Escuela de Muerte II: Los Manuales y las Torturas

3 06 2011

El otro día comentábamos, con brevedad, la historia y funciones que la School of the Americas (SOA) desarrolló durante su establecimiento en Panamá hasta los años 80. Decíamos entonces que la SOA nació como una medida para contrarrestar el auge que la influencia de la política de la URRS tenía en Latinoamérica. Como es lógico los EEUU no querían tener “al enemigo en casa”, por lo que la creación de una academia militar (donde no olvidemos que se graduaron más de 60000 policías y militares de toda Latinoamérica, muchos de ellos futuros dictadores y/o opresores) que becase a los “líderes del futuro”. Las consecuencias de esta política son todavía recordadas en los países afectados, y mientras los EEUU pretendían exportar a estos países su modelo de democracia liberal, lo único que consiguieron hacer fue educar a militares en tácticas de opresión, contrarrevolución y tortura.

Las “materias” impartidas en la SOA pretendían enfocarse hacia “una educación básica pero integral para las Fuerzas de Seguridad[1]  y, conjugando la preparación teórica (a menudo arrogantemente e insultantemente básica teniendo en cuenta que la gran mayoría de los residentes en la SOA eran oficiales de medio y alto rango) junto con la práctica, se pretendía que los alumnos saliesen graduados con los más altos estándares de respeto por la legitimidad de la Ley y de los Derechos Humanos.

Respecto a la preparación práctica impartida apenas existen datos, si bien es entendible que no podían faltar acciones básicas de tiro, camuflaje, táctica… no se tiene ninguna información al respecto. Los documentos acerca de esta materia en aquella época todavía siguen desclasificados, y lo más seguro es que sigan así por muchos años, por lo que no tenemos ninguna certeza de qué es exactamente lo que allí hacían.

Sin embargo y, pese al secretismo acerca de la parte práctica de las materias de la SOA, la parte que más me interesa es la referente a la teórica; los manuales.

Cualquier estudiante de la SOA debía examinarse de 7 manuales complementarios, que recogían los mínimos a cumplir por cualquier Fuerza de Seguridad estadounidense de la época. Las materias se encontraban enfocadas, pese a la intención oficial de la institución, al control policial y militar de la población; se encontraban escritos en un lenguaje muy básico, para que todos comprendiesen lo que se les pretendía inculcar. De los 7 citados manuales, al momento de la presencia de la Escuela en Panamá, sólo 4 eran públicos, mientras que los otros 3 (descritos en la guía general de la institución, pero desconocidos en su título, contenido y ubicación pública). Los títulos de los mismos eran los siguientes:

  • Manual de Interrogatorios
  • Manual de Inteligencia de Combate
  • Manual de Terrorismo y Guerrilla
  • Manual de Fuentes

El Manual de Interrogatorios describía, de forma escueta e increíblemente básica, los principales conceptos y procedimientos, para realizar un interrogatorio; eso sí, respetando la Convención de Ginebra. Dentro del texto se analizan las distintas fases del interrogatorio más básico (fases de acercamiento, interrogatorio propio y terminación) así como las fases psicológicas de los retenidos o “fuentes” y demás procedimientos, así como el famoso tópico del “poli bueno, poli malo” o la recomendación de realizar preguntas tan básicas como ¿Cuál es tu nombre? O tan estúpidas como ¿te encuentras bien aquí? . Una lectura rápida del texto nos hace ver a la fuente y al interrogador como amigos de toda la vida que están a punto de tomarse juntos una cerveza.

El siguiente manual, el de Inteligencia Militar es bastante más acorde con la verdadera función de la SOA. Define y recomienda la utilización de métodos de control de la población (no se especifica en ningún momento si la civil nacional o la civil extranjera) ante supuestos de conflictos armados. Entre las figuras que recomiendan se encuentran el uso de la propaganda, la institución de patrullas, el control de todo tipo de transmisiones, la imposición del toque de queda y acciones de reconocimiento y vigilancia, tanto pública como secreta.

El manual de fuentes es el más breve de todos, y se dedica, entroncándose con el primero, a determinar el orden de preferencia en la obtención de información de las “fuentes”, así como a erigir grados de “veracidad” o “fiabilidad” de los posibles detenidos.

Pero de los 4 manuales público el que, a mi parecer, es el más interesante, es el de Terrorismo y Guerrilla. En él se define el concepto de terrorismo desde una vertiente histórica y norteamericanocéntrica. Se representan a Francia, Rusia y Cuba como los estados creadores de esta realidad, especificando que son estados de los que no fiarse ni tan siquiera en tiempos de paz. Se realiza una estratificación de los tipos de terroristas (muy elemental a mi entender) en criminales a secas, defensores políticos y accionarios (o terroristas psicópatas), mostrando sus modus operandi y formas de contrarrestarles, antes y después de posibles ataques. Desarrollado a modo de estudio comparativo y científico, el cuarto manual es un clarísimo ejemplo de la verdadera intención de la SOA, determinando el pensamiento de los alumnos a rechazar todo aquello ajeno a la homogeneidad política e ideológica norteamericana, y creando el odio hacia los llamados en el texto “terroristas históricos” (entre los que sitúan a Robespierre, Mao Zedong, Castro, Guevara, Lenin, Stalin y Arafat) como forma de crear u  rechazo hacia cualquier posible ideología externa a los EEUU, la de los llamados Terroristas Marxistas Revolucionarios (sic).

Pero lo que realmente es escalofriante de la SOA son los 3 manuales restantes y no publicados, hasta 2004 nadie sabía que había en ellos. 2004. Invasión de Iraq. Abu Graib.

El descubrimiento de las torturas realizadas por los miembros de los SEALS y el cuerpo de los marines estadounidenses en la cárcel iraquí de Abu Graib (que ya fuera escenario de innumerables torturas durante el régimen de Sadam Hussein) nos mostró cómo funcionaban realmente los sistemas de interrogatorios estadounidenses. La presión popular y la consternación internacional hicieron que se desclasificasen parte de los textos donde se mostraban los métodos de tortura  asociados a los interrogatorios en tiempos de guerra. La sorpresa fue máxima cuando se vio que los textos desclasificados en 2007 (sólo fragmentos de los mismos, nunca ninguno por completo) pertenecían a lo que me gusta llamar “los manuales desaparecidos” de la SOA. Creo que cualquier persona recordará las fotos (terribles y degradantes para la especie humana) de los crímenes que allí se cometían, métodos de tortura en los que fueron entrenados los “estudiantes” de la SOA. Dentro de los manuales se habla de “sacar información por métodos involuntarios” a los interrogados, ye entre esos métodos se incluían (dentro de los más comunes) el mantener a los detenidos sin dormir ni comer durante al menos 2 días en un camastro, completamente inmóvil, de forma que si se moviese fuera del mismo (que estaba conectado a un generador) moriría electrocutado; el famoso wáter dumping” o ahogamiento controlado, la extirpación de uñas con alicates o el azotamiento de genitales; amén de las vejaciones sufridas por los reclusos ante el escarnio de sus guardianes, como pudimos ver en las fotos de esta página negra de la historia estadounidense.

La desclasificación de estos documentos de la SOA permitió atar cabos con respecto a las masacres y barbaries acometidas durante los 35 años precedentes en Latinoamérica, donde estas prácticas eran, lamentablemente, más comunes de lo que nos imaginamos.

A día de hoy la SOA tiene su emplazamiento en los EEUU, y pretende desvincularse completamente de su oscuro pasado; sin embargo, el rastro de sangre que sus estudiantes y enseñanzas han dejado a lo largo de los últimos 40 años es muy notable. Organizaciones como SOA Watch luchan a día de hoy por que se desclasifiquen todos los documentos relativos a la Escuela, para analizar la verdadera repercusión que esta tuvo, en especial con respecto a las matanzas de civiles en Latinoamérica, ya que no se debe culpar sólo al autor material, sino también al originador, al inductor de todas esas barbaries. La Escuela de la Muerte.

José Enrique Conde


[1] Como se indica en la presentación del curso en los manuales

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