmanes y sabe que atacar Irán, o simplemente apoyar de forma velada tal ofensiva, llevará un caos inmenso a una zona que ha intentado y relativamente conseguido pacificar, y que no podrá evadir su responsabilidad y el ser señalado como instigador o cuanto menos corresponsable.

Si Israel decide actuar, estará casi con total seguridad solo. Se plantean entonces dos situaciones posibles: que la Fuerza Aérea israelí sea la encargada de neutralizar las centrales del programa nuclear iraní, o que esto se haga mediante bombardeo con misiles balísticos. La primera opción es similar a la que ya se hizo contra el reactor iraquí Osirak en 1981, pero infinitamente más complicada. Hay tres rutas posibles: subiendo el Mediterráneo y entrando en Irán a través de Turquía, o atravesando Jordania e Iraq, o atravesando Arabia Saudí e Iraq. Ninguna de las tres opciones está exenta de graves riesgos, tanto políticos como militares. Teniendo en cuenta, además, que el repostaje es obligatorio, la dificultad de la misión es extrema y con pocas posibilidades de éxito: en 1981 las instalaciones de Osirak estaban al aire libre y ni aún así se detuvo el programa nuclear iraquí, sólo se retardó diez años. Las centrales iraníes están mucho mejor protegidas, y podría darse el caso de que, si los aviones judíos consiguen hacer todo el trayecto y descargar la munición, apenas dañen las instalaciones.

La otra opción es atacar Irán con misiles. Implica menos daño en términos de pérdida de vidas israelíes, pero tiene un gravísimo riesgo político: los únicos misiles capaces de alcanzar Irán y penetrar lo suficiente en la tierra como para asegurar la destrucción de las instalaciones persas son los Jericó III[4]. El inconveniente, y es muy serio, es que los Jericó III tienen carga nuclear. Es decir, por primera vez desde Hiroshima y Nagasaki se usaría armamento atómico en una acción de guerra. Israel ya no estaría declarando la guerra contra Irán, sino prácticamente contra la Humanidad. Todo apoyo le sería absolutamente retirado y las reacciones serían violentísimas ya no sólo por parte de sus tradicionales enemigos árabes, sino de todo el Mundo, Rusia y China a la cabeza. Seguramente se eliminaría el programa nuclear iraní, pero el coste de hacerlo sería demasiado grande.

Una tercera posibilidad no contemplada por el CSIS sería la del sabotaje. Por razones lógicas no podemos hacer un estudio de esta vía, pero baste decir que sería sumamente costosa en términos de tiempo y dinero, y pondría en grave riesgo las vidas de los agentes israelíes que tuvieran que operar en territorio persa.

Habiendo visto todo esto, sólo queda hacer los escenarios rosa y negro respecto de cada alternativa. La segunda ni la comentaremos: no hay escenario rosa posible si se decide un ataque nuclear, sólo consecuencias negativas que podrían desembocar incluso (posibilidad remota, pero no del todo descabellada) en la Tercera Guerra Mundial, primera de la Era Atómica. En lo referente a la primera alternativa, el escenario rosa es el siguiente: programa nuclear iraní destruido o al menos sumamente dañado, bajas cercanas a cero entre la aviación encargada del ataque y defensa exitosa y contundente frente al seguro ataque de Hizbolá y el bastante probable ataque de Hamas, con abstención del resto de países de Oriente Medio. El escenario negro es: programa nuclear iraní sin daños, bien porque los pilotos han sido derribados, bien porque las bombas no han hecho efecto; guerra costosa y con gran pérdida de vidas con todo el arco chií y eventualmente con otra nación cuyo espacio aéreo haya sido violado; y pérdida sustancial de apoyo por parte de Occidente. Lo mismo podría decirse respecto de la tercera alternativa, sólo que en este supuesto el éxito es aún más remoto.

Ésta es la difícil coyuntura en que se encuentra el Estado Judío: la única operación militar con amplias probabilidades de éxito es políticamente impracticable por hacer uso de armas atómicas, y las dos operaciones restantes pueden significar un coste demasiado elevado para los beneficios que se obtendrían. La decisión última corresponde a la Knesset, pero por el momento y si no cambian las circunstancias, la guerra no parece una buena opción.

Francisco Rivas

[1] Hamas es relativamente independiente dentro de este arco, no tan sometido a las directrices de Teherán como Hizbolá, que es casi una extensión del régimen de los ayatollahs. Sin embargo, Hamas y Hizbolá ya han coordinado sus actuaciones en el pasado y no sería extraño que volvieran a hacerlo.

[2] Tras la guerra del 2006 Hizbolá ha comprado misiles con los que amenaza la central nuclear israelí de Dimona, clave en el programa de armamento atómico de Israel (fuente: “Drums of War: Israel and the “Axis of Resistance”, Middle East Report nº 97, 2 August 2010”, página 24; International Crisis Group)

[3] Según información del Center for Strategic and International Studies.

[4] El Jericó I fue retirado del arsenal israelí en 1990 por obsoleto y el Jericó II sólo tiene un alcance de 1.500km, insuficiente para alcanzar la República Islámica. El alcance del Jericó III, por su parte, es de 6.500km.

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