Destruir al ISIS

29 08 2014

Fuente: dailymail.co.uk

La situación en Iraq ha sufrido un cambio radical de escenario en este mes de agosto. A principios del mes, los terroristas del ISIS se encontraban atacando el Kurdistán, el gran aliado de Occidente y especialmente de Estados Unidos en la zona. La respuesta, frente a esta agresión y frente a las purgas genocidas que el ISIS está llevando a cabo contra cristianos, yazidíes y en general cualquiera que no esté a la altura de su ideal de “pureza islámica”, han significado que, como adelantábamos en La caída de Iraq, la respuesta internacional a sus salvajes acciones hayan situado al grupo terrorista en una posición en la que le resultará imposible ganar la guerra que ha comenzado.

Es la tesis de esta asociación, desde que comenzó el conflicto (o se intensificó) con la caída de Mosul el 10 de junio, que se trata de una guerra en que el ISIS no tiene capacidad ninguna de vencer. Con todo, también hemos afirmado, y mantenemos, que su derrota posiblemente no sea rápida, y que habrá que trabajar en varios planos para erradicar su amenaza e impedir que se reproduzca. En síntesis, se podría plantear que, junto al ámbito puramente militar, es tanto o más importante atacar al grupo terrorista en los ámbitos económico y, muy especialmente, ideológico.

Plano militar:

En Samarra: una nueva esperanza, una nueva amenaza (15.06.14) comentábamos que el ISIS había cometido su primer error demasiado pronto, obstinándose en tomar Samarra. Los terroristas lanzaron al menos dos ataques contra la ciudad en la madrugada del trece al catorce de junio, y uno más al mediodía del catorce, pero no lograron tomarla. Desde ese momento, su avance hacia el corazón del país quedó truncado, lo que permitió que el desmoralizado Ejército iraquí se reagrupara, que se rearmaran las milicias chiíes que llevaban inactivas desde el final de la guerra sectaria en 2008 y que los kurdos movilizaran a sus tropas. El ISIS seguiría controlando gran parte del territorio conquistado y ampliando sus zonas de influencia, pero desde esa batalla perdida la iniciativa de los movimientos militares dejó de ser exclusivamente suya.

Es fácil ver por qué el ISIS ha favorecido una estrategia de guerra relámpago: al margen de las implicaciones propagandísticas que tiene un avance arrollador, los terroristas necesitan moverse rápido por su carencia de capacidad antiaérea destacable. La orografía de Iraq, que salvo por las montañas fronterizas con Turquía en el extremo norte es esencialmente plano, permite que los ejércitos se muevan a gran velocidad, pero les deja expuestos al ataque de la aviación enemiga. Sólo en las ciudades se puede obtener refugio frente a los bombardeos. La Fuerza Aérea iraquí cuenta con muy pocos efectivos, pero aún así fue capaz, contando con la colaboración de Irán, de ocasionar graves daños a las columnas de vehículos del ISIS y de limitar relativamente sus movimientos.

La irrupción de la Fuerza Aérea estadounidense en el conflicto ha aumentado este efecto, hasta el punto de que las tropas del ISIS ya apenas pueden salir a campo abierto. En efecto, en el mes de agosto ha habido sólo dos ofensivas importantes por parte de los terroristas desde que Estados Unidos interviniera: la toma de la presa de Mosul, que apenas pudieron mantener en su poder unos días, y la toma de Jalula, defendida por los peshmerga y que cayó el once de agosto. En este segundo caso, el dieciocho de agosto los peshmerga y fuerzas especiales del Ejército iraquí[1] lanzaron un contraataque para retomar la ciudad, que según las últimas informaciones se encuentra totalmente rodeada por los enemigos del ISIS. Es decir, las ofensivas terroristas no sólo son esporádicas sino que tienen dificultad para mantener el territorio ocupado. Esto se puede notar también en el número de bajas sufridas: siguiendo los reportajes del Institute for Study of War – Iraq[2] y de otros medios, los terroristas han sufrido entre 1.800 y 2.000 muertes desde que comenzó el conflicto en junio, de las cuales más de la mitad se han producido en agosto.

La consecuencia positiva de esta situación es que la iniciativa en las operaciones militares ha terminado por decantarse completamente del lado de los defensores del Estado iraquí, y lo previsible es que esto se mantenga salvo que el ISIS sea capaz de llevar a cabo algún golpe inesperado y de grandes implicaciones. La consecuencia negativa es que, para huir de los ataques de la aviación estadounidense, los terroristas están tomando dos decisiones que harán que el conflicto se enquiste: en primer lugar, muchos están retornando a Siria[3], donde la Fuerza Aérea estadounidense no puede de momento perseguirles (si bien ya se están tomando medidas para llevar la persecución hasta el país vecino); en segundo lugar, el ISIS se fortificará en las ciudades, donde los ataques de la aviación no pueden causar las mismas bajas que a campo abierto y donde se corre el riesgo de dañar a la población civil, algo que el ISIS podría usar como baza ideológica. Esto quiere decir que, para erradicar la amenaza terrorista, el Ejército iraquí y los peshmerga se verán obligados a luchar cruentas guerras en escenarios urbanos en los cuales la derrota de sus enemigos, aunque a la larga sea inevitable, resultará con gran probabilidad muy costosa en tiempo y vidas.

Plano económico:

Se ha afirmado en distintos medios, y con bastante razón, que el ISIS es el grupo terrorista mejor financiado de la Historia. Algunos analistas estiman que sólo con el contrabando de petróleo pueden recibir dos millones de dólares diarios. Esto se traduce en una gran capacidad para adquirir equipo y tecnología militar y para contratar mercenarios, incluso tropas lo suficientemente adiestradas como para saber manejar armamento y sistemas tecnológicos avanzados[4]. Evidentemente, para debilitar la capacidad militar del grupo es por tanto muy importante cortar sus fuentes de financiación.

Hay que tener en cuenta que las donaciones de particulares o quizá Gobiernos no han sido, probablemente, la principal fuente de ingresos del ISIS en el pasado. Junto a estas donaciones, que indudablemente se dan, los terroristas han ingresado mucho dinero procedente de las extorsiones, los secuestros, los saqueos de entidades financieras y la gestión de infraestructura energética. De todos ellos, los secuestros es la única fuente que a día de hoy seguramente mantiene la importancia que tuviera en el pasado, o quizá incluso aumente, pero las restantes han quedado dañadas: las extorsiones se podían practicar cuando el ISIS era una fuerza encubierta y la vigilancia sobre el grupo era más laxa, pero ahora le resultará más difícil practicarla dado que todo Iraq está movilizado contra la amenaza; y, en las zonas que el ISIS ahora controla, el comercio está prácticamente interrumpido y la economía lo suficientemente dañada como para que la extorsión (o la “recolección de impuestos”) deje de suponer una fuente de ingresos al mismo nivel que pudiera serlo antes. Los saqueos de entidades financieras no se pueden producir si no se conquista nuevo territorio, algo que ya hemos visto se ha vuelto muy complicado para el grupo, al menos en Iraq. Y, finalmente, la gestión de infraestructura energética y la venta de la producción, especialmente de petróleo, está otorgando al grupo terrorista unos importantes ingresos, pero previsiblemente menguarán a medida que se vean forzados a, como hemos visto antes, retirarse a las ciudades y por tanto perder el control sobre la infraestructura. Esto es algo que está sucediendo ya: el 28 de agosto, los terroristas han quemado varios pozos petrolíferos a medida que huían de un ataque kurdo cerca de Mosul, lo que significa que han renunciado ya a su control[5].

Por el momento, es probable que el ISIS pueda mantener un nivel elevado de ingresos sin depender decisivamente de la financiación externa. No obstante, a medida que la economía en las zonas ocupadas termine de desmoronarse y su control sobre las infraestructuras energéticas se pierda, la dependencia del exterior será mayor. Es de gran importancia identificar bien quiénes son sus financiadores y actuar contra ellos. Las sanciones de las Naciones Unidas a determinados individuos que podrían ser financiadores del movimiento son, aunque limitadas, un buen punto de partida para comenzar el acoso financiero al grupo. No obstante, se deberá vigilar que realmente se implementen estas sanciones, pues la única consecuencia (al menos visible) que han tenido hasta ahora ha sido la detención durante cuatro horas de un clérigo kuwaití que fue posteriormente liberado sin cargos.

Este asedio se vuelve más difícil cuando se trata de Gobiernos o personas relacionadas con Gobiernos. En el propio Kuwait, Estados Unidos se ha quejado varias veces de que se hace la “vista gorda” con la financiación de grupos terroristas, llegando incluso a señalar como financiador del Frente Al-Nusra a Nayef Al-Ajmi, Ministro de Justicia y Asuntos Islámicos del país. Hace poco, Gerd Müller, el Ministro alemán de Cooperación Económica y Desarrollo, denunció que el Gobierno de Qatar estaba financiando al ISIS: Qatar, por supuesto, lo negó, y el Gobierno alemán ya ha pedido disculpas por las declaraciones de su miembro.

Plano ideológico:

El ISIS está extendiendo su ideología violenta principalmente por medio de una ofensiva militar, pero no por ello debe considerarse que este sea el único ámbito en el que se debe producir su derrota. Sin una retórica que aniquile las bases ideológicas del grupo, éste no podrá ser derrotado porque recibirá un apoyo popular que reforzará sus líneas e, incluso en el caso de que fuera vencido, su amenaza se volvería a reproducir en el corto o medio plazo.

Dada esta situación, el enfoque con el que Estados Unidos y todo Occidente se está aproximando al conflicto es sumamente inteligente: los Gobiernos occidentales pueden y deben prestar ayuda a Iraq, no sólo humanitaria sino también militar o, incluso, apoyar con ataques aéreos como hace Estados Unidos[6] y, a lo sumo, operaciones encubiertas de grupos de fuerzas especiales. No obstante, ningún soldado occidental debe poner un pie en Iraq, porque si así lo hicieran le resultaría muy fácil al ISIS recurrir a su propaganda del “mundo musulmán” amenazado por los “cruzados del Occidente cristiano”.

El ISIS, y algunos medios occidentales, están intentando presentar este último conflicto como un enfrentamiento entre civilizaciones. No hay tal, porque el ISIS difícilmente representa ningún tipo de civilización: es barbarie en estado puro, quizá apoyado en avances tecnológicos y tácticas militares avanzadas, pero barbarie en definitiva. El ISIS, incluso aunque su demente líder se haya proclamado Califa, no representa en modo alguno al Islam, y es importante que los propios musulmanes y especialmente sus líderes religiosos extiendan este mensaje para evitar que los terroristas puedan continuar reclutando adeptos. Las declaraciones procedentes de Al-Azhar, una de las más importantes mezquitas del mundo musulmán suní, y del Sheikh Abdul Aziz Al-Sheikh, la mayor autoridad religiosa de Arabia Saudí, ambas condenando al ISIS y explicando que supone una amenaza también para el credo mahometano, son sin duda un avance, pero las naciones musulmanas no pueden quedarse en una mera declaración de principios, sino que deben tomar medidas activas para perseguir de forma eficaz a quienes favorezcan de cualquier manera el salvajismo del ISIS.

Con todo, la consecuencia más importante de evitar que el conflicto tome una dimensión favorecedora a los intereses de los terroristas es que se debe reconocer y ayudar a que sean las fuerzas armadas e instituciones iraquíes las que lleven el peso de la ofensiva contra el ISIS en Iraq. El grupo, con sus acciones demenciales, ha declarado la guerra a toda la Humanidad, pero principalmente a Iraq, cuyo Gobierno es elegido de forma democrática[7], es legítimo y es un país soberano. Además, los terroristas se están dedicando a explotar las divisiones sectarias del país, algo que debe ser evitado si se quiere que Iraq tenga viabilidad como Estado y por lo tanto se alcance una paz duradera en la región. En este sentido, las noticias son esperanzadoras: aunque sea sólo en el plano militar, árabes y kurdos están colaborando estrechamente en la defensa del país contra el ISIS, y han alcanzado logros destacados en esfuerzos conjuntos como la reconquista de la presa de Mosul. Tras la dimisión de Al-Maliki y el nombramiento de Haider Al-Abadi como Primer Ministro del país, varias tribus suníes de Anbar que habían amenazado con unirse a los terroristas si Al-Maliki no dimitía han jurado ya lealtad al nuevo Primer Ministro (quien, como Al-Maliki, es chií) y están hostigando al ISIS en Ramadi. Esta reconciliación entre los elementos principales de la sociedad iraquí es todavía precaria, y puede verse rota por incidentes como la matanza de suníes que una milicia chií desató recientemente en una mezquita en Diyala, pero es importante ver que poco a poco empieza a nacer una conciencia entre todos los iraquíes de que sólo podrán alcanzar seguridad y estabilidad si cooperan entre sí. Lo cual, a su vez, triturará las bases sobre las que se asienta el mensaje ideológico del ISIS, al impedir que presente sus matanzas como una “resistencia legítima” de suníes contra chiíes y musulmanes contra occidentales.

Conclusión:

Desde que el ISIS atacó Mosul en junio se vio, al margen del pánico que provocó en los tres primeros días de conflicto su ataque relámpago, que era imposible que pudiera ganarlo en términos puramente militares. No obstante, es posible que ni siquiera estuviera en la mente de sus líderes el vencer en términos convencionales, sino simplemente crear un estado de caos tal que, incluso aunque sus conquistas fueran retomadas por el Ejército iraquí o por otro contendiente, la presencia e influencia del grupo siguiera siendo lo suficientemente poderosa. Esto sí es un peligro real para el cual la respuesta militar no basta.

La Historia muestra que es posible que un grupo terrorista o paramilitar se haga con el control de parte o todo un Estado, como ha sucedido en Afganistán, en Somalia y en partes de Pakistán, pero sólo en situaciones de vacío de poder. Allá donde las instituciones del Estado son fuertes, eficaces y están cohesionadas, nunca un ataque de naturaleza terrorista ha conseguido desbancarlas. Es por ello que la derrota del ISIS pasa necesariamente por el fortalecimiento de las instituciones de Iraq, tarea que corresponde principalmente a los iraquíes. Si esto se consigue, el ISIS habrá perdido todo su sustento ideológico y con ello su razón de ser.

GIN Revista

 

[1] Según algunos medios se trata de la “Fuerza Dorada”, un cuerpo de élite de dos mil hombres que ha sido muy importante en la reconquista de la presa de Mosul.

[2] http://iswiraq.blogspot.com/

[3] Hay rumores en Iraq que afirman que Abu Bakr Al-Bagdadi ha abandonado Mosul y ha vuelto a Siria, aunque es muy difícil conocer el grado de credibilidad de los mismos.

[4] Varios medios estadounidenses han alertado recientemente de que el ISIS espía las posiciones del Ejército sirio mediante drones.

[5] http://www.dailystar.com.lb/News/Middle-East/2014/Aug-28/268795-isis-burn-3-iraq-oil-wells-as-kurds-attack.ashx#axzz3BilRE1Ql

[6] Australia y Gran Bretaña están barajando mandar también a sus respectivas fuerzas aéreas a bombardear al ISIS.

[7] Aunque bajo el Gobierno de Al-Maliki no siempre se haya comportado como tal.





The Dust Settles: Leviathans After a $400bn Gas Deal (21.8.14)

21 08 2014

Fuente: www.theguardian.com

In The End of History, Francis Fukuyama depicts a liberal society as an end point in human progress, yet the world post the 2008 financial and pursuing economic crises sees a revival of state capitalism rather than any moves towards a less regulated economic structure in the world of international commerce.

The leviathans in this article refer to Russia and China, in particular Gazprom and China National Petroleum Corp (CNPC). The two gigantic state owned enterprises (SOEs) concluded a pipeline gas contract that lasts until 2048, with up to 38 billion cubic metres supplied annually underneath the Siberian permafrost.

Though Gazprom shares rose substantially on the news, its forecast for capital expenditure and investment will surely rise as it promises to invest $55bn on building a new pipeline and two supporting gas fields to supply the ever growing Chinese demand for hydrocarbons. Of course, this is necessary for the Russian Federation as a nation, not only for Gazprom as a company. With an economy neither as holistic as that of Western Europe’s nor as fast growing as that of China’s, Moscow relies on its energy exports to supply the national budget. Analysts at Thompson Reuters believe that world oil price below $110 per barrel would lead to a balance of payments deficit at current levels of expenditure for the 2014 fiscal year.

The deal is relatively favourable from a Russian perspective as European Union nations could become more hostile, exemplified by the sanctions in the ever unravelling Ukraine crisis; though the motives of Russia’s actions regarding Ukraine is matter for another article. It is important to keep in mind that Gazprom, and Russia as a whole, still profits far more from pipeline gas export to Europe than to Asia even after this recent mega-deal is taken into account. The short term reality is that Europe cannot do without Russian gas while Russian SOEs can survive via other export routes if Europe reduces its level of import.

The Kremlin is using its hydrocarbon exports to send a clear message to the European Union in the grand bargaining of hegemony over Eastern Europe.

The picture for China cannot be more different. The Chinese has other importing options, including existing and soon to be complete liquefied natural gas (LNG) terminals as well as Central Asian pipe lines stretching to Kazakhstan.

Once the American LNG fields become fully productive, the global supply will increase while making the United States a net energy exporter according to most analysts. This market has been heating up in 2014, as firms such as Blackstone Group buys up shale related assets from more conservative stakeholders. Therefore, Russia is understandably exploring its own LNG exporting options. Via Vladivostok, it can easily supply Asian destinations. A notable example is energy hungry Japan that is paying a premium on imported LNG after the shut down of its nuclear power plants. It is currently buying roughly a third of the global LNG exports.

In such an environment, CNPC enjoys a larger bargaining power than Gazprom since the former has wider purchasing possibilities at the present. Both SOEs however, suffer from the almost inevitable faults of inefficient governance and bureaucratic processes that come as part and parcel of being owned by a sovereign state. Perhaps it is time for Gazprom and CNPC to look at Statoil of Norway as an example of a well oiled SOE, it is lean and efficient even if it lacks the obvious potential that Gazprom and CNPC holds. In 2014, six years after the start of the financial meltdown, many SOEs are in a stronger position than before due to the protectionist instinct of many governments. Though Fukuyama will likely disagree, in 2014 we are presented with an unique opportunity for the SOEs to utilise their position in the commercial world to increase multilateral cooperation rather than grow increasingly inward-looking.

Yichen Wu

London, 18th August 2014

To contact the author, please email at message.yichenwu@gmail.com





La persecución en Iraq

24 07 2014

Fuente de la imagen: pamelageller.com

La semana pasada, el Estado Islámico de Iraq y el Levante eliminó el Cristianismo de Mosul, uno de los mayores centros cristianos de Oriente Próximo desde los primeros tiempos del Cristianismo. Ya no estamos ante un simple ataque terrorista, sino ante una campaña genocida que tiene como objetivo a los cristianos, los chiíes y, en general, cualquier grupo religioso que no comulgue con las ideas “religiosas” de los salvajes del ISIS.

La primera señal de aviso para los cristianos de Mosul, muchos de los cuales ya habían abandonado la ciudad cuando fue tomada por el ISIS el diez de junio, les llegó el miércoles 16 de junio, cuando despertaron viendo una pintada en sus puertas con la letra “n” árabe, la inicial de “Nassara”, que literalmente significa “nazarenos” y se aplica a los cristianos en los países árabes. Junto a esta letra había una inscripción que decía “Propiedad del Estado Islámico”. De esta forma, vieron que sus casas estaban listas para ser confiscadas.

El viernes siguiente, los terroristas del ISIS repartieron panfletos en que se instaba a los cristianos a escoger entre tres opciones: convertirse al Islam, pagar una suma de dinero no especificada[1] o “la espada”. Desde los minaretes de las mezquitas se decía a los cristianos que tendrían hasta el mediodía del día siguiente, sábado 18 de julio, para escoger entre estas tres opciones. Aquellos que no se hubieran convertido al Islam o hubieran pagado, pero que permanecieran en la ciudad, serían masacrados. Para añadir fuerza a sus palabras, saquearon, profanaron y prendieron fuego a la catedral siríaca de San Efraím, a la que anteriormente habían eliminado el crucifijo principal sobre su cúpula, sustituyéndolo con una bandera negra del ISIS.

La mayoría de los cristianos intentó huir el mismo viernes. Sin embargo, los terroristas habían hecho saber que no podrían llevarse más posesiones que las ropas que llevaran puestas, y cumplieron con su amenaza: a la salida de Mosul, e incluso a cierta distancia de esta, había controles de terroristas que detenían a los cristianos que huían. Les quitaron todo el dinero, los teléfonos móviles, las medicinas, la comida, el agua y hasta los documentos de identificación o los pendientes de oro de un bebé. Desde luego, “confiscaron” los vehículos, de forma que los cristianos tuvieron que huir hacia Duhok (unos 70 km.), Al Qosh (45 km.), Qaraqosh (30 km.) o Erbil (80 km.) a pie, bajo temperaturas que en esta época del año pueden alcanzar los 50 grados en las planicies del norte de Iraq. Los terroristas no hicieron excepciones ni siquiera con los ancianos.

Por mis contactos en Iraq he podido tener conocimiento indirecto de lo sucedido en estos controles. Cuando una mujer cristiana les dijo: “¿Por qué no nos matáis ya y acabamos con esto?”, los terroristas le respondieron: “Ya os mataremos, todavía no ha llegado el momento”. Cuando a una anciana le despojaron de todo lo que tenía y la dejaron sola con su marido en medio del desierto, ésta les preguntó: “¿Y de qué vamos a vivir ahora?”, a lo que recibió como contestación: “No es nuestro problema. Ve a pedirle comida a los curas”.

Poco después, los terroristas tomaron el monasterio siríaco de los mártires San Behnam y su hermana Sara, cuya presencia se remonta al siglo IV y por tanto a los albores de la vida monástica, y repitieron el mismo procedimiento: obligaron a los frailes y a todas las familias que se habían acogido a la protección del monasterio a marcharse.

La reacción dentro de Iraq no se hizo esperar. El Patriarca Caldeo, Rafael Luis Sako, emitió un comunicado en el que explicaba los hechos a la comunidad internacional y solicitaba su ayuda. Varios cristianos y musulmanes han realizado manifestaciones a favor de los cristianos atacados en Bagdad, en la iglesia caldea de San Jorge, bajo el lema “Yo soy iraquí, yo soy cristiano” y “somos el pueblo de la n” (por las pintadas con que los terroristas les han marcado). En la propia Mosul, el profesor Al Asali, de la Universidad local y musulmán, se enfrentó valerosamente al ISIS por lo que habían hecho. Fue ejecutado[2].

Iraq no puede detener este problema solo, y no es un asunto que concierna únicamente a este país, sino a todas las personas. Estados Unidos intervino en Iraq en 2003 ante la sospecha, que posteriormente se mostró infundada, de que Iraq tenía armas atómicas. ¿No considera que la existencia de graves delitos contra la Humanidad sea un motivo, no para intervenir militarmente, sino para asegurar la seguridad de las personas perseguidas por el ISIS? ¿No lo considera la ONU? Por el momento, lo único que esta organización ha emitido han sido unas declaraciones por boca de su Secretario General, en un primer momento condenando las persecuciones religiosas en general, y dos días después al ISIS en particular.

Está por ver si las potencias y los poderes que rigen el Mundo toman cartas en el asunto[3] o se convierte en otro de los muchos crímenes contra la Humanidad que quedan impunes. Al hacer esto, el ISIS ha declarado definitivamente la guerra no sólo al Gobierno iraquí o a las minorías religiosas de este país, sino a todos los seres humanos en todas partes del planeta.

Francisco Rivas

 

[1] Fuentes posteriores han cifrado esta suma en 450 dólares al mes por persona de cada familia, algo imposible de pagar y máxime si se tiene en cuenta que el ISIS ha impedido que se paguen los sueldos a los cristianos y les ha impedido también sacar su dinero de los bancos.

[2] Ya desde la toma de Mosul, el ISIS había implantado una serie de “leyes” entre las que se recogía como delito castigado por la muerte el llevar la contraria al ISIS.

[3] Existe una iniciativa, puesta en marcha por Aleteia, que recoge firmas para presentarlas ante la ONU y la Liga Árabe: http://citizengo.org/es/9763-cristiano-iraq-o-te-vas-o-te-matan





La nostalgia del Califato

4 07 2014

Fuente de la imagen: bbc.co.uk

La institución del Califato es consustancial a la Historia del Islam, ya que surgió en el mismo momento de la muerte de Mahoma. Al contrario que Cristo u otros líderes religiosos, Mahoma había fundado no sólo una religión, sino un “Estado”: la “umma”, la comunidad de los creyentes en el Islam, era una entidad definida en base a un credo pero también una comunidad política, cuyo líder indiscutible era el Profeta. A su muerte, esta comunidad se vio en la necesidad de determinar, no sólo quién debía ser el sucesor de Mahoma, sino en qué términos debía suceder a quien era irrepetible.

Abu Bakr, el suegro de Mahoma y primer hombre en aceptar su predicación, fue elegido, en base a un cierto consenso, líder de la comunidad. A él se atribuyen las palabras: “Musulmanes, si adoráis a Mahoma, Mahoma ha muerto; si adoráis a Dios, Dios vive”. Su cargo fue el de Califa, que significa literalmente “sucesor” (“خليفة” en árabe). Se entendió, y se practicó desde entonces con mayor o menor rigor, que el Califa debía ser hombre, musulmán, y familiar del Profeta. Sus poderes quedaron más definidos por una suma de situaciones fácticas que por leyes escritas u orales, pero en esencia se resumieron en que se trataba de un líder ante todo político, con ciertas atribuciones religiosas, pero en ningún caso un líder religioso. Sí era, en todo caso, el jefe de todos los musulmanes.

Ya desde este momento hubo dos movimientos de oposición, ambos minoritarios pero con cierta fuerza. Uno fue el de los jariyíes, quienes consideraban que cualquier musulmán podía ser líder de la comunidad, y podía ser destituido si dejaba de comportarte como un buen musulmán. Este movimiento dio origen al Islam ibadí, que sigue existiendo hoy en Omán y en algunas zonas de Argelia[1]. El más importante, sin embargo, fue el de los chiíes, que defendían a Ali ibn Talib, primo y yerno de Mahoma tras su matrimonio con Fátima, como el líder que debía guiar a la comunidad. Contrariamente a lo que proponían los partidarios de Abu Bakr, los chiíes[2] estructuraban el liderazgo de la comunidad como un Imanato, en el que el Imán era ante todo un líder religioso y aquel a quien Dios hablaba directamente por intercesión de Mahoma, y, como consecuencia, también un líder político. Vemos ya desde el primer momento de la Historia del Islam la oposición entre los dos sistemas de Gobierno principales: el Califato, donde el Califa es ante todo un líder político con ciertas atribuciones religiosas, y el Imanato, donde el Imán es ante todo un líder religioso con atribuciones políticas. Esto se ejemplifica en la renuncia de Ali a asumir el Califato tras el asesinato de Omar, el segundo Califa, en el 644, sobre la base de que el poder religioso concedido al Califa era insuficiente.

Ali fue finalmente nombrado Califa en el 656, pero fue asesinado por sus propios soldados en el 661, y con él terminó el periodo de los Califas “ortodoxos” (los “rashidun, الراشدون”). El Califato quedó en manos de Muawiyya, de la familia de los Omeya (“Umayyad”), hasta que su dinastía fue sustituida por la de los Abasíes en el 750, quienes trasladaron la capital desde Damasco hasta Kufa y, posteriormente, a Bagdad[3].

Los Califas omeyas no habían tenido un gran interés en fomentar la conversión de sus súbditos al Islam, con lo que se había creado un Imperio que, a pesar de estar regido por gobernantes musulmanes, gobernaba sobre una mayoría de súbditos no musulmanes. Esto cambió con los Califas abasíes y, a mediados del siglo X de la Era Cristiana, la mayoría de los habitantes del Imperio conquistado por los árabes se había sometido ya al Islam. La consecuencia fue una mayor cohesión en el ámbito cultural, pero, paradójicamente, se dio también una mayor desunión política. El primer ataque al Califato de Bagdad procedió de España, donde los Omeyas habían seguido reinando tras su derrota en Siria y habían proclamado un Emirato independiente, que se convirtió en Califato en el 929. Después, los fatimíes se autoproclamaron también Califas en El Cairo en el 969[4]. Se dio entonces la extraña situación de que el liderazgo de la comunidad musulmana, que por lógica debía ser único, residía en tres centros distintos de poder: Córdoba, El Cairo y Bagdad. El Califato original, el abasida, seguía existiendo, pero de hecho había quedado considerablemente debilitado después de que una tribu de mercenarios turcos, los Buyíes, asumiera el poder en el 945. Los Buyíes no habían querido proclamarse Califas, pero habían absorbido tanto el poder de éstos que habían convertido el cargo en un título prácticamente honorífico.

El Califato de Bagdad, no obstante, siguió existiendo hasta el año 1258, cuando las tribus mongolas arrasaron Iraq, depusieron a los Califas abasíes y tomaron el control de su reino. Estas tribus eran paganas, pero acabarían convirtiéndose al Islam. Desde ese momento, varios gobernantes distintos asumieron el título de Califa, aunque nunca llegaron a tener el apoyo y/o la legitimidad que habían tenido los abasíes y los omeyas antes que ellos. Finalmente, el título dejó de usarse cuando Kemal Atatürk acabó con el Imperio Otomano para reformar Turquía. Desde entonces, ningún gobernante ha pretendido el liderazgo de toda la comunidad de creyentes musulmanes.

Con estos antecedentes, es fácil ver que la reciente autoproclamación de Abu Bakr Al-Bagdadi, el líder terrorista del Estado Islámico de Iraq y Siria, como Califa y por tanto guía espiritual de todos los musulmanes del mundo, es de lo más estúpido que ha sucedido en Oriente Próximo en décadas. Las palabras de uno de sus portavoces afirmando que todos los musulmanes “deben obediencia a su Califa” han provocado, a lo largo y ancho del mundo islámico, poco más que risas y burlas[5]. En efecto, los terroristas han querido dar a esta autoproclamación un aire triunfalista de retorno al Califato y, por ende, a los tiempos gloriosos del Islam. Pero la realidad es que parece más una llamada desesperada de ayuda ante el contraataque del Ejército iraquí que la proclamación de un triunfo inexistente.

A efectos jurídicos, el nombramiento de Abu Bakr Al-Bagdadi como Califa despliega los mismos efectos que si hubieran proclamado Califa a un mono borracho. En primer lugar porque, como hemos visto, para que un Califa sea tal debe proceder del linaje de Mahoma, algo que sólo él afirma. En segundo lugar, porque el Califa, para ser tal, debe ser proclamado por la comunidad (o por representantes de la misma, en todo caso). Por tanto, la autoproclamación no es un instrumento válido para asumir el cargo.

Esta pretensión, aún siendo absolutamente inválida, esconde no sólo un ansia de poder desmedido, sino una eventual amenaza a todos y cada uno de los países musulmanes del mundo: si Abu Bakr Al-Bagdadi fuera, como él quiere ser, el líder de toda la comunidad de creyentes, los Gobiernos de todas las naciones musulmanas desde Mauritania hasta Indonesia deben someterse a él. La única forma en que un maníaco que apenas controla partes de desierto entre Siria e Iraq y algunas ciudades en ambos países puede aspirar a ejercer un control tan absoluto sobre tantísimas naciones es viviendo en un universo paralelo, y nos muestra que este individuo ha perdido todo contacto con la realidad.

Porque, incluso aunque sus palabras pudieran generar algún efecto, este sería (y probablemente sea) totalmente negativo para sus intereses. Es delirante pensar que vaya a haber facciones musulmanas medianamente serias que puedan aceptar su pretensión al Califato y someterse a él. Incluso aunque los suníes bloquearan la formación del nuevo Gobierno en Iraq[6], no lo harían para reclamar que Abu Bakr Al-Bagdadi sea proclamado Califa, sino por otros intereses que, como mucho, usarían al ISIS como cortina de humo. Los musulmanes tampoco van a llegar a Iraq en masa para defender el nuevo Califato, y menos cuando día tras día llegan noticias de aprovisionamiento y reagrupamiento del Ejército iraquí y se intensifica la presencia iraní y de Estados Unidos para aplastar al ISIS.

Incluso, entre aquellos que le apoyan, puede provocar la retirada de ayuda o el enfrentamiento directo: la guerra que vive Iraq tiene al ISIS como principal oponente, pero en modo alguno como único. Abu Bakr Al-Bagdadi ha conseguido reunir a su bandera a terroristas yihadistas, está claro, pero también a simples descontentos con el Gobierno que no buscan una mayor justificación religiosa y a antiguos miembros del Baath, partido socialista y secularista que pueden en un momento dado hacer causa común con el ISIS si les resulta conveniente, pero que no van a tolerar que Abu Bakr Al-Bagdadi pretenda reclamar un derecho político y moral a convertirse en líder de la coalición, menos aún de todo el Mundo Islámico.

La única consecuencia positiva que podría derivarse para el ISIS de toda esta locura es, como apuntan algunos analistas, que la organización suplante a Al-Qaeda como referente del terrorismo islámico mundial, pasando a engrosas sus filas con terroristas que antes se habrían unido a Al-Qaeda y ahora consideran a ISIS como un candidato más puro. Esto es posible, pero hay dos matices a tener en cuenta: en primer lugar, Al-Qaeda está mucho más extendida geográficamente, y su influencia engloba zonas a las que el ISIS, constreñido a Siria e Iraq, no puede llegar. Es mucho más probable que Al-Qaeda siga captando a los aspirantes a terroristas por la sencilla razón de que serán incapaces de alistarse en el ISIS. En segundo lugar, Al-Qaeda, gracias a esta dispersión geográfica y a que ha adoptado un perfil más bajo, está mucho más a salvo de represalias. El ISIS ha comenzado una guerra que a todas luces no puede ganar, y se ha condenado a sí mismo al fracaso, incluso aunque sea capaz de resistir a los Ejércitos iraquí e iraní durante meses o años.

Los grupos terroristas, y el ISIS no es otra cosa que un grupo terrorista, no han sido capaces hasta la fecha de vencer a Ejércitos profesionales en enfrentamientos convencionales[7], y el ISIS se enfrenta a un Ejército profesional respaldado por Irán y Estados Unidos en una guerra convencional. Abu Bakr se ha buscado enemigos demasiado poderosos para él, y su autoproclamación sólo sirve para demostrar que, efectivamente, ha perdido todo contacto con la realidad.

Francisco Rivas

 

[1] El líder de la comunidad según los jariyíes-ibadíes era un imán. Los ibadíes tuvieron un imán hasta que fue despojado de todo poder por el Sultán Qaboos bin Said, el actual dirigente de Omán, en la década de los ochenta.

[2] Palabra que procede de “shiat Ali”, los partidarios de Ali.

[3] Que fue fundada por el segundo Califa de la dinastía, Al-Mansur, en el lugar en que se levantaba una iglesia cristiana, según relata el cronista Al-Tabari.

[4] Un caso curioso, dado que los fatimíes eran chiíes. En realidad, se proclamaban imanes y también califas.

[5] Como mera curiosidad, pregunté a mis compañeros musulmanes su opinión sobre la autoproclamación como supuesto líder suyo. Una mujer siria suní mostró indiferencia: “Es como si tú te proclamaras Califa”. Un omaní ibadí mostró estupor: “Está loco”. Y un sirio suní mostró enfado: “¡Me cago en su cabeza! ¿Se supone que ahora debo obedecer a ese perro?”

[6] El retraso de la sesión para la constitución del Gobierno iraquí hasta la semana próxima se ha debido más a tensiones entre kurdos y árabes que entre suníes y chiíes.

[7] El que más cerca estuvo de lograrlo fue Hizbolá en la guerra contra Israel en 2006, pero incluso Hizbolá, con mucha más experiencia, financiación y apoyo popular que el ISIS, apenas fue capaz de lograr una salida digna del conflicto.





La hora más crítica de Iraq

27 06 2014

 

Fuente: www.albawaba.com

Han pasado ya más de dos semanas desde que el Estado Islámico de Iraq y Siria tomara Mosul y Tikrit en un fulgurante ataque relámpago, y quedara detenido en Samarra y Baquba. Los eventos de estas dos semanas muestran que tal ataque fue una temeridad suicida, y un espejismo: ISIS tomó esas dos ciudades porque el Ejército iraquí, simplemente, no combatió. Allí donde el Ejército, la Guardia Revolucionaria iraní o los peshmerga kurdos les han hecho frente, los terroristas han sido incapaces de triunfar (casos de Baquba o Qaraqosh) o han perdido el terreno al poco de conquistarlo (casos de Jalula y Baiji). Las pocas ciudades de las que se han adueñado en estas dos semanas eran lugares donde la presencia del Ejército era insuficiente o se encontraba desligado del núcleo de mando.

El motivo principal de estas derrotas, que aún así no han acabado todavía con la amenaza, lo adelantábamos en La caída de Iraq: los terroristas estaban provocando una reacción internacional con la que no iban a poder convivir.Al apoyo de Irán, cada vez mayor, se suma el de Siria, que bombardeó el jueves las posiciones del ISIS, matando, según los medios, a 57 milicianos. Es evidente que ninguna de estas dos naciones puede permitirse que Iraq, o una parte sustancial de su territorio, quede fuera del control de un Gobierno que es su aliado y pase a formar parte de un “Estado” que les sería sistemática e incondicionalmente hostil. La reacción siria se da, además, como consecuencia de las últimas conquistas del ISIS en Iraq, que se ha dirigido hacia la frontera entre ambos países para facilitar el movimiento de los terroristas de un escenario bélico a otro.

La situación de los terroristas en este momento es bastante comprometida. La gran rapidez con la que han desplazado sus tropas ha sido una apuesta muy arriesgada y, al quedarse detenidos en Baquba y Samarra, la han perdido. Sin capacidad antiaérea, el desplazamiento entre todas las poblaciones que está bajo su control, a través del desierto, es esencialmente una invitación a ser masacrados por una Fuerza Aérea iraquí que, incluso estando bajo mínimos[1], no puede sufrir bajas y dispara a placer. Sus inminentes refuerzos, en forma de cazas de segunda mano rusos y apoyo de la aviación siria e iraní[2], le van a conceder una superioridad militar con la que ISIS, sencillamente, no puede lidiar. Esta superioridad aérea debería impedir todo movimiento de los terroristas entre las ciudades ocupadas (o al menos dificultarlo enormemente), lo que ayudaría a fijar cuál es la fuerza real a la que se enfrenta el Ejército iraquí en cada ciudad y planificar un contraataque en consecuencia.

De hecho, en las últimas horas ha comenzado el contraataque para recuperar Tikrit, después de que el jueves varios grupos de operaciones especiales tomaran posiciones dentro de la ciudad. El hecho de que el Ejército iraquí retome la iniciativa es muy importante porque significa que tienen importantes garantías de éxito. El arma principal del ISIS, como de todos los grupos terroristas, es la intimidación y el miedo, que se expande con mayor facilidad en caso de que venzan. Es por ello que el Ejército iraquí y Qaseem Suleiman, el veterano líder de la Guardia Revolucionaria iraní, deben tener muy claro que el ISIS está debilitado hasta un punto en que no puede conseguir nuevos triunfos espectaculares que alimenten el pánico y, con ello, la deserción. Desde el momento en que el Gobierno retoma el control en las operaciones militares, prácticamente se puede afirmar que el ISIS está derrotado, aunque su derrota definitiva, si es que se produce, probablemente tarde meses en llegar.

Esto no significa, ni mucho menos, que Iraq comience a despertar después de la terrible noche que está sufriendo con el ataque del ISIS. Los terroristas no son la mayor amenaza para el país, y nunca lo han sido. De hecho, el ISIS no es más que la forma que toma la verdadera pesadilla de Iraq, que es su división sectaria, y esta pesadilla seguirá viva aún después de que muera el ISIS si no se toman las medidas necesarias para enterrarla definitivamente.

Ya anunciábamos en Samarra: una nueva esperanza, una nueva amenaza (15.06.14) que la victoria sobre el ISIS puede llegar a ser incluso una maldición, si no se gestiona bien el triunfo y se usa como justificante para que Maliki permanezca en el poder, o lo haga en los mismos términos en que lo ha hecho hasta ahora. Es el descontento con el Gobierno y su política sectaria a favor de los chiíes y en contra de los suníes lo que está sirviendo de combustible a una ofensiva terrorista que, en caso de que hubiera habido un Gobierno eficaz, no habría pasado de ser un ataque de montañeses dementes contra una ciudad en la que habrían sido barridos. Gracias a esta política sectaria, las filas del ISIS se han reforzado con clanes suníes agraviados por el Gobierno o, cuanto menos, han recibido ayuda de ellos; han conseguido un apoyo social importante, al presentarse como los vengadores de tales agravios; y han conseguido fácilmente instigar a un Ejército desmoralizado a la deserción, lo cual a su vez ha traído la consecuencia, muy negativa, de que el Gobierno haya recurrido a armar civiles y organizarlos en milicias, todas ellas de chiíes, para defenderse.

Maliki no debe dimitir, o al menos no mientras ISIS siga haciendo frente al Estado, ya que significaría ceder a las presiones terroristas. No obstante, sí debe preocuparse mucho de variar su política y gobernar el país de forma que todos sus habitantes sean tratados de la misma forma, y no en base a una diferencia tan peligrosa y volátil, especialmente en Oriente Próximo, como es el credo. Ya hay varias voces relevantes que se han alzado para solicitar esto: tal ha sido el mensaje transmitido por Kerry en su visita de esta semana a Iraq y, más significativamente, la petición de Moqtada Al-Sadr y el ayatolá Sistani. Estos dos clérigos chiíes tienen una grandísima relevancia en el país y especialmente entre la comunidad chií, a la que pertenece Maliki, por lo que sus palabras son una garantía eficaz de que la formación de un Gobierno donde los suníes tengan una mayor presencia no va a ser percibida por los correligionarios del líder iraquí como una claudicación frente al Islam suní sino como un movimiento necesario para salvar el país.

También es importante destacar que tanto Moqtada Al-Sadr como el ayatolá Sistani tienen mucha relación con Irán[3], lo que significa que Irán ha comprendido que tiene que ceder parte del poder a los suníes (o, por lo menos, no descartarlos de la política) para que Iraq no se convierta en un infierno en su misma frontera. Por sorprendente que parezca, las posiciones de Irán y Estados Unidos respecto a Iraq coinciden, y esto debería favorecer la restauración política del país, en tanto que presupone que se le darán las facilidades necesarias para que se lleve a cabo.

Hay, con todo, una tercera parte cuyo único pronunciamiento ha sido para pedir la dimisión de Maliki, y que es Arabia Saudí. Los saudíes son posiblemente el único país que no quiere ver un Iraq estable, ya que la estabilidad puede llevar a su fortalecimiento, y aún no han olvidado el terror que sintieron cuando las tropas de Saddam Hussein entraron en Kuwait[4]. Y Arabia Saudí es un Estado que también posee influencia entre los suníes de Iraq, y puede financiar (como de hecho financia) operaciones terroristas e instigar revueltas entre los suníes del país. En definitiva, la posibilidad de que la restauración política de Iraq, caso de que se llegue a acometer, sea torpedeada por los propios suníes siguiendo las directrices de Riyadh es una posibilidad muy real, y que puede diluir muy rápidamente las aparentemente buenas intenciones de Irán para devolver Iraq a su estado de campo de batalla. El tiempo lo dirá.

Francisco Rivas

 

 

[1] Según el Center for Strategic & International Studies, Iraq tenía 316 aviones de combate en 2003, antes de la entrada de Estados Unidos. En 2012 sólo tenía 3. En mayo, Iraq voló por primera vez 52 cazas F-16 comprados a Estados Unidos.

[2] Se rumorea que Irán está enviando drones a Iraq.

[3] Sistani, de hecho, nació en Irán, en la ciudad de Mashhad, donde está enterrado el único Imán chií cuya tumba no se encuentra en Iraq.

[4] Iraq había contraído una deuda respetable con Arabia Saudí y Kuwait en su guerra contra Irán, entre 1980 y 1988. La invasión de Kuwait pretendía “condonar” la deuda con el pequeño país y mandarle un mensaje de aviso a la familia Saud.





Samarra: una nueva esperanza, una nueva amenaza (15.06.14)

15 06 2014

Fuente de la imagen: http://www.sbs.com.au

En los últimos días, el fulgurante ataque del Estado Islámico de Iraq y Siria ha sido detenido. Abu Bakr al Bagdadi, el salvaje líder de los terroristas, no ha podido conquistar la ciudad que le vio nacer hace 43 años, y con ello ha perdido la ocasión de marchar sobre Bagdad. De hecho, las últimas informaciones que llegan desde Iraq apuntan a una contraofensiva inminente del Ejército iraquí, que ha sido capaz de recomponerse después de sus tan vergonzosas como espectaculares huidas en Mosul y en Tikrit y han plantado cara al ISIS.

El miércoles, el Institute for the Study of War publicaba un artículo explicando la grandísima importancia de la ciudad santuario chií en los planes de ataque del ISIS[1]. Según ellos, los terroristas corrían el riesgo de quedarse empantanados en la ciudad y perder con ello el extraordinario ímpetu que arrastraban desde la toma de Mosul el martes 10 de junio. Eso es exactamente lo que ha sucedido. Samarra es una ciudad de vital importancia religiosa para el Islam chií, que es el principal amenazado por la expansión del ISIS. Y, aunque según las noticias del frente, Al Bagdadi ha intentado negociar la rendición del Ejército en Samarra, asegurando que se respetaría la mezquita de Al-Askari, el recuerdo de lo sucedido en 2006[2] y las palabras de sus lugartenientes, asegurando que iban a llevar la guerra “hasta Bagdad y Kerbala”, han restado toda credibilidad a sus palabras.

Irán ya había advertido a los terroristas que, si entraban en la ciudad, tomarían medidas. Y tal cosa han hecho. El asedio sobre Samarra comenzó la tarde del jueves y, esa misma tarde, unidades de la Guardia Revolucionaria iraní (o del Qods, según las fuentes) entraron en Iraq junto con su General, Qaseem Suleiman, quien se ha encargado de la defensa de Samarra y Bagdad[3]. El viernes por la mañana, momentos después de que comenzara el tercer y último intento fallido del ISIS de tomar la ciudad, el gran ayatolá Sistani llamaba a los fieles chiíes a la guerra santa contra los terroristas, asegurando que todo el que muriera en ella sería un mártir. Pocas horas más tarde, hordas de milicianos y voluntarios chiíes partían desde Kerbala y Bagdad para defender Samarra.

Todo esto ha contribuido a reforzar la moral de un Ejército absolutamente incapaz de controlar la situación, hasta el punto de que fue capaz de permitir que Mosul, con una guarnición de 50.000 soldados, fuera tomada por apenas mil. Gran parte del éxito está en las habilidades negociadoras del ISIS, quien ha conseguido poner de su parte al Ejército en los primeros días de la campaña o, al menos, convencerle de la inutilidad de luchar contra ellos. Esto era algo que no podía hacer en Samarra, y menos con la presencia de la Guardia Revolucionaria Iraní. Su primera batalla ha sido su derrota, y quizá, si la improvisada alianza de chiíes árabes, persas y kurdos consigue orquestar un contraataque eficaz, su final.

Como adelantábamos en La caída de Iraq, era muy improbable que el ISIS fuera capaz de sobrevivir a la reacción regional que sus actos estaban provocando. No obstante, no por ello dejará de ser una amenaza. Quizá sí para Bagdad, pero no para el país, en tanto que es improbable que el terreno tomado por los terroristas pueda ser recuperado con la misma celeridad con la que cayó. El discurso antigubernamental que esgrime en las áreas que ha ocupado (y que ya de por sí eran muy contrarias a un Gobierno que perciben como exclusivamente chií y no nacional), junto a medidas populistas como repartir gasolina y parte del dinero robado en el Banco Central de Mosul, les garantizan un apoyo popular que va a dificultar enormemente su erradicación. Si los acontecimientos siguen su curso, el ISIS sufrirá muchas pérdidas en las próximas semanas[4], pero ni mucho menos estará acabado.

En todo caso, esta victoria, si se produjera, tendría un coste político enorme para el Gobierno de Iraq. No tanto como su derrota, que significaría su destrucción, pero lo peor que puede hacer Iraq es pensar que, una vez comiencen a reconquistar el terreno tomado por el ISIS, las cosas volverán a la normalidad. En absoluto será así, dado que la eventual victoria se habrá conseguido gracias a dos factores que, a la larga, amenazarán aún más la viabilidad de Iraq como Estado que la incursión terrorista.

Estos factores son, en primer lugar, la importancia kurda. El Gobierno Regional del Kurdistán ha sido clave a la hora de enfrentarse al ISIS, ya que mediante la toma de Kirkuk ha puesto en peligro su retaguardia y, después, ha avanzado hasta retomar Jalawla, cerrando también la retirada a los terroristas que intentaban caer sobre Iraq a través de Baquba. Es improbable, no obstante, que los kurdos se nieguen a retirarse de las zonas ocupadas en medio del caos, especialmente de Kirkuk, con el cual llevan soñando desde la década de los noventa y que posee unas reservas de petróleo inmensas. La habilidad que muestren tanto el Gobierno de Bagdad como el de Erbil a la hora de redefinir el status quo entre el Kurdistán y el resto del país será vital para evitar futuras tensiones, que bien podrían derivar también en enfrentamientos armados que, esta vez, afectarían muchísimo más al petróleo, el principal sustento de la economía iraquí.

En segundo lugar, la victoria habrá venido de la mano de, fundamentalmente, las milicias chiíes convocadas por el ayatolá Sistani. Será muy importante lograr que estas milicias no se excedan en su único cometido de derrotar al ISIS, y que entreguen las armas una vez esta amenaza haya sido suprimida. De lo contrario, el fuego que ha avivado el ataque de los terroristas de Al Bagdadi seguirá encendido, ya que éstos han conseguido un gran apoyo al recordar los agravios, en muchos casos ciertos, a los que han sido sometidos los suníes bajo las tres legislaturas del chií Al Maliki. Si las milicias chiíes se desbandan y comienzan a atacar a los civiles suníes, el ISIS seguirá presente, o cualquier otra organización que pueda tomar su relevo.

En definitiva, a corto plazo, la victoria en Samarra representa, si se continúa con la presión sobre los terroristas, la salvación de Iraq. Pero, a largo plazo, puede ser también su maldición. Para que un episodio así no se repita, Al Maliki debe entender, y también Arabia Saudí e Irán (los actores en la sombra en el país desde 2003), que debe gobernar sobre todos los iraquíes, y considerarlos a todos como tales. No en función de su etnia o credo, sino de su nacionalidad. Su política, que hasta ahora ha sido abiertamente ineficaz y en muchas ocasiones sectaria, debe reorientarse a incluir a todos los distintos elementos del país, para que se eviten los agravios que, sin duda, han contribuido a fortalecer la posición de los terroristas. Iraq, parece, ha sobrevivido a su hora más oscura. Pero, si su política no cambia, seguirá sumido en la larga noche.

 

Francisco Rivas

 

[1] http://iswiraq.blogspot.co.uk/2014/06/the-isis-battle-plan.html

[2] Donde Al Qaeda en Mesopotamia, encarnación anterior del ISIS, comenzó la guerra sectaria mediante la destrucción de la mezquita

[3] Un hombre que, paradójicamente, es considerado un terrorista por los Estados Unidos.

[4] Se afirma desde varios medios que, en las últimas 24 horas, el ISIS ha perdido 279 hombres. En una fuerza de apenas siete mil, tal cantidad de bajas en tan corto espacio de tiempo es considerable.





La caída de Iraq

12 06 2014

 

La situación en Iraq, que desde la retirada de las tropas estadounidenses el 1 de enero de 2012 parecía estar estabilizándose, se ha deteriorado en esta última semana hasta un punto que quizá resulte más grave que el que se vivió en 2006, año del estallido de la guerra civil. En apenas tres días el Estado Islámico de Iraq y Siria[1] ha tomado Mosul, la segunda ciudad del país, y ha avanzado a una velocidad fulgurante hasta Samarra, a apenas 70 km. de Bagdad y uno de los santuarios más importantes del Islam chií. En el momento en que se escriben estas líneas, el avance del ISIS parece estar contenido: la aviación iraquí bombardea las posiciones terroristas en Mosul, el Ejército ha reconquistado Tikrit y está rechazando a los invasores en Samarra. No obstante, dado el ritmo de los acontecimientos, esta situación podría cambiar en cuestión de horas.

Lo más probable, tal y como están aconteciendo los hechos, es que los terroristas del Da´ish acaben muriendo de éxito, tal y como le sucedió a Al Qaeda en Mesopotamia tras su brutal campaña de 2006. El ISIS ha proclamado su intención de avanzar sobre Bagdad mañana mismo, pero, incluso aunque esto sucediera, la respuesta regional que ya está suscitando con sus salvajes actos muy probablemente acabe con ellos. Con todo, incluso aunque la presencia del grupo sea erradicada de Iraq, el daño ya está hecho. El país ya ha caído. En este estudio intentaremos abarcar, siquiera sea de forma somera (dado que los constantes vuelcos imposibilitan exponer nada definitivo), por qué se ha llegado a esta situación, qué pretende el ISIS, y cómo afectará al futuro de Iraq lo sucedido en esta semana negra.

Desde el cambio de tendencia en Siria a mediados del año pasado (que comentábamos en Cambio de escenario en Siria), gracias al cual el Ejército sirio de Bashar el Assad recuperó la iniciativa tras la reconquista de Al Quseyr y Homs, se preveía que los grupos terroristas operativos en Siria intentarían extender el caos hacia los países circundantes para involucrar a más actores en una “yihad” fuera de control. Su primer objetivo fue el Líbano, que en junio y julio de 2013 sufrió una serie de atentados y brotes de violencia interreligiosa entre suníes y chiíes. Con todo, la situación no se desestabilizó en el pequeño país mediterráneo, que a día de hoy se mantiene todo lo alejado del conflicto que puede.

Iraq, por el contrario, siempre fue mucho más vulnerable. A pesar de que la violencia se había reducido de forma importante durante el año 2012, siendo uno de los más tranquilos desde la invasión estadounidense en 2003, casi al tiempo que ocurrían los acontecimientos del Líbano comenzaba un lento pero progresivo deterioro de la seguridad en Iraq. La segunda mitad de 2013 fue mucho más violenta que la primera, y ya a comienzos de 2014 Fallujah, una ciudad a apenas 70 kilómetros de Bagdad (56 del aeropuerto internacional) pasó a manos del ISIS después de que las protestas antigubernamentales acabaran fuera de control. El Ejército iraquí intentó después retomar la ciudad, pero no fueron capaces, una de las primeras muestras de lamentable incapacidad que ha protagonizado y que le están costando el desmembramiento de su país.

Estamos viendo, por tanto, que las actuaciones del ISIS no son aisladas, sino que guardan gran conexión con lo sucedido en Siria. Desde el primer momento del alzamiento contra Bashar El-Assad en 2011 se alertó de que la guerra no se limitaría a Siria, sino que tendría resonancias en todos los países vecinos. A pesar de ello, las naciones occidentales comenzaron a armar y apoyar a los insurgentes, y cuando quisieron dar marcha atrás al ver la brutalidad que estaban desatando, ya era tarde. El corte de las ayudas desde mediados de 2013 permitió que El-Assad, con ayuda de Irán y Hizbolá, recuperara el papel cantante en el plano militar, y esto ha hecho que el eje de gravedad del conflicto se traslade a un lugar distinto. Pero sigue siendo el mismo conflicto. El propio nombre de ISIS, Estado Islámico de Iraq y Siria, lo demuestra.

De todos los grupos terroristas que han prosperado bajo el paraguas del alzamiento contra El-Assad[2], el ISIS ha sido el que más fuerza ha mostrado. En un principio afiliado a Al Qaeda, ha sido rechazada por la principal fuerza ideológica del yihadismo por ser demasiado salvaje hasta para ellos. Vistos los acontecimientos, si no cabe duda respecto a su brutalidad, tampoco la hay respecto a su efectividad: su intención, que es crear un Estado Islámico que abarque Siria y las zonas suníes (al menos) de Iraq, se está llevando a cabo de forma metódica e implacable.

Es en este contexto donde hay que situar las acciones del ISIS. A pesar de ser una fuerza terrorista, no se están limitando, como se limitó Al Qaeda en Mesopotamia incluso en sus años de mayor poder, a desestabilizar el status quo. Lo están cambiando. Sus métodos son los de un verdadero ejército invasor, en tanto que están ocupando ciudades, las están manteniendo e imponiendo en ellas su delirante versión de lo que consideran un Gobierno, y tienen un plan de ataque muy claro y definido. Y Mosul es un enclave prioritario dentro de este plan, dado que es no sólo la segunda ciudad de Iraq (lo que le da acceso a todos los recursos, civiles y militares, que eso significa), sino porque se sitúa a escasos 150 kilómetros de la frontera con Siria, lo que le da acceso a las dos partes que el Derecho Internacional reconoce como dos Estados pero que ellos contemplan como un único Califato. Posteriores conquistas como la de Baiji, donde se sitúa la mayor refinería de Iraq, muestran que su intención no sólo e destrozar el Estado iraquí sino apropiarse de sus recursos para formar un Estado propio.

Que sean capaces de hacerlo es, en todo caso, muy cuestionable. El ejemplo más cercano de un grupo terrorista tomando un país, Afganistán, fue posible gracias al abandono por parte de la comunidad internacional del Gobierno, que en todo caso, cuando llegaron los talibán, era ya casi inexistente. En Iraq existe un Gobierno, aunque sea uno tan frágil e inoperativo como el de Maliki, e Iraq no puede ser abandonado. Turquía, que tiene a 80 ciudadanos (algunos de ellos diplomáticos) secuestrados por el ISIS en Mosul, está barajando ya la intervención militar. De ninguna forma puede el Gobierno de Erdogan permitir una ciudad controlada por terroristas a apenas 130 km de su frontera. Por su parte, Irán ya ha anunciado que, en caso de que los terroristas tomen el santuario de Samarra, intervendrán. Moqtada Al-Sadr, quien durante los terribles años de la guerra civil de 2006-2008 capitaneó el Ejército del Mahdi[3], ya se está preparando para abandonar la inactividad.

Es improbable que el ISIS sea capaz de resistir la respuesta que, muy probablemente, se está gestando. Con todo, como decíamos al comienzo del estudio, el daño ya está hecho. De nuevo se está reproduciendo lo peor de 2006, en esta ocasión incluso agravado, pues las líneas sectarias son mucho más fuertes y este nuevo conflicto se está planteando exclusivamente sobre una diferenciación religiosa. La proclama de Maliki de entregar armas a los civiles es, si se llega a realizar, muy alarmante. ISIS caerá, pero el caos se mantendrá a medida que las milicias chiíes se rearman e Irán vuelve a extender de nuevo su mano por el país. Y, en todo caso, la caída del ISIS muy probablemente no será tan rápida como ha sido su ascensión. Hay que tener en cuenta que, a pesar de la brutalidad de sus métodos, gozan de un cierto apoyo popular en varias zonas del país, lo que dificultará su erradicación.

Otros grupos sacarán, además, mucho partido de la situación. Dentro del maremágnum de violencia que vive Iraq, hay una noticia que, aunque esté siendo menos comentada, es mucho más importante para el futuro de Iraq, y es que el “Ejército”[4] kurdo ha tomado Kirkuk. Los kurdos, que desde el establecimiento de la Constitución iraquí en 2005 han suspirado por controlar la ciudad, han podido finalmente hacerse con su control y, lo que es más importante, con las inmensas reservas de petróleo de la región. Es improbable que Bagdad pueda recuperar el control de Kirkuk una vez que la crisis del ISIS termine, si es que termina, y esta nueva inyección de recursos va a favorecer enormemente las pretensiones separatistas del Kurdistán iraquí.

En Llanto por Iraq (II) comentábamos que los iraquíes están convencidos de que se está trabajando para desmembrar su país en tres regiones: el Kurdistán, el sunnistán y el shiastán. La crisis que ha desatado ISIS quizá no traiga como consecuencia esta situación, o al menos no de forma inmediata, pero lo está favoreciendo enormemente al haber creado un vacío que los kurdos están llenando y al haber ofrecido una respuesta, por salvaje y reprobable que sea, a los suníes que se sienten oprimidos bajo un Gobierno de mayoría chií[5]. Sólo queda por ver cómo evoluciona el país en las próximas horas y días, pero el futuro de Iraq como país está en su momento más sombrío.

Francisco Rivas

 

[1] Coloquialmente llamado “Da´ish”, داعش

[2]Ya en 2012 alertábamos en Replanteando la Retórica Siria que la revolución siria había sido secuestrada por grupos terroristas.

[3] Y que fue clave en el final de la misma al decretar unilateralmente un alto el fuego, forzado a ello por Irán.

[4] A nivel oficial el Kurdistán no dispone de tal porque no es un país independiente, aunque de facto se trata de Fuerzas Armadas.

[5] El Gobierno iraquí ha intentado decretar el Estado de emergencia en el país. Varios parlamentarios no se han presentado a la votación, lo que ha impedido que se alcanzara el consenso necesario para considerarlo legalmente declarado.








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