Llanto por Iraq (II)

19 05 2013

Hemos visto en el anterior estudio por qué la entrada de Estados Unidos en Iraq desató un caos de tensiones que llevaban muchas décadas soterradas. En esta segunda parte analizaremos cómo se ha desarrollado ese caos y en qué medida ha afectado a los cuatro grupos más importantes del país: los suníes, los chiíes, los kurdos y los cristianos.

Como ya hemos dicho, el desmantelamiento del ejército iraquí fue una medida política suicida tomada por el Gobernador estadounidense Paul Bremer. La insurrección que se propagó como fuego por toda Iraq se vio agravada por otros dos sucesos que le llevaron a la guerra civil. En primer lugar, se celebraron elecciones constituyentes en diciembre de 2005, elecciones que ganaron los chiíes. La nueva constitución desmembró, por influencia estadounidense, las distintas regiones[1] que componen Iraq en un estado federal, y en concreto la Región del Kurdistán[2] obtuvo una cuasi independencia de facto. En segundo lugar, Saddam Hussein fue juzgado y ejecutado en diciembre de 2006. Este desenlace era algo previsible, pero hay que tener en cuenta que el Tribunal que juzgó al dictador estaba formado únicamente por kurdos. Es decir, eran juez y parte, por lo que todo el proceso no fue más que una mascarada.

Para entonces, la guerra ya había estallado. Se suele señalar como detonante precisamente la victoria de los chiíes en las elecciones, o el atentado en el santuario chií de Samarra, perpetrado por Al-Qaeda en Mesopotamia. Esta fue la primera “franquicia territorial”, creada por Al-Qaeda al margen del núcleo operativo en Afganistán y Pakistán[3] en 2004, y liderada por el jordano Al-Zarqawi. Aunque al-Zarqawi fue ejecutado en junio de 2006, ya había declarado la guerra a los chiíes e iniciado las matanzas en sus ciudades santas en Iraq. Los chiíes tampoco se quedaron quietos: varias milicias como el Hizbolá iraquí o, más importantes, las milicias Badr (el ala armada del Consejo Islámico Supremo de Iraq) y el Ejército del Mahdi, capitaneado por Muqtada al-Sadr (clérigo perteneciente a una larga estirpe de religiosos opositores a Saddam)  se enfrentaron a los suníes en un enfrentamiento sectario que sólo en 2006 se cobró cerca de veinte mil vidas.

Iraq se había convertido en el mismo campo de batalla que había sido durante gran parte de su historia moderna. Arabia Saudí[4] y los Estados del Golfo bregaban por contener el poder y la influencia de Irán, que jugaba a un doble juego: por un lado, extender su dominio, siquiera fuera cultural y religioso, en una tierra que ya le era suficientemente afín; por otro, evitar como fuera una existencia pacífica a Estados Unidos en el país, evitando que se asentara y pudiera tener bases demasiado cerca de sus fronteras. El país quedó partido. Muchos ciudadanos iraquíes me han comentado que, en los tiempos de Saddam, nadie les preguntaba qué religión profesaban. De pronto, eso se convirtió en un factor decisivo para vivir o morir. Los barrios predominantemente suníes de Bagdad se vaciaron de chiíes, y viceversa. Se levantaron muros entre vecindarios que antes habían convivido con toda naturalidad. El Ejército del Mahdi salió en tromba de las chabolas de Ciudad Sadr y se hizo con el control de la orilla este de la capital, y sus hombres vestidos de negro patrullaban la antiquísima Universidad de Mustansiriya, fundada por el Califa Mustansir en el siglo XIII. Los suníes se hicieron fuertes en la zona oeste. Aunque a día de hoy siguen teniendo cierta mezcolanza, las líneas sectarias son mucho más fuertes que con el Baath.

Se suele marcar el año 2008 como el final de la guerra sectaria, y esto por varios factores: en primer lugar, se organizó un contraataque intensivo y eficaz por parte de los ejércitos iraquí (recién restablecido), estadounidense y británico, que contuvo en gran medida los atentados y tuvo éxitos notables como arrebatar Basora al Ejército del Mahdi; en segundo lugar, Irán aflojó la presión, viendo que su estrategia de “caos controlado” se descontrolaba; en tercer lugar, y en consonancia con esta política, Muqtada al-Sadr decretó un alto el fuego en septiembre de 2007.

Iraq ha sobrevivido a la guerra, pero ahora se enfrenta a los horrores invisibles de la paz, habida cuenta de que se trata de una paz por desgaste y no por reconciliación. Los iraquíes cuentan que su país ha quedado de facto dividido en tres países: shiastán, sunistán y el Kurdistán. Los cristianos sueñan con un masihistán[5] que saben que nunca va a llegar.

El shiastán está formado por las provincias sureñas y orientales, más cercanas a Irán. No se sabe con certeza cuántos iraquíes son chiíes, pero todas las estadísticas coinciden en que, si no son una mayoría absoluta, al menos sí lo son relativa. No hay que olvidar que Iraq es el santuario del chiísmo: su leyenda comienza en Kerbala con la derrota de Hussein en el 680 AD, y diez de los doce imanes están enterrados en Iraq. Ciudades como la propia Kerbala, Najaf o Samarra son sagradas para todos los chiíes y desde tiempo inmemorial concentran peregrinaciones que vienen no sólo desde Irán, sino desde el Líbano y hasta de Pakistán y la India. El ascenso al poder de Nuri Al-Maliki, chií del Dawa y exiliado en Irán, y su controvertida reelección en 2010 han cimentado un poder que se define a sí mismo como chií antes que como iraquí[6]. Muchos analistas alertan de la amenaza que supone esto, viendo al nuevo Iraq como una marioneta en manos de Irán. Es cierto que existe mucha influencia iraní en el país (en un restaurante, viendo que mi árabe no era nativo, automáticamente me catalogaron como iraní), pero en política no se deja sentir tanto por el gran peso que tiene el Consejo Islámico Supremo de Iraq, de corte bastante nacionalista y arabista.

El sunistán se compone de las provincias centrales del país, y las más cercanas a Arabia Saudí y Jordania, que son también las que históricamente han estado bajo dominio Otomano. Los suníes han crecido con una retórica baathista según la cual había que contener a los chiíes, peligrosos aliados de Irán, y aún recuerdan que no pocos chiíes iraquíes combatieron al lado de sus correligionarios persas en la guerra de 1980-1988. Aunque la oposición del Baath frente al chiísmo era secularizadora-socialista antes que religiosa, la nueva retórica procedente de Arabia Saudí y Qatar ha envenenado el Islam suní de wahabismo. Los iraquíes me dicen que antes de caer Saddam era prácticamente imposible ver salafistas en las calles, que ahora controlan en ciudades como Mosul, una especie de Kandahar iraquí. La sharia más salvaje se ha impuesto en lo que antes era incluso un gran centro cristiano. Conocí a un cristiano ortodoxo que me dijo que había aguantado en Mosul el tiempo necesario para que su hijo terminara la carrera, y después se marcharon, dejando atrás incluso una casa de tres plantas recientemente reconstruida. También suelo acudir en Erbil al restaurante de una cristiana que se ve forzada a llevar hijab porque cuando estaba en Mosul secuestraron a su hijo y, aparte del pago del rescate, le obligaron a vestirse como una musulmana. Ninguno ha vuelto jamás a Mosul. Allí no hay lugar para nadie que no sea un wahabita.

El Kurdistán es la única zona de Iraq que conozco, porque es el único lugar al que puede acceder un europeo sin hacer cabriolas para conseguir un visado. Lo dan en el aeropuerto (de Erbil o Suleimanya) y no es estrictamente un visado, sino un permiso de residencia en el Kurdistán por quince días. Que el Gobierno del Kurdistán sea capaz de emitir seudovisados indica ya el alto grado de independencia que han adquirido respecto al Gobierno central de Bagdad, independencia patrocinada por sus aliados estadounidenses y financiada por los turcos, que están invirtiendo millones y millones de dólares en el Kurdistán iraquí con la esperanza de que los kurdos turcos emigren allí y dejen de suponer un problema para Ankara. Las riquezas de esta Región son gigantescas[7], pero los kurdos están gestionando muy mal su independencia, con constantes choques con el Gobierno árabe de Bagdad. En un taxi al que subí con mi acompañante árabe (yo me hacía pasar por argelino para que no nos cobraran una cantidad despiadada), el taxista, kurdo, comenzó a decir que ellos habían acabado con Saddam y que todo el petróleo de Iraq era suyo. En otra ocasión, una patrulla de peshmergas detuvo el coche en que viajaba con mis acompañantes, al ver que llevaba matrícula de Bagdad. Nos cachearon y levantaron el coche de arriba abajo, y al final nos dejaron marchar. Mis acompañantes me aseguraron que el hecho de que yo fuera con ellos había suavizado las cosas, pero que de no ser por eso la cosa podía haber acabado en detención por traficar armas a través de la cercana frontera con Irán. Aunque no hubieran encontrado armas en el coche.

Los cristianos en Iraq representaban en tiempos de Saddam un 4% de la población, con cerca de un millón de almas. Eran una de las mayores comunidades cristianas de Oriente Medio, sólo detrás de Egipto y el Líbano. No obstante, tras la caída del Baath[8] se vieron atrapados en el caos resultante, donde tanto chiíes como suníes les consideraban aliados de los “Cruzados” estadounidenses (todavía no he encontrado a un solo cristiano iraquí que apoye lo que Estados Unidos hizo en su país). El éxodo masivo de cristianos que se ha dado desde entonces ha sido brutal: de un millón han pasado a ser apenas trescientos mil, lo que supone, en términos porcentuales, una de las mayores diásporas de la Historia del Cristianismo. El seminario caldeo, que antes estaba en Bagdad, tuvo que ser trasladado al Kurdistán después de que asesinaran a su rector. También el Obispo de Mosul, Monseñor Paulus Farah Raho, fue asesinado en 2008, siguiendo al sacerdote Ragheed Gani, que había sido martirizado en la misma ciudad tras negarse a convertirse al Islam. El ataque más sanguinario tuvo lugar el 31 de octubre de 2010, en la iglesia católica de Nuestra Señora del Auxilio, en Bagdad. Allí, los terroristas suníes de Ansar Al-Sunna, aliados con Al-Qaeda en Mesopotamia, entraron durante la Santa Misa y martirizaron a los sacerdotes Waseem y Thaer y a 51 fieles, entre ellos una mujer embarazada y un niño de corta edad cuyos llantos su madre no podía detener.

Iraq ha sobrevivido a duras penas a su guerra, pero cada día es más improbable que sobreviva a su paz. El país se ha reestructurado en base a fronteras étnicas y religiosas, mucho más fuertes que las políticas, y la desconfianza mutua ha quebrado todo atisbo de cohesión nacional. En un país tan inmensamente rico en recursos como es Iraq, esta desconfianza es muy beneficiosa para los poderes cercanos, llámense Turquía, Irán o Arabia Saudí, quienes no están dispuestos a facilitar un acercamiento de posturas que pueda llevar al resurgimiento de un Iraq fuerte.

Cuando iba a salir del país, me detuve para fumar un cigarro antes de pasar el primero de los interminables controles de seguridad del aeropuerto. Allí vi cómo un grupo de hombres y mujeres, quienes llevaban todo cubierto salvo los ojos, se despedían llorando. Los jóvenes se marchaban, y los ancianos lloraban su pérdida, pues sabían que probablemente no volverían a verlos nunca. Para muchas personas, el exilio es la única posibilidad de vivir una vida parecida a la que tuvieron antes de la entrada de Estados Unidos, hace ya diez años.

Francisco Rivas
Este artículo es la continuación de Llanto por Iraq (I)


[1] Estrictamente hablando son “Gobernaciones”, محافظات

[2] Compuesta por las provincias de Erbil, Duhok y Suleimanya

[3] Les segurían Al-Qaeda en el Magreb Islámico, creada en 2006 a partir del Grupo Salafista para la Predicación y el Combate, y Al-Qaeda en la Península Arábiga, creada en 2009 a través de sus bases en Yemen.

[4] Se calcula que, tras los libios, los saudíes fueron el grupo más numeroso en acudir a la “Guerra Santa” en Iraq.

[5] La palabra árabe para “cristiano” es “mesihy” (مسيحي), que a su vez viene de “Messih”, Mesías. Es decir, aquellos que creen que el Mesías ya ha llegado.

[6] Nuri Al-Maliki dijo en una entrevista que él era “chií, árabe, iraquí y del Dawa”, dejando bien claras sus afiliaciones y el orden de importancia que ocupan en su mente.

[7] Un ingeniero petrolífero venezolano que trabaja allí me aseguró que sólo el 10% del petróleo del Kurdistán está siendo extraído.

[8] Fundado por un cristiano sirio, Michael Aflaq.





Llanto por Iraq (I)

27 04 2013

Fuente: myfilm.com

En el mes de marzo se cumplieron diez años desde la entrada de las tropas internacionales, lideradas por Estados Unidos, en Iraq. Las consecuencias de su actuación no se han limitado a derrocar a Saddam Hussein, sino que han reestructurado de forma decisiva el panorama geopolítico de la región, han desatado fuerzas que durante el gobierno del Baath habían quedado apagadas y que arrojaron al país a una sangrienta guerra civil, han alterado el propio orden político interno de Iraq y su división territorial y económica y han provocado una de las persecuciones más despiadadas que la Historia registra contra los cristianos. En general, la intervención estadounidense en Iraq ha sido un fracaso de colosal magnitud, tanto que resulta imposible creer que nadie supiera qué se iban a encontrar realmente en el País de los Dos Ríos.

No es posible comprender realmente lo que ha sucedido allí si no encuadramos estos diez años de pesadilla en un marco temporal más amplio. En este estudio intentaremos explicar cuáles han sido los hechos que, durante décadas, han desembocado en esta situación, y cuál es su previsible futuro. Si bien lo procedente habría sido publicarlo en marzo, de forma que coincidiera plenamente con la efeméride, este redactor ha estado de viaje en Iraq en abril por tercera vez, por lo que su relato ahora puede ser más veraz.

La tragedia de Iraq comienza, como muchas otras tragedias en la región, con el nacimiento de la República Islámica de Irán. Mucho se ha dicho ya en esta Asociación sobre cómo la ascensión al poder de los clérigos chiíes sacudió la geopolítica del Gran Oriente Medio[1] e hizo saltar por los aires todos los esquemas existentes, forzando un nuevo replanteamiento. Para el caso que nos ocupa, diremos que la acción conjunta de Estados Unidos y de la Familia Saud, guardianes de los lugares sagrados del Islam y por tanto defensores de la ortodoxia musulmana[2] frente a la herejía chií se centró en dos frentes: por el Este, armaron y entrenaron a hordas de muyahidines en Pakistán a los que luego lanzaron contra los soviéticos y, no menos importante, a implantar un bastión de suníes radicales que cerrara Irán; y, por el Oeste, lanzaron al suní, aunque socialista, Saddam Hussein contra Irán.

Saddam tenía muchas razones para querer ir a la guerra contra Irán. En primer lugar, había visto con temor cómo un Gobierno clerical chií se imponía en el país vecino, dando un modelo a los propios chiíes de su país, que eran y siguen siendo una ligera mayoría, para derrocar su Gobierno baathista. En segundo lugar, ambicionaba los recursos petrolíferos de la zona del Jozestán, fronteriza con Iraq y en la que la mayoría de sus habitantes eran suníes y de habla árabe, por lo que suponía (erróneamente) que le apoyarían frente a Jomeini. Además, el Gran Ayatola había purgado a muchos oficiales del ejército bajo la sospecha de ser adictos al sha, por lo que, al igual que Hitler hizo cuando Stalin masacró a su propio ejército, Hussein consideró que era hora de atacar Irán.

No obstante, seguía teniendo su propia agenda. Iraq estaba desarrollando, con ayuda de Francia, armamento nuclear en su central de Osiraq. Israel, alarmado por la posibilidad de que uno de sus enemigos más encarnizados pudiera adquirir armas atómicas, atacó la central. El golpe fue bueno, pero no perfecto. Osiraq, a pesar de estar construido al aire libre[3], no fue destruido. Apenas se retrasó su funcionamiento diez años.

La guerra entre Iraq e Irán terminó, debido principalmente a las presiones de las superpotencias al ver cómo el Golfo Pérsico, por donde fluye más de la tercera parte del petróleo del mundo, se convertía en un lugar cada vez más peligroso. Lo que no cayó en el olvido fue el peligro de Osiraq. Diez años después de 1981 nos sitúan en 1991: Tormenta del Desierto. Iraq, que había contraído unas deudas inmensas con Arabia Saudí y Kuwait para financiar la guerra contra Irán, decidió condonarlas por las bravas: alentados por Estados Unidos, que les prometieron que no atacarían, invadieron Kuwait, no sólo para evitar el pago de deudas a este país, sino también para enviar un mensaje a Arabia Saudí. Cuando los estadounidenses atacaron y el Beato Juan Pablo II denunció tal operación, los periódicos estadounidenses, controlados muchos de ellos por judíos, comenzaron a destapar escándalos de pederastia en la Iglesia Católica.

Los estadounidenses entraron en Iraq y derrotaron a Saddam Hussein, si bien no lo derrocaron. Siguió en el Gobierno y esto llevó a la matanza de muchos kurdos que se habían alzado contra Saddam cuando llegaron los estadounidenses, así como de muchos chiíes que hicieron lo mismo. Estas dos represalias contribuyeron a forjar la mitología del martirio que los dos grupos ya de por sí tienen muy arraigada en su ideario colectivo, lo que explica decisivamente lo que ha venido después.

La situación volvió a la normalidad y todo parecía que iba a quedar estable. La Unión Soviética se había hundido y Estados Unidos ya no tenía a nadie que pudiera hacerle sombra. Tampoco tenía que preocuparse de la influencia rusa sobre Asia Central y desde ahí, potencialmente, hasta los mares cálidos, por lo que Afganistán fue abandonado a su suerte cuando los muyahidines tomaron el control y después los talibán, los vástagos de Arabia Saudí, lo esclavizaban bajo un régimen de terror innombrable, pero que servía para contener a Irán. Iraq estaba debilitado, la larga guerra en el Líbano había terminado y aunque seguía habiendo contiendas menores (Nagorno-Karabaj), nada amenazaba el statu quo.

Entonces cayeron las Torres Gemelas, y Estados Unidos declaró una más que justa Guerra contra el Terror. Pero, a la hora de ejecutarla, pareció volverse loco. Todo el plan que habían trazado para atenazar a Irán fue destruido por ellos mismos cuando entraron en Afganistán y, dos años más tarde, en Iraq. Los muros que había contenido la influencia persa fueron destruidos por los mismos que las erigieron, e Irán se sintió libre, libre para dirigirse principalmente al Oeste, donde fortificó a Hezbolá y la lanzó contra Israel en 2006 (sin que, por primera vez en su historia, el Estado Judío obtuviera una victoria rotunda) y convirtió Iraq en un infierno.

En realidad, los propios estadounidenses ya se habían encargado de convertirlo en el peor desastre geopolítico desde la caída del Imperio Austro-Húngaro. No es necesario que recordemos la justificación que se dio a la guerra, justificación errónea y que sólo encubría una única verdad. Ciudadanos iraquíes me han contado, serenos pero con un tapiz de rabia e impotencia en el fondo de su mirada, cómo los helicópteros estadounidenses descendían sistemáticamente sobre el Banco Central iraquí, la Cámara de Comercio de Bagdad, etc… y las saqueaban. Cuando Paul Bremer llegó para hacerse cargo del país, su primera medida ya fue peor que pegarse un tiro en el pie: desmanteló el ejército. Es decir, dejó a cientos de miles de personas, cuya única educación era disparar y su único medio de subsistencia era su arma, en el paro.

Esto es ya de por sí un suicidio en cualquier nación, incluso en una occidental. Pero en el caso de Iraq se daban dos factores especialmente temibles. En primer lugar, es necesario tener en cuenta que el concepto de Estado-Nación no ha calado en el Oriente Medio como ha calado en Occidente. Los ejércitos no son ejércitos nacionales, sino tropas al mando de un Gobierno y que salvo en raras y honrosas excepciones (Túnez, por ejemplo) no están ahí para defender a su pueblo, sino a quien les paga. En segundo lugar, Iraq es y ha sido siempre un polvorín. La misma lucha religiosa que vivimos ahora entre Irán y Arabia Saudí se reprodujo anteriormente durante siglos entre el Imperio Otomano y el Safavida de Persia, y el campo de batalla fue Iraq. Estamos hablando de un país partido, al que Saddam Hussein había dado una cierta cohesión nacional usando a partes iguales la represión y la referencia a un pasado pre-islámico (Babilonia, Caldea) del que todos pudieran sentirse descendientes, pero que, cuando el muro de contención del Baath saltó por los aires, se convirtió en el país más ingobernable de la tierra.

Lo aún que queda por contar es la peor parte de la historia, y por razones de extensión la dejaremos para ser publicada en breve. Hemos visto por ahora cómo se forjó la situación actual de Iraq. En la siguiente publicación comentaremos cómo se ha desenvuelto esta situación, los condicionantes que ha tenido, y el futuro que se atisba.

Francisco Rivas


[1] Que comprende, además de lo que se entiende como el Oriente Medio normal, al propio Irán, Afganistán y Pakistán.

[2] Aunque estén aliados con el movimiento wahabita, que es considerado herético por muchas escuelas de jurisprudencia suníes.

[3] De lo que tomaron buena nota los iraníes, que construyen ahora sus centrales nucleares bajo tierra y por tanto dificultan enormemente el tantas veces anunciado ataque judío.





Recomendaciones checoslovacas

10 03 2013

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El lector puede quedarse al principio perplejo, sino algo anonadado, por semejante y curioso título para el estudio de esta semana, pero es que como pasa todos los años, viene la primavera. La flora va recuperando su bello color y la fauna busca, digamos, continuar su especie. Se sirve, por tanto, de épocas anteriores para seguir su proceso de supervivencia. Y es que la “primavera árabe” (pese a que su nombre merezca alguna crítica del ámbito étnico-geográfico-religioso, entre otras cosas) no es indiferente tampoco a lo que haya pasado, en términos políticos, en la historia.

A pesar de este necesario ciclo de la vida, a veces en la vida real, nuestras expectativas se quedan cortas. Quedaros con esto: no siempre florece después de una “primavera”. Recordemos los trágicos sucesos de la “Primavera de Praga” de 1968, donde el intento de convertir una dictadura socialista en un “socialismo liberal con rostro humano” quedó aniquilada por tropas soviéticas, como mandaba el pacto de Varsovia de 1955 según el principio, denominado “solidaridad socialista”.

El florecimiento democrático de esta “primavera” tan tardía no llegaría hasta 1989 cuando la caída del Muro de Berlín provocó una verdadera ola de protestas por todo el bloque del anteriormente mencionado pacto. Checoslovaquia dejo de lado su experiencia como estado satélite y se puso manos a la obra hacia una transición que resultaría complicada pero que serviría como ejemplo de buenas prácticas para futuras transiciones democráticas, como la “Primavera árabe”, en el futuro. Gracias al informe del think tank español FRIDE, GIN Revista tiene el placer de difundir las ideas más importantes de buenas prácticas en Checoslovaquia para que puedan servir en Oriente Medio y el Norte de África (OMNA). Esto debe servir como un ejemplo europeo para apoyar al OMNA.

Pero antes hay que tener en cuenta las posibles diferencias entre la transición checoslovaca y la “Primavera árabe”. Entre las más destacables cabe mencionar que Occidente en el caso de las transiciones árabes ha demostrado cierta reticencia hacia la concesión de mayores ventajas institucionales con respecto a estos países, i.e. facilitar movilidad de personas y de bienes y de servicios. Esto dificulta la integración del OMNA consigo misma y con Europa. Las estrategias de donaciones y de asistencia a los países árabes se asemejan a las ya existentes antes de la revolución. Además en Checoslovaquia, pese al férreo control del gobierno, se realizaba apoyo a la sociedad civil y los extranjeros se ganaron la confianza, en gran parte, de la población. Por esta razón, existe una misma reticencia de aceptar por parte de los ciudadanos en el OMNA el tutelaje occidental. Esto fomenta el populismo y sentimientos antioccidentales en la región. Aquí se tendría que cambiar el acercamiento hacia estos países, cambiando el ya inusitado paradigma de “receptor-emisor de ayuda”  a uno más acorde con nuestros tiempos (peer-to-peer approach, con palabras de la ONG prodemocrática International IDEA). El empoderamiento de estos países sobre sus propias decisiones es esencial. Hay que tener en cuenta la complicación que supuso en el mismo la escisión por parte de Eslovaquia y que por este elemento no se asemeja a el OMNA.

En Checoslovaquia, salvo casos aparentemente excepcionales, la recepción de ayuda extranjera estuvo bien vista por parte de la población y de los gobiernos en transición, lo cual difiere mucho de la realidad de la OMNA. Esto es algo que hay que cambiar cuanto antes. Durante la transición, se pueden distinguir tres periodos:

1. Después del cambio de régimen 1989-1993

Destacó la débil represión policial, que pudo llevar a discusiones entre los representantes de los nuevos movimientos políticos y aquellos de la vieja élite. Esto a su vez desencadenó unos resultados muy rápidos, como el fin del monopolio del partido comunista y la amnistía a prisioneros políticos, en el proceso de transición (en este caso, se tardó tan solo siete meses en llamar a los ciudadanos a las urnas desde la última represión policial perpetuada por el gobierno comunista en noviembre de 1989). En un tiempo relativamente corto de tiempo, se realizaron muchas reformas, evitando cualquier posible tensión social.

Como ya se ha mencionado con anterioridad, la intervención extranjera estuvo generalmente bien vista. Aquellos que fueron más escépticos revelan que tuvieron dudas de las buenas intenciones de los donantes y que algunos de estos consultores extranjeros mostraban una actitud arrogante y despectiva con respecto a la población local, no mostrando ningún interés por la situación específica del país y haciendo su trabajo con ideas preconcebidas. Estos últimos elementos hay que resaltarlos porque en el OMNA existe un peligro aún mayor de que esto ocurra debido a las mayores diferencias culturales que pudiera haber entre ambas partes.

Como ya se ha mencionado, en el caso específico de Checoslovaquia se presenta la particular dificultad en este periodo de transición que el país se partió en dos y sin proceso de consulta.

Otro punto de buenas prácticas en este antiguo país es que antes de la transición los extranjeros ya apoyaban a grupos disidentes. Ahora en el MENA es más difícil intervenir debido a que en muchos casos la UE se ha mostrado reticente de apoyar a este tipo de grupos en la región o que su acción ha demostrado ser insuficiente. Como consecuencia, la sociedad civil del MENA se puede mostrar escéptica a la ayuda considerada como “tardía” por parte de Occidente.

La intervención extranjera en el país fue no sólo fuente de financiación (a través de un core funding extensivo) sino también sirvió como fuente de inspiración para la reforma (gracias al aporte de know-how a la transición). Gracias a todo esto, se pudo realizar muchas iniciativas.

A medida que se fue formando el gobierno y hasta hoy día, este último se mostraría cada vez menos solidario y más escépticos al no favorecer como antes el apoyo extranjero a instituciones de la sociedad civil (pese a que ellos sí recibieran grandes cuantías de los mismos). Esto merece un toque de atención y no se debe permitir en las transiciones en el MENA.

Václav Havel, primer presidente checoslovaco y luego checo, revelaba que la importancia que tiene la amplia participación pública en la salud de un país, que la sociedad civil es el bastión principal de la democracia y que también es la mayor defensa contra cualquier intento de usurpación de poder.

2. Meciarismo en Eslovaquia (1994-1998) y los “agentes de Soros”

La república checa se caracteriza por tener una transición suave hacia la democracia, pese a que Eslovaquia tuviera una un poco más difícil, debido al gobierno autoritario de Vladimir Meciar. En su gobierno se perpetraban abusos en términos de derechos políticos y civiles, existía un amplio control del estado sobre la dimensión pública del país y se mostraba represivo y retórico. Se restringía por tanto la crítica pública hacia el gobierno y se mantenían leyes (e.g. sobre fundaciones) restrictivas.

Las elecciones en 1998 fueron un éxito debido a la puesta en común de recursos con instituciones de las sociedades civiles que no eran partidos políticos y al apoyo a la campaña a favor de la movilización electoral. Permitió también la realización de workshops, debates públicos y conciertos, que permitió aumentar la sensibilización de la juventud y que produjo un alto índice de participación electoral.

3. Periodo pos-2004: incertidumbre y desilusión

Las “experiencias transicionales” de la república Checa y de Eslovaquia se utilizan como instrumento para aplicar en otros países y a estos países se les considera haber superado el periodo de transición. Esto fue una ilusión, pues pese a haber superado la transición, tendría que haber habido un mayor y prolongado seguimiento para comprobar el adecuado funcionamiento democrático. Muchas ONGs movieron sus actividades a otros países en Europa del Este o en los Balcanes (en menor medida el OMNA como “asistentes a transformaciones”.

A partir del 2004, año por el cual ambos países forman parte de la Unión Europea, los dos países dependerán en mayor parte de fondos de la UE. Los programas a favor de la democracia y de los derechos humanos sufrieron debido a la falta de flexibilidad y accesibilidad a estos fondos. Este problema es mayor que el de la corrupción o el de la manipulación política. Otros problemas, como el insuficiente pago por adelantado para realizar actividades o el tardío anuncio de publicación de fondos de la UE, tienen que solucionarse cuanto antes.

A su vez la oferta interna de fondos para instituciones de la sociedad civil no cubría la enorme demanda de fondos y los mecanismos domésticos están insuficientemente desarrollados. Programas y proyectos a largo plazo fueron diezmados como consecuencia de lo último. Pese a seguir existiendo mecanismos extranjeros de fondos, resultan ser muy competitivos debido a la descompensación entre la demanda y oferta. Hay actividades esenciales de salvaguarda democrática que dependen de donaciones extranjeras. Actividades para la defensa de los derechos humanos y de medidas a favor de la transparencia están insuficientemente consideradas y se debería explicar a la sociedad la necesidad e importancia de tales mecanismos. Además, se tendría que implementar un esquema apropiado de financiación para instituciones de la sociedad civil. En el OMNA, esto pondría en peligro el seguimiento del proceso democrático, que como bien sabemos es continuo y no acaba nunca.

Para concluir y tras plasmar las ideas principales, uno es consciente de ciertos principios lógicos que permiten una transición pacífica pero a su vez efectiva. La mayor dificultad, sin ninguna duda, es la siguiente: antes de aplicar estos principios a la vida real, se tiene que tener en cuenta la realidad social, económica, cultural y política del país para poder adaptar estos buenos principios a estos países. Estos países, donde el sol radia con mayor intensidad que nunca, sobre la gran superficie que cubre esta “primavera” en tan plena y resplandeciente flor.

Cecilio Oviedo

Referencias:

- Dictionary of International Relations, Penguin Reference (1998)

- How governments work, DK (2006)

- Informe FRIDE: Foreign Democracy Assistance in the Czech and Slovak Transitions (2013)

Fuente foto: Atlantic Council Organization





Las extrañas amistades de Faraón (26.2.13)

26 02 2013

 Fuente: nation.com.pk

A principios de este mes se produjo una reunión que podría catalogarse, cuanto menos, de imprevisible: Muhammad Mursi, Mahmud Ahmadinejadh y Abdullah Gul se reunieron en El Cairo para tratar sobre la crisis siria. Por si esto fuera poco (se trata del primer Presidente iraní que visita Egipto desde que ambas naciones rompieran sus relaciones diplomáticas en 1979), más sorprendente aún fue la posterior visita que Ahmadinejadh hizo a Ahmed al-Tayyeb, líder de la mezquita de El-Azhar y, por tanto, uno de los máximos dirigentes del Islam suní.

Ya es de por sí representativa la conjunción de las tres ramas “étnicas” o culturales más importantes del Islam, la turca, árabe y persa; también es interesante ver la representación de las tres formas de entender el Gobierno que representan la República laica de Turquía, la República Islámica fundada en el Imanato chií y, aunque encubierta y débil, la nostalgia del Califato que representan los Hermanos Musulmanes. Desde luego, el encuentro era mucho más que una de las constantes, y en gran medida estériles, cumbres para tratar de resolver el sangriento laberinto sirio, aunque a través de éste se pueden desentrañar muchas de sus claves.

Para Irán, acercarse al emergente mundo de la Hermandad Musulmana es algo imperativo. Ya hemos abordado en anteriores estudios cómo la Primavera Árabe ha supuesto, al menos en el Oriente Próximo, la ascensión del Islam suní en detrimento de un Islam chií que hasta entonces había sido mucho más enérgico. La rebelión en Bahréin ha fracasado[1], Hizbolá ha pasado de ser un estandarte de la liberación árabe a una vil marioneta en manos de un carnicero para gran parte de la opinión pública, y Siria cada vez se parece menos a un país y más a los peores años del Líbano o Iraq. En este contexto, la legitimidad de Irán se desmorona, y también su influencia, influencia que necesitan mantener a toda costa en un entorno que le es esencialmente hostil. A los persas no les queda más remedio que tratar con el enemigo para salvar su posición, que en primer lugar pasa por salvar a Siria. A estas alturas, Irán estaría probablemente dispuesto a aceptar una Siria sin El-Assad. Quizá incluso estuviera dispuesto a asumir la pérdida de poder de los alawíes, secta religiosamente más cercana al chiísmo que al Islam suní. Pero no puede permitirse ni la caída del Baaz, ni la desintegración del país en una miríada de milicias sin más ideología que el pillaje, como ya está sucediendo. Cuanto más tiempo pasa, más probabilidades hay de que el control sea irrecuperable, y que el vacío de poder sea llenado por estas milicias o, quizá peor para Irán, por una versión mediterránea de los talibán.

Es por esto que los persas necesitan acercarse a los Hermanos Musulmanes, una de las pocas organizaciones que mantienen una relativa coherencia y estructura en el infierno en que se ha convertido siria, uno de los pocos actores que aún tiene suficiente envergadura como para ejercer una mínima influencia en el país. La pregunta entonces es, ¿qué ganan los Hermanos con esto? ¿Por qué Mursi recibe a Ahmadinejadh?

La cuestión aquí es más compleja, porque requiere por parte del Gobierno egipcio un equilibrio que es difícil de mantener, y los movimientos del Gobierno tras su victoria política en Gaza demuestran que no es muy ducho midiendo los tiempos políticos. En efecto, tras las revueltas por el intento de Mursi de convertirse en Faraón en lugar de Faraón, los Hermanos Musulmanes egipcios también necesitan una fuente importante de legitimidad frente a una sociedad y un entorno que ha visto cómo revelaban sus cartas, nefastas para la sociedad egipcia, demasiado pronto. Egipto siempre ha intentado (y en gran medida conseguido) convertirse en un líder regional, desde los tiempos de Nasser, y ejercer influencia en los países de su entorno. Para ello, la oportunidad de ser el puente de diálogo con la eternamente odiada pero imposible de obviar República Islámica es demasiado tentadora. Si los Hermanos Musulmanes consiguieran mantener el equilibrio de, siendo un movimiento suní, servir de enlace entre los suníes más estrictos que ellos[2] y los chiíes, ganaría un poder a nivel internacional que podría servir tanto para suavizar las tensiones internas como para aumentar su poder externo.

Pero, insistimos, este es un juego peligroso. No hay que olvidar que el precario Gobierno de los Hermanos Musulmanes se fundamenta en una alianza con los salafistas, menos dados a juegos políticos con el enemigo chií. También depende mucho de Arabia Saudí, a nivel energético[3] e igualmente a nivel político, dado que la Casa Saud ha visto con relativo recelo un ascenso revolucionario que podría contagiarse a sus tierras, a pesar de la unión religiosa[4]. Está por ver la dirección que toma esta extraña amistad de Faraón, caso de que continuara, pero si la gestiona con la misma falta de habilidad que ha mostrado hasta ahora puede acabar por introducir un nuevo factor de tensión en un Egipto que ha tardado menos en desconfiar de él que de Mubarak.

Francisco Rivas


[1] Ahmed Al-Tayyeb, haciendo gala de una doble moral alarmante, le pidió a Ahmadinejadh en su visita a El-Azhar que no se inmiscuyera en los “derechos” de la monarquía absoluta suní que gobierna la isla.

[2] Principalmente los saudíes, cuyo Príncipe Heredero y Ministro de Defensa, Salman bin Abdulaziz, no acudió a la reunión de que hablamos.

[3] Era el principal suministrador de petróleo de Egipto en el año 2009, último del que se tienen datos, según COMTRADE.

[4] Que tampoco es plena dado que los saudíes son wahabitas, herejes para algunos suníes más ortodoxos.





« Monsieur l’Euro, tirez le premier »

21 02 2013

Currency war 2

Similar to what a French officer told his English counterpart at the battle of Fontenoy in 1745, the Eurozone is being engaged in a similar discourse in a very heated and ever-increasing protectionist global trend by other nations, involving consideration of new possible restrictive commercial mesures (despite WTO regulations) and also including what concerns this article, “currency wars” (also called competitive devaluation).

Among the many possible economic policies that a country may apply in its national interest, we find a well adapted and suitable currency exchange policy necessary. One of the main variables to consider is the intensity of commercial transactions with other countries, for example. It is purely a monetary policy instrument. During a recession, the central bank has the power of devaluating the country’s currency in favour of raising exports. This is done by increasing monetary supply in the system, which is strictly controlled by the central bank. As logical as this might sound, reality can be a harsh mistress and therefore it is more complicated than that. At the same time, both classical and Keynesian economic theoretical frameworks are way too restrictive to be applied urbi et orbi, so to speak. This means that these economic theories are mostly applied in a caeteris paribus environment and reality is seldom (if ever) so.

At our day and age, we find ourselves in a situation where it seems very tempting to play with currencies in favour of a country’s export industry. But be warned. During the last hundred years, there have been many episodes which should refrain from fulfilling Aristotle’s cyclical history theory, that is, to not repeat other protectionist or aggressive competitive currency devaluation. Basically, this distorts the stability of the market. One of the main goals of the International Monetary Fund is to guarantee the security of financial transactions around the world. Mademoiselle Christine Lagarde, IMF Managing Director, stated in the latest G20 summit in Moscow (according to the IMF press release) to refrain from these dangerous and unilateral decisions that can lead to “global imbalances” and that have an immediate effect on the overall negative impact of the already fragile and fractured world economy. It is important to emphasize here the term unilateral since international cooperation is right now an essential tool in order to reach global stability, in terms of commerce and financial transactions.

Nobody wants to repeat the traumatic post-WWI European experience again, which led to a vicious circle of economic depression due to major nationalist pressures to implement protectionist economic policies and which affected major powers all over the world (despite the relatively low level of global transactions compared to nowadays). Instability creates risky environments, which hinder investment and affect transaction of goods and services. All of this ultimately provokes a nasty impact on all major economic variables such as production, labour supply, salary,… In fine, economic development suffers. Due to the present worldwide economic crisis, fear can make countries take drastic and desperate measures, such as the ones mentioned before.

Jean-Marie Colombani expressed his concern in the Spanish newspaper El País by mentioning that even Monsieur François Hollande, President of the French Republic, advised the European Central Bank (ECB) to use its exchange rate currency. Reuters reports that Mario Draghi, President of the ECB, reminded that the institution’s major priority lays in price stability, but also stated the importance that exchange rates have over the latter (inflation). This comes at a time where the Euro has experienced a “15-month high against the dollar”, which may suggest considerate increase in confidence in the Euro. All-in-all, he dismissed the phenomenon of currency wars but nonetheless he made it clear that surveillance over Euro exchange rates with other currencies was necessary in order to not undermine the much-needed internal growth inside the Eurozone.

Cecilio Oviedo





Shiism in Saudi Arabia (III)

17 02 2013

Fuente: muslimvillage.com

 

3.3.- The Bahraini Revolt.

The small island of Bahrain has also been historically inhabited by Shiites, and for many years it was part of the Safavid Empire of Persia. In the XVIII century, the Sunni tribes from Qatar took advantage of the Safavid weakness and conquered the island, which they have ruled since. The name of the main tribe was the Al-Khalifa, allies of Saudi Arabia and the United States and Sunni kings of a Shiite population. Although this conquest dates back to three centuries ago, two things remain the same: Bahrainis remain largely Shiite (about 70%), and the rulers or Persia/Iran have never forgotten their claims over the control of the island.

Given this, it seems certainly surprising that no major revolts took place when the Islamic Republic of Iran was born. We have to move forward to the decade of the 1990s, where a series of clashes between Bahraini civilians and Government forces derived into what has been called the 1994-1998 “intifada”. This “intifada” was spearheaded by leftist groups such as the Bahraini National Liberation Front and the Popular Front for the Liberation of Bahrain, but also Shiite Islamist groups took part in the rebellion, mainly the Islamic Front for the Liberation of Bahrain and the Bahrain Islamic Freedom Movement.

This intifada ended when the then ruler of Bahrain, Emir Isa, died in 1999 and was succeeded by Emir Hamad (who would become King in 2002). He took some steps towards reformation of the political system, the most important of them being a referendum convoked to decide whether the population wanted the Constitution promulgated in 1973 and suspended in 1975 to come back into force. The referendum was held on 14th February 2001 and its result was of an overwhelming 98% affirmative votes. However, when in 2002 a Constitution to some extent different to that of 1973 came in force, it seeded the casus belli for more unrest.

That unrest finally rose to the surface on 14th February 2011, on the tenth anniversary of the constitutional referendum and 3 days after the fall of Mubarak. Inspired by the uprising in Tunisia and Egypt, Bahrainis took to the street, concretely the Pearl Square in Manama, and demanded political reform. One month after, 1,000 soldiers from Saudi Arabia and nearly 500 from the United Arab Emirates, claiming their intervention to be part of the agreement of the Gulf Cooperation Council, entered in Manama and suffocated the revolt.

This Revolt, as well as the Syrian one, can be considered as a part of the long-lasting “Cold War” against Sunnis and Shiites that has been one of the main themes of this study: the Saudi intervention was a direct consequence of the fear of Shiites taking power in Bahrain, be it by democratic means if the Al-Khalifa family agreed to establish the reforms demanded, be it by a coup d’état. Iran had back grounded, at least verbally, the aspirations of Bahrainis (most of them Shiites), as well as Grand Ayatollah Ali Al-Sistani, the Iranian-born ayatollah of the Iraqi city of Najaf, who also inspired demonstrations of solidarity with Bahraini Shiites in Iraq, Kuwait and the Eastern Province of Saudi Arabia.

The Saudi intervention in Bahrain was a clear message sent to Iran that they would not fall back a single step in the fight for the control of the Gulf , but may have had a negative effect on its own Shiite population: by attacking their brethren in nearby Bahrain, Saudi leaders may enrage their own Shiites, therefore arguably leading to protests on their own soil and potentially creating an environment in which Iranians can have some influence, a scenario more feared in Riyadh than Persian support to Bahraini rebels. There has not been any movement that may indicate that this is the direction (as well as there has not been any conclusive evidence of direct Iranian involvement in the Bahraini Revolt), but it could not be strange given the sympathy that protests in Bahrain have gained amidst Saudi Shiites, whose situation they believe to be essentially identical.

4.- Conclusions:

Tensions between Sunni wahabbism and the Shiite minority in Saudi Arabia are a potential threat to the stability of the country and the Gulf region as a whole. As the worldwide conflict between Sunnis and Shiites arises, the probabilities of a clash between these two communities in Saudi Arabia increase, a clash that could have a significant impact not only in the Muslim World but also in the West. We will now briefly discuss the worst scenarios that could come about, both at an intra-national level and at international level.

At an intra-national level, a new Shiite rebellion cannot be fully discarded. The memory of the uprising following the birth of the Islamic Republic of Iran has not completely been forgotten, and the events in Bahrain could further inflame the feeling of distrust that Saudi Shiites have against the regime and their conscience of being discriminated. Notwithstanding this, violence (or uprisings that could eventually lead to violence) may not come merely from the Shiite side: also Sunnis are worried about the hostility the Shiites are showing, especially the Iranian nuclear program and their maneuvers in the Strait of Hormuz. This, combined with the Shiite ascension to power in Iraq, and its (to this day) successful crash of the mainly Sunni-backed revolution against the Allawite regime in Syria, can provoke attacks from Sunnis on Saudi Shiites, as they can be considered a fifth column of the Shiite world operating inside the Sunni sanctuary. If the Saudi mujahidin that return from Iraq or Syria need a new enemy, they can easily find it in their own Shiite population.

This, and now we move to the international level, would be an opportune reason for an Iranian intervention. But Iran does not need any excuse in order to destabilize its main enemy. The Eastern Province of Saudi Arabia, where the vast majority of Saudi Shiites live, is also the richest in oil production. The European Union has declared an embargo on Iranian oil, and it is expected that the resources that European countries lose by this decision will be supplied by an overproduction of Saudi oil. Closing the Strait of Hormuz is one of the cards the Persians can play to impede the embargo, but doing that would lead to open conflict with the US, something Iran cannot afford. Covert action and sabotage, on the other hand, seems a more suitable action. As seen in Bosnia, Lebanon or Iraq, Iranians are experts at causing disorder, and attacks against the oil facilities of Saudi Arabia, helped by native Shiites (arguably Saudi Hezbollah), could prevent the overproduction of Saudi oil and therefore a rethinking in the Western strategy of embargo.

The Shiite question in Saudi Arabia cannot be, therefore, forgotten. As “Cold War” between the two main branches of Islam rages across the Muslim World, the protection of the Shiite community in Saudi Arabia is a must, if we are to prevent more conflicts taking place. This being said, protection to Shiites (or, for that matter, other religious minorities like Christians) will not be completely given until a change in Saudi religious policy takes place. But there are no perspectives of that change in a near future.

Francisco Rivas

Basic bibliography:

“Historia del Islam (600-750 d.J.C.)”; SHABAN, M.A.; Ediciones Guadarrama; 1976

Iran Chamber Society (www.iranchamber.com)

“Iraq´s civil war, the Sadrists and the surge”; Middle East Report nº 72; 7 February 2008; International Crisis Group.

“Islamic Extremism in Saudi Arabia and the Attack on Al Khobar”; CORDESMAN, Anthony H; June 2001; Center for International and Strategic Studies.

“Popular protests in Northern Africa and the Middle East (III): the Bahraini Revolt”; Middle East/North Africa Report nº 105; 6 April 2011; International Crisis Group.

“Sacred Space and Holy War: the Politics, Culture and History of Shiite Islam”; COLE, Juan; 2005; IB Tauris & Co Ltd.

“The Shiite Question in Saudi Arabia”; Middle East Report nº 45; 19 September 2005; International Crisis Group.





To intervene… or not to intervene… That is the question

12 02 2013

Francois Hollande, Diouncounda Traore
Should a state intervene in another country, considering the development of a deplorable situation within the latter? It is a tricky question, isn’t it? Should one be cautious and maintain the status quo, deeming that the best decision is to stay out of it? Or, should one be brave and come to help the distressed and the weak? When can it be considered brave or foolish to do so?

Then again, major principles in international law have to be taken into consideration before, such as sovereignty in terms of equality and territoriality, independence in internal affairs, thus the importance of non-intervention in international relations.

And by the time the decision is taken (or not), it is possibly too late. Exempli ad nauseam, Rwanda, where it is estimated that more than 500.000 people were murdered in a period of four months (according to a study from Universiteit Antwerpen, Kingdom of Belgium).

And even if it not strictly legal, what are the atrocities necessary to jump-start the international community to stop atrocities such as genocide, war crimes and crimes against humanity?

It was a question that cropped up at the magnificent Elysée much to the demise of François Hollande’s majorly pacifist agenda. Many were very surprised by his decisiveness, according to international newspapers such as the New York Times or The Guardian, who were obviously unaccustomed to the French President’s brave decision-making. However, it took other very important elements to willingly press the launching sequence for a war. The risk of increasing terrorism in the region, importance of major resources in the area and the defence of French civil interests in the region were but a few of the major topics to fully unclench the war machine from its pacifist rest.

Going back to the very start, is there a procedure, a method, a formula or even a particular stellar combination for an intervention to work (if it is done)? Or let us indulge even more deeply into the unknown realms of contingencies (so admired in Game Theory) and may we ask the question differently: does something tell us when a state should not intervene?

The reader has a minute to pause to consider all these questions.

In the meantime, this editor would like to cast some more light on others issue in such a complex and delicate matter as this, where lives of innocent human beings are at stake. Is it your neighbour or some other random country? Do your internal politics stop you?

Right then, no more questions and let us discuss some data. For years, many lawyers, diplomats, historians and political scientists have sought to answer these questions, not only out of curiosity but also to improve the standards and future practices, using their different perspectives.

From a legal point of view, the peace of Westphalia in 1648 was a major feat in answering these questions. The concepts of “territorial integrity”, “political independence” and more importantly of “state sovereignty” saw broad daylight at last, after the bloody Thirty-Year War (1618-1648) which practically destroyed the Germany under the Habsburg dynasty. This meant that it is in every state’s best interest in terms of security and well being to maintain their status quo, in relation to internal affairs within each sovereign state (i.e. not intervene). For this reason, reciprocity is a major key in international law. Article 2 (4) of the UN Charter also backs this principle of non-intervention. In theory, this is supposed to enhance stability and it prevents the thirst of greedy countries and the creation of pretexts to invade, under the threat of the reprisal of the entire international community.

It is essential at this stage to point out that there are two types of intervention: one is with force and the other without (under chapter 7 in the UN Charter: “Action with respect to threats to the peace, breaches of the peace, and acts of aggression”). The United Nations Security Council has the required authority to decide when it is deemed necessary to apply. A recent example is that of Libya. When information came through to the international community on the killing of civilians, the Council decided to issue resolution 1970 so as to give a warning to the Libyan government, to inform the ICC prosecutor of possible actions against those responsible for war crimes or crimes against humanity (as stipulated in Article 13 b) of the Rome Statute), to emit travel bans and arms embargo (measures implying no use of force, also known as sanctions) and to call on the international community for humanitarian assistance (again, intervention without use of force). Resolution 1973 would authorize the use of “all means necessary” for the protection of civilians (except for the presence of an occupation force), which creates a very important example of jurisprudence for future generations to come and opens the door to avoid atrocities, like those considered as ius cogens or those under Article 5 (1) of the Rome Statute. In 1966, in order to attend the situation in Southern Rhodesia (today, Zimbabwe), resolution 221 authorised a state to use force “when such force would otherwise be unlawful”. Basically, a country can use force whenever it receives the explicit order of the Security Council. In the case of the Apartheid, South Africa suffered a very long embargo until it opened up its doors to democracy and equality.

So on paper, it looks pretty neat. What about reality? As with most things in life, politics take over and mess things up. Charles de Gaulle, as president of France under the Fifth Republic, once said that politics are deemed too important to be considered by mere politicians. The post-World War II structure of the Security Council deeply undermines its potential to defend human rights and to avoid disasters such as the Srebrenica massacre (1995), the aforementioned Rwandan genocide (1994), the Darfur genocide (throughout the first decade of the twenty-first century),… Political interests and alliances are important keys to obtain permission to intervene in such extreme cases. For instance, many countries in the international community are pressuring Russia and China so that they approve a resolution to assist in Syria, a country in a bloody civil war with over 60.000 dead and still counting. The Russian Federation is considered to have major arms and defence interests in the country.

Another form of intervention lately is one justified by the US government over the use of unilateral force in order to promote “democracy and freedom” in a country. This is why there are strict measures of intervention, in order to prevent countries like the USA (Truman doctrine, for example) or the ex-USSR of picking-and-choosing foreign governments according to their interests. Examples of toppled governments all over the world by these two superpowers during the Cold War are an obvious example. Although international law has not stopped them, the concept of reciprocity is more important than many may think because in the near future, all these actions might turn against them.

In any case, after having discussed when interventions are legal or not, what is important to consider is what elements do we need for an intervention to be considered as successful? Examples like the intervention in Iraq and Afghanistan come up as “bad examples”, because the complexity of these countries (in ethnical, religious, economic or social terms) was not taken into consideration and hard power seemed to be the easy and obvious way to resolve it. So, the application of soft power after military threat is over is essential. Security is needed to ensure the application of justice, rule of law and finally, democracy. The empowerment of the country of its own resources and how to manage them is a big step towards stability.

Cecilio Oviedo

Bibliography

Evans, Graham and Newnham, Jeffrey (1998): Dictionary of International Relations (Penguin Books, London)

UN Charter 1945

General Assembly of the United Nations Documents: Resolutions

Rome Statute 1998 (ICC)








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